La actuación del director del Shin Bet, David Zini, ante la investigación sobre posibles injerencias extranjeras en las elecciones israelíes ha provocado críticas de personas del entorno del primer ministro Benjamín Netanyahu. Algunos de esos allegados expresaron sorpresa y enojo por la conducta del responsable del servicio de seguridad, al que atribuyen una actitud débil frente a las presiones internas.
La oficina de Netanyahu, sin embargo, rechazó que el primer ministro esté enfadado con Zini. En su respuesta, afirmó: “El primer ministro no está enojado con el jefe del Shin Bet, Zini. Espera que haga lo que le corresponde conforme a la ley para proteger la democracia israelí frente a la injerencia extranjera”.
Uno de los motivos de las críticas es un video en el que Zini aparece junto al presidente de la Comisión Electoral Central, el juez Noam Solberg. Los allegados al primer ministro cuestionaron su actitud mientras el magistrado exponía la posición de que, incluso si se confirmaran las sospechas investigadas, eso no invalidaría la integridad de los resultados electorales en su conjunto. Describieron a Zini como alguien que parecía “un rehén”, sentado y con gestos de asentimiento.
Esas personas sostienen que existe una diferencia considerable entre lo que Zini habría expresado a Solberg en privado, así como en conversaciones fuera del ámbito público, y lo que finalmente quedó reflejado en la comparecencia. Su crítica se extiende a decisiones anteriores del director del Shin Bet, especialmente a su relación con el asesor jurídico del organismo.
La controversia también está relacionada con declaraciones atribuidas a Zini en las que habría manifestado a personas cercanas que tenía las manos atadas frente al asesor jurídico del Shin Bet, quien, de acuerdo con esa versión, actuaba en coordinación con la fiscal general. Esos comentarios habían sido difundidos la noche anterior.
Entre los reproches formulados por las fuentes del entorno de Netanyahu figura que Zini no apartó de inmediato al asesor jurídico del servicio, al que describen como una figura vinculada al anterior jefe del Shin Bet, Ronen Bar. También recordaron informaciones sobre tres jefes de división que supuestamente se resistían a su autoridad. En opinión de esas fuentes, Zini no ha impuesto su criterio frente a tales situaciones.
Los críticos argumentan que ciertas medidas resultan más difíciles de aplicar si no se adoptan al comienzo de una gestión. Por ese motivo, expresaron preocupación por la posibilidad de que la investigación electoral pierda impulso, como afirman que ocurrió en las controversias sobre programas de espionaje y sobre la fiscal militar.
Las acusaciones de debilidad y las dudas sobre el desarrollo de la investigación proceden de las personas citadas del entorno del primer ministro. La posición oficial de la oficina de Netanyahu se limita a negar su supuesto enojo con Zini y a exigir que cumpla las obligaciones legales de su cargo ante cualquier intervención extranjera.










