El VFP-62 usó RF-8A Crusader para verificar misiles soviéticos en Cuba mediante vuelos rasantes, fotografía táctica y análisis acelerado.
Primeros vuelos rasantes del VFP-62 sobre los misiles en Cuba
El 23 de octubre de 1962, a las 09:00 horas, el comandante William Ecker y el teniente Bruce Wilhelmy despegaron de la Estación Aeronaval de Key West en dos Vought RF-8A Crusader. Cruzaron el estrecho de Florida a muy baja altitud sobre el mar y entraron en el espacio aéreo cubano sobre San Cristóbal, a 400 pies de altitud y 500 nudos de velocidad.
Con ese primer vuelo de reconocimiento táctico a baja cota sobre los emplazamientos de misiles balísticos soviéticos R-12 empezó la Operación Blue Moon, después de nueve días de vigilancia exclusiva a gran altitud con aviones Lockheed U-2. El nuevo perfil rasante exigía una unidad capaz de obtener imágenes detalladas en pases veloces sobre objetivos situados en territorio cubano.
Para ese perfil de vuelo, el Escuadrón Fotográfico Ligero 62, VFP-62, que tenía destacamentos a bordo de portaaviones de la Flota del Atlántico como el USS Enterprise y el USS Independence, recibió una reorganización inmediata. La jefatura aeronaval canceló los permisos de la unidad el 19 de octubre y retiró las aeronaves de las cubiertas de vuelo.
Tras esa orden, el VFP-62 concentró a 20 pilotos y 12 aparatos RF-8A en la pista de Boca Chica, a 90 millas de las costas cubanas. La ubicación permitía salidas rápidas hacia los blancos de reconocimiento, mientras la crisis exigía imágenes con mayor resolución que las obtenidas hasta entonces por la vigilancia estratosférica.
Datos operativos clave del despliegue del VFP-62
- El primer vuelo táctico a baja cota se efectuó el 23 de octubre de 1962 desde Key West.
- Los RF-8A entraron sobre San Cristóbal a 400 pies de altitud y 500 nudos de velocidad.
- La Armada concentró 20 pilotos y 12 RF-8A en Boca Chica, a 90 millas de Cuba.
- La Operación Blue Moon empezó tras nueve días de vigilancia exclusiva con Lockheed U-2.
Cámaras del RF-8A y ventajas frente al reconocimiento del U-2
El Vought RF-8A prescindía de los cañones Colt Mk 12 de 20 milímetros y del sistema de control de tiro del caza F-8 estándar, lo que liberaba espacio para equipos de captura óptica. El fuselaje frontal integraba estaciones de cámaras KA-45, KA-30 y K-17, orientadas hacia el frente, la vertical y los perfiles oblicuos.
Estas cámaras podían exponer película de 70 milímetros y 5 pulgadas a una velocidad sincronizada con el desplazamiento sobre el terreno mediante el sistema Image Motion Compensation. Con esa configuración, un solo pase a 500 nudos sobre un objetivo producía un registro fotográfico continuo de costa a costa en menos de cuatro minutos.
Las imágenes permitían identificar detalles como los conectores de cableado de las plataformas de lanzamiento, las lonas sobre los fuselajes de los bombarderos Il-28 y el número exacto de escotillas en los buques mercantes atracados en la bahía del Mariel. Esa precisión justificó el empleo del reconocimiento táctico a baja cota durante la crisis.

La Junta de Jefes de Estado Mayor estadounidense, bajo la dirección del almirante George Anderson, ordenó el despliegue del VFP-62 porque el reconocimiento estratosférico del U-2 tenía límites de resolución para el análisis táctico. El almirante Robert Dennison, comandante en jefe de la Flota del Atlántico, avaló la directiva tras evaluar los riesgos de usar aviones lentos y de gran altitud.
Riesgos antiaéreos y coordinación diaria con los RF-101 Voodoo
El derribo del U-2 pilotado por el mayor Rudolf Anderson el 27 de octubre, a causa de un misil SA-2 Guideline sobre Banes, confirmó la utilidad operativa de asignar la función principal del reconocimiento táctico a los aparatos de baja cota. Los RF-8A volaron por debajo del umbral de adquisición de radares Spoon Rest y sistemas Fan Song.
Además, los Crusader se mantuvieron por debajo del techo operativo óptimo de 15.000 pies establecido para los interceptores MiG-21 Fishbed soviéticos emplazados en la base de Santa Clara. Las salidas diarias se realizaron con formaciones de dos o cuatro aeronaves, distribuidas en abanico sobre blancos de Pinar del Río, La Habana y Matanzas.
La planificación incluía la sincronización de los vectores de aproximación del VFP-62 y las salidas de los McDonnell RF-101 Voodoo del 363.º Ala de Reconocimiento Táctico de la Fuerza Aérea, que partían desde la base de MacDill. Tras cruzar la costa, los pilotos de la Armada activaban los sistemas de grabación panorámica.
La navegación a estima dependía de cronómetros y mapas topográficos, ya que los RF-8A carecían de radares de seguimiento del terreno. Las tropas soviéticas y cubanas respondieron a las pasadas de los Crusader con proyectiles trazadores de 37 y 57 milímetros y armas ligeras; esos impactos perforaron al menos cuatro RF-8A y exigieron maniobras evasivas de alta fuerza G a la altura de los árboles.
Revelado, verificación del repliegue y legado del escuadrón VFP-62
Las instalaciones de revelado fotográfico en la Estación Aeronaval de Jacksonville recibieron el 21 de octubre equipo y emulsiones de alta resolución adicionales del fabricante Eastman Kodak, transportados en aviones de carga C-130 Hercules. Después de cada aterrizaje en Boca Chica, los equipos de tierra extraían los carretes de las bahías del RF-8A en diez minutos.
Los carretes subían a reactores bimotores A-3 Skywarrior configurados para enlace, que los llevaban a Jacksonville para el proceso químico en laboratorios activos durante 24 horas. Después, oficiales de inteligencia usaban helicópteros y aviones de transporte para entregar las latas con positivos en la base Andrews y llevarlas en convoy al NPIC, situado en el edificio Steuart Motors de Washington.
Ese circuito dejaba el ciclo desde la toma de la foto hasta la mesa de los analistas por debajo de las doce horas. El 28 de octubre, el primer ministro soviético Nikita Jrushchov anunció la retirada del armamento ofensivo, por lo que los recursos del VFP-62 pasaron a la auditoría logística del repliegue y a la verificación de los emplazamientos vacíos.

Para esa verificación, los analistas del NPIC usaban las imágenes rasantes de los Crusader con el fin de contar conectores de combustible, comprobar dimensiones de cilindros transportados y calcular la longitud de carcasas sobre tractores. Entre la primera semana de noviembre y el fin del bloqueo naval, el 20 de ese mes, los RF-8A sobrevolaron Los Palacios y Sagua la Grande para documentar el desmontaje de carpas de oxigenación.
Kennedy condecoró al VFP-62 tras la crisis de los misiles
Durante ese ciclo, las cámaras oblicuas de la Armada obtuvieron pruebas concluyentes de cohetes R-12 embalados en cubiertas de buques de carga soviéticos como el Volgoles, el Bratsk y el Kasimov, en su salida de aguas territoriales cubanas hacia el Atlántico. Los pilotos del VFP-62 y de la Fuerza Aérea expusieron más de 160.000 fotogramas durante los 33 días del despliegue.
El 26 de noviembre de 1962, en la pista principal de Boca Chica, el presidente John F. Kennedy entregó la Encomienda de Unidad de la Armada al comandante Ecker y a su escuadrón, primera concesión de esta condecoración institucional a una unidad militar estadounidense activa en tiempos de paz. Después, el escuadrón usó RF-8G en el Sudeste Asiático y el Mediterráneo hasta su desactivación en enero de 1968.
Tras la desactivación, el VFP-62 transfirió sus misiones de reconocimiento óptico a nuevas variantes del F-4 Phantom II y del RA-5C Vigilante. La experiencia de la crisis consolidó el valor de los vuelos rasantes de reconocimiento, el procesamiento rápido de película y la coordinación entre medios navales y aéreos para auditar movimientos estratégicos bajo presión diplomática y militar.