El Mando de Operaciones Especiales de la Fuerza Aérea de Estados Unidos integró la munición de pequeño diámetro GBU-39B en los drones MQ-9 Reaper asignados a la 27.ª Ala de Operaciones Especiales, con base en Cannon, Nuevo México. La modificación fue presentada oficialmente el 19 de mayo de 2026 y busca adaptar estas plataformas a escenarios con defensas antiaéreas más densas.
Según la información disponible, la nueva configuración permite que el MQ-9 Reaper ataque objetivos terrestres desde una distancia mayor, reduciendo su exposición a sistemas antiaéreos de corto y medio alcance. Esta capacidad responde a un entorno operativo en el que las aeronaves no tripuladas deben mantener separación física respecto de las zonas defendidas sin perder precisión en el impacto.
La integración de la GBU-39B amplía el alcance táctico del MQ-9 Reaper al permitir ataques de precisión desde distancias superiores a las habituales con armamento guiado de menor separación, en especial frente a redes de defensa antiaérea más densas.
La GBU-39B aumenta la distancia de ataque del MQ-9 Reaper
El MQ-9 Reaper, desarrollado por General Atomics Aeronautical Systems, fue diseñado inicialmente para misiones de inteligencia, vigilancia, reconocimiento y ataque guiado contra objetivos de alta prioridad temporal. Frente al MQ-1 Predator, el Reaper dispone de mayores dimensiones, más rendimiento motriz y una capacidad total de carga útil de 3.750 libras.

La aeronave utiliza un motor turbohélice Honeywell TPE331-10GD de 900 caballos de fuerza al eje. Tradicionalmente, su configuración de ataque incluía misiles AGM-114 Hellfire y bombas guiadas por láser GBU-12 Paveway II. La incorporación de la GBU-39B Small Diameter Bomb modifica ese perfil al aumentar la distancia máxima entre el dron y el blanco terrestre.
La GBU-39B pesa 285 libras y despliega superficies aerodinámicas tras su lanzamiento. Si se libera desde gran altitud, puede planear una distancia superior a 110 kilómetros. Su tamaño reducido permite instalar varias unidades en una misma plataforma aérea mediante soportes estructurales como el BRU-61/A o el BRU-78 adaptado al MQ-9.
La munición cuenta con navegación inercial asistida por GPS, lo que permite ejecutar ataques de precisión y limitar daños materiales alrededor del objetivo. Según el texto fuente, su ojiva de penetración y fragmentación está concebida para actuar contra estructuras reforzadas, búnkeres, refugios aeronáuticos e instalaciones protegidas.
Mayor supervivencia ante defensas antiaéreas integradas
La programación de la espoleta permite una detonación retardada. De acuerdo con la descripción técnica, la munición puede penetrar más de un metro de hormigón armado antes de iniciar la ignición de su carga explosiva principal. Esta función resulta relevante frente a objetivos protegidos o construcciones endurecidas.

El rendimiento de la GBU-39B se combina con los sensores del MQ-9 Reaper. La aeronave dispone de cámaras diurnas, sensores infrarrojos, designadores láser y radar de apertura sintética para detectar, rastrear y marcar objetivos. La combinación de observación prolongada y ataque de planeo permite ejecutar misiones desde una distancia más segura respecto de interceptores terrestres.
El teniente coronel Joshua Swann, comandante de un escuadrón de MQ-9 de la 27.ª Ala de Operaciones Especiales, señaló que la adopción de la GBU-39B responde a exigencias impuestas por adversarios con redes de defensa antiaérea integradas y sistemas de restricción de acceso de múltiples niveles.
En ese contexto, el MQ-9 Reaper pasa de una función centrada en operaciones antiterroristas dentro de zonas de baja amenaza a una tarea más directa de apoyo a fuerzas especiales en áreas geográficas disputadas. La modificación no se presenta solo como un aumento de potencia destructiva, sino como una adaptación de supervivencia y alcance en escenarios más exigentes.
El MQ-9 Reaper ajusta su función en escenarios disputados
La integración operativa de la GBU-39B en la flota MQ-9 del AFSOC quedó formalizada durante la primavera de 2026. Según el texto, el resultado principal es un aumento comprobable del rango de separación frente a los blancos, junto con una mayor versatilidad en las configuraciones de armamento.

Esta evolución también incrementa la probabilidad de supervivencia del vehículo aéreo no tripulado durante misiones ofensivas. Para el AFSOC, la combinación de sensores persistentes, armamento de precisión y mayor distancia de lanzamiento permite mantener el uso del MQ-9 Reaper en entornos donde la defensa antiaérea representa un riesgo operativo más alto.
La adaptación confirma una tendencia de empleo más amplio para los drones de ataque estadounidenses. En lugar de operar únicamente en espacios aéreos de baja amenaza, el MQ-9 Reaper recibe capacidades destinadas a sostener misiones de precisión y apoyo a operaciones especiales en zonas donde los adversarios disponen de defensas antiaéreas más complejas.