La mayoría de las empresas que integran el índice TA-125 de la Bolsa de Tel Aviv no participa de las ganancias que muestra el indicador. De sus 125 componentes, 70 registran pérdidas desde comienzos de año. Aun así, el TA-125 acumula un avance del 10,9 %, mientras que el TA-35, que reúne a las compañías de mayor tamaño, gana un 16,3 %. Para numerosos inversores, por tanto, la evolución favorable de los índices no coincide con el resultado de sus carteras.
La divergencia se extiende al conjunto de la bolsa israelí. Lior Vider, analista, gestor de carteras y fundador de la consultora Profit Multiplier, contabilizó unas 340 acciones con descensos en lo que va de año, frente a aproximadamente 190 que subieron. La debilidad afecta especialmente a los valores de menor capitalización. El índice TA-90, que incluye empresas más pequeñas que las del TA-35, también ha retrocedido este año.
Las diferencias entre los índices ponderados por capitalización y los que asignan la misma importancia a cada acción permiten dimensionar el fenómeno. Mientras el TA-125 tradicional se revaloriza un 10,9 %, su versión de igual ponderación cae un 1,8 %. El contraste indica que el resultado del índice depende en gran medida de las compañías con más peso, no de una subida extendida entre sus integrantes.
Entre las empresas mencionadas por su distancia respecto de los máximos de las últimas 52 semanas figuran Aryt Industries, Neto Malinda Trading, Israel Shipyards, Alony Hetz, Israel Canada y Electra Consumer Products. Solo cuatro acciones se situaban en máximos anuales, otra señal de que el avance de los índices no se extiende a la mayoría de los valores.
Ese peso está concentrado. Las diez empresas de mayor tamaño representan casi el 47 % del TA-125, una proporción cercana a la de las otras 115 en conjunto. En el TA-35, las diez primeras superan el 60 % de la composición del índice. Vider cuestiona que la compra de estos indicadores equivalga, en la práctica, a repartir la inversión de manera equilibrada entre numerosas compañías de la economía israelí.
Entre los grandes valores que han sostenido las cotizaciones destacan empresas de semiconductores como Tower Semiconductor y Camtek, cuyas acciones han registrado subidas pronunciadas recientemente. Anatoly Zeiman, responsable de valores extranjeros en la Bolsa de Tel Aviv, calcula que cinco compañías explican casi diez puntos porcentuales de los 16,3 que ganó el TA-35 desde principios de año hasta finales de la semana pasada. Entre los nombres citados figuran Tower Semiconductor, Harel, Phoenix Finance y Elbit Systems.
Vider sostiene que el comportamiento de estos títulos disimula la situación de numerosas empresas. Después de una sesión favorable para el TA-35, advirtió que el resultado del indicador ofrecía una impresión de estabilidad difícil de conciliar con las caídas de buena parte del mercado. A su juicio, una subida bursátil sólida requiere que participen compañías de distintos sectores y tamaños, en lugar de depender de un grupo reducido de grandes valores.
Yaniv Pagot, vicepresidente ejecutivo de negociación de la Bolsa de Tel Aviv, interpreta la misma dispersión de resultados de otro modo. Considera natural que las cotizaciones reflejen las distintas condiciones a las que se enfrenta cada empresa. Algunas se benefician del entorno macroeconómico y otras no. Para Pagot, esa diferencia muestra que los inversores distinguen entre actividades y situaciones particulares, y no que el mercado haya dejado de funcionar.
El mercado inmobiliario ilustra su argumento. Las condiciones económicas actuales perjudican a las compañías inmobiliarias y constructoras, pero no todas siguen la misma trayectoria. Pagot cita a Mega Or, controlada por Zahi Nahmias, que se ha diversificado hacia centros de datos y ha conseguido una subida de sus acciones. Esa evolución contrasta con la escasa atracción que despierta en estos momentos el sector inmobiliario dedicado a propiedades que generan ingresos.
Zeiman también relaciona el contraste entre los índices con su composición sectorial. El TA-35 reúne bancos, aseguradoras y grandes empresas tecnológicas que pueden beneficiarse de las condiciones actuales o, al menos, mostrar menor sensibilidad a las subidas de los tipos de interés locales. En el TA-90 tienen más presencia actividades sensibles al coste del dinero, como el sector inmobiliario y las energías renovables. Esa distribución ayuda a explicar por qué los indicadores presentan resultados tan distintos.
Pagot añade otro factor: el destino de las inversiones pasivas. Los fondos que replican índices ponderados dirigen una proporción mayor de sus recursos a las compañías que ya tienen más peso. Cuanto más dinero reciben esos productos, mayor es la demanda relativa de las acciones grandes, mientras los valores pequeños captan una parte menor. Según su explicación, ese mecanismo refuerza la distancia entre las empresas líderes y el resto.
Vider observa un comportamiento comparable en Estados Unidos. Las diez empresas de mayor tamaño del S&P 500, encabezadas por grandes compañías tecnológicas y vinculadas a la inteligencia artificial, concentran alrededor del 35 % del índice. La diferencia de rendimiento entre el S&P 500 tradicional y su versión de igual ponderación muestra que tampoco allí las subidas alcanzan por igual a todas las acciones.
Sin embargo, Vider distingue ambos mercados. En Wall Street, la concentración gira alrededor de grandes empresas internacionales con beneficios elevados. En Tel Aviv, donde la liquidez es menor, la llegada de capital a unas pocas compañías puede dejar al resto con menos compradores y una presión vendedora considerable. Para el gestor, esta circunstancia crea el riesgo de que los índices oculten una tendencia bajista que quedaría expuesta si los principales valores interrumpieran sus avances.
Pagot menciona otras dos fuerzas que influyen en el mercado estadounidense: el desarrollo de la inteligencia artificial, que beneficia a determinadas empresas y perjudica las expectativas de otras, y el rendimiento de los bonos. Plantea que, si la deuda estadounidense a diez años ofrece una rentabilidad superior al 5,3 %, diversos sectores pierden atractivo para el inversor frente a la posibilidad de obtener esa remuneración mediante bonos.
La interpretación de estos datos también divide las opiniones sobre la inversión en índices. Vider advierte que una cartera vinculada al TA-125 o al TA-35 puede tener una exposición mucho mayor a determinadas empresas de la que sugiere el número de componentes. En su opinión, la concentración de las ganancias pone en entredicho la idea de que el inversor obtiene una diversificación amplia por el solo hecho de comprar un índice.
Pagot, que también administra inversiones de forma activa, defiende la alternativa de los índices generales. Sostiene que superar el rendimiento de un indicador de referencia como el TA-125 es difícil incluso para los profesionales. A su entender, la inversión indexada evita decisiones emocionales, como vender una acción solo porque su cotización ha subido mucho, y ofrece a quienes no saben seleccionar títulos una manera de distribuir sus inversiones. Señala que el TA-125 continúa en positivo pese a que 70 de sus 125 empresas muestran pérdidas en el año.










