La Armada de Estados Unidos reactivó la Escuadra de Submarinos 3 en la base HMAS Stirling, en Australia Occidental, donde operará como mando avanzado para los despliegues rotativos de submarinos de ataque de propulsión nuclear previstos a partir de 2027.
La unidad, conocida como CSS-3, fue restablecida por el contralmirante Chris Cavanaugh, comandante de la Fuerza de Submarinos de la Flota del Pacífico. El escuadrón había sido dado de baja en febrero de 2012, pero ahora vuelve dentro de una estructura diseñada para sostener operaciones submarinas estadounidenses y británicas bajo el acuerdo AUKUS.
La CSS-3 funcionará en Australia como mando avanzado para apoyar despliegues rotativos de submarinos nucleares de ataque de Estados Unidos y Reino Unido desde 2027.
HMAS Stirling, situada en Garden Island, será una de las bases principales de la llamada Rotational Force-West. Desde allí rotarán submarinos nucleares de ataque de Estados Unidos y Reino Unido, mientras personal australiano adquiere experiencia en operación y mantenimiento antes de que la Real Armada Australiana incorpore sus propias plataformas de propulsión nuclear.
Canberra prevé invertir hasta 8.000 millones de dólares en la ampliación de la base. Su ubicación, próxima a rutas que conectan los océanos Índico y Pacífico, permite reducir tiempos de tránsito hacia áreas de patrulla en el Indo-Pacífico y facilita el apoyo logístico a unidades desplegadas lejos de astilleros estadounidenses.
HMAS Stirling gana peso en la red submarina de AUKUS

Cavanaugh afirmó que la CSS-3 dará mayor capacidad de respuesta a los submarinos y tripulaciones estadounidenses en misiones de disuasión regional. El vicealmirante Rob Gaucher, director de Programas Submarinos, subrayó otro elemento práctico: disponer de mantenimiento orgánico en Australia ayudaría a conservar buques en condiciones operativas y aliviaría parte de la presión sobre los astilleros de Estados Unidos.
Las misiones asociadas a estos despliegues incluirán guerra antisubmarina, vigilancia, inserción de fuerzas especiales e interdicción marítima. En caso de crisis, los submarinos basados en Australia podrían operar contra unidades navales chinas en el Pacífico occidental, incluidas plataformas estratégicas con misiles balísticos.
Esa posibilidad explica parte del interés estadounidense en disponer de un punto de apoyo más cercano al área de operaciones. La reactivación de la CSS-3 acompaña otros movimientos de la Armada estadounidense en el Pacífico, incluida la presencia avanzada de submarinos clase Virginia en Guam.
Submarinos clase Virginia y presión industrial frente a China

En noviembre de 2024 comenzó el despliegue permanente de un submarino de clase Virginia en Guam, otra posición avanzada para operaciones frente a Asia oriental. Los Virginia son la principal clase de submarinos nucleares de ataque de la Armada estadounidense y cada unidad tiene un coste estimado de 4.400 millones de dólares.
El plan contempla una flota de 66 buques, con 43 encargados y varias unidades en construcción, aunque el ritmo de producción sigue condicionado por limitaciones industriales. Ese cuello de botella afecta directamente a la planificación naval estadounidense, ya que la capacidad de construcción de submarinos nucleares cayó tras la Guerra Fría y su recuperación ha sido lenta.
China, en cambio, ha ampliado su infraestructura naval, incluida la expansión del complejo de Huludao y nuevas instalaciones de producción. Pekín opera submarinos nucleares de las clases Tipo 093 y Tipo 094, y trabaja en una nueva generación de plataformas.
La botadura de un primer submarino de ataque Tipo 095 a comienzos de 2026 ha sido presentada como probable, aunque no cuenta con confirmación oficial. El diseño se asocia a mejoras de sigilo, propulsión e hidrodinámica, factores clave en la competencia submarina del Indo-Pacífico.
La instalación de la CSS-3 en Australia suma otro punto de apoyo a la red estadounidense formada por Hawái, Guam y bases aliadas. También acelera la preparación australiana para operar submarinos nucleares bajo AUKUS, en un momento en que la competencia con China depende tanto de la tecnología como de la capacidad industrial para producir, mantener y sostener buques en despliegue.