El helicóptero de ataque ruso Mi-28NM apareció en imágenes recientes con cubiertas de antenas no identificadas instaladas en distintas zonas del fuselaje, una configuración que apunta a una posible modernización de guerra electrónica para enfrentar drones y otras amenazas de radiofrecuencia.
Las imágenes fueron difundidas el 18 de junio de 2026 por el canal ruso TV Zvezda, a partir de material del Ministerio de Defensa de Rusia. En ellas se observa a un Mi-28NM durante un ataque con un misil guiado LMUR en Ucrania, dentro del área de responsabilidad del Grupo de Fuerzas Centro. Más allá de la acción de combate, el elemento relevante es la presencia de nuevas cubiertas en los laterales del morro, en los carenados asociados a las semi-alas y en el botalón de cola.
El Mi-28NM ruso podría incorporar un sistema antidrones basado en guerra electrónica, con antenas distribuidas alrededor del fuselaje para interferir enlaces de control, video o navegación usados por UAV pequeños.
La distribución de esos elementos sugiere un sistema pensado para cubrir varios sectores alrededor de la aeronave, no un sensor aislado orientado hacia delante. Rusia no identificó oficialmente el equipo, por lo que no puede confirmarse su función. Sin embargo, la ubicación de las cubiertas es compatible con un conjunto de contramedidas electrónicas, posiblemente destinado a interferir enlaces de control, transmisión de video, navegación satelital u otros canales usados por drones de pequeño tamaño.
Uno de los detalles visibles es una posible marca “СВЧ” en una de las cubiertas. En terminología técnica rusa, esa sigla suele referirse a “сверхвысокие частоты”, es decir, frecuencias superaltas asociadas a emisiones de microondas y longitudes de onda centimétricas. La inscripción debe interpretarse con cautela, pero esa lectura resulta más precisa que una referencia genérica al espectro UHF.
La presión de los drones obliga a adaptar la defensa del Mi-28NM

La modificación encajaría con la presión operativa que los drones FPV y los vehículos aéreos no tripulados de reconocimiento ejercen sobre plataformas terrestres, artillería, sistemas antiaéreos, nodos logísticos y aeronaves de ala rotatoria. Para un helicóptero que opera cerca del frente o desde puntos avanzados, la amenaza no procede solo de misiles portátiles o radares de defensa antiaérea, sino también de drones baratos capaces de atacar durante despegues, aterrizajes o vuelos a baja altura.
El Mi-28NM es la versión más moderna de la familia Mi-28, designada por la OTAN como Havoc. Deriva del Mi-28N y fue desarrollado con mejoras en sensores, aviónica, empleo de armas guiadas y supervivencia. Mantiene una cabina blindada en tándem, un cañón automático 2A42 de 30 mm bajo el morro y puntos de anclaje para armamento guiado y no guiado. Entre sus armas figura el LMUR, también conocido como Izdeliye 305 o Kh-39, usado para atacar objetivos terrestres fijos o móviles a distancia.
La incorporación de un sistema contra drones ampliaría el paquete defensivo tradicional del helicóptero, basado en alertas de misiles, alertas láser, sensores radar, contramedidas infrarrojas, bengalas, chaff y vuelo a baja cota. Esas defensas siguen siendo necesarias frente a MANPADS, cañones antiaéreos y sistemas guiados por radar, pero no cubren de forma completa la amenaza de drones pequeños que pueden aproximarse desde ángulos poco previsibles.
Un sistema de guerra electrónica embarcado tendría una función de neutralización no cinética. En lugar de destruir físicamente un dron, intentaría cortar o degradar el enlace con el operador, interferir la señal de video, alterar la navegación o afectar la guía de mando. Su eficacia, aun así, sería limitada frente a drones con salto de frecuencia, rutas preprogramadas, navegación autónoma, redes de retransmisión o control por fibra óptica.
Una defensa por capas frente a amenazas de radiofrecuencia

Las nuevas cubiertas deben entenderse como parte de una defensa por capas, no como una protección absoluta. Su valor dependerá de la potencia, cobertura, automatización e integración del sistema con otros sensores del helicóptero, datos que no han sido divulgados. Además, las emisiones electrónicas intensas pueden delatar la posición de la aeronave ante sistemas de apoyo electrónico enemigos.
El caso del Mi-28NM muestra una adaptación rusa a las condiciones de combate en Ucrania. Mientras otros programas de modernización de helicópteros, como el AH-64E Apache o el Tiger MkIII europeo, priorizan conectividad, fusión de sensores y operaciones en red, esta modificación apunta a una necesidad más inmediata: proteger plataformas costosas frente a drones pequeños que operan dentro del espectro electromagnético.
Para Ucrania, una respuesta probable sería continuar el desarrollo de drones menos vulnerables a la interferencia convencional, con enlaces reforzados, frecuencias alternativas, navegación autónoma, retransmisores o fibra óptica. Para las fuerzas que observan la guerra desde fuera, el mensaje operativo es concreto: la supervivencia de los helicópteros de ataque ya no depende solo de blindaje, maniobra, baja altura y alertas de misiles. También exige capacidad de defensa electrónica frente a drones.










