Avigdor Liberman, presidente de Yisrael Beytenu, ha dejado abierta la posibilidad de colaborar con los partidos haredíes después de dedicar buena parte de su campaña electoral a exigir que quedaran fuera del próximo gobierno. En una conversación con periodistas celebrada este lunes 2 de noviembre, evitó repetir el rechazo categórico que había expresado pocos días antes de las elecciones israelíes.
Al preguntársele si aceptaría cooperar con esas formaciones, respondió: “Ya veremos cómo evolucionan las cosas”. Tampoco sostuvo que la próxima coalición deba aprobar inmediatamente la ley de reclutamiento general que había colocado entre sus principales compromisos electorales. En su nueva valoración, aprobar esa ley “no es realista en la situación actual”.

El cambio de lenguaje contrasta con la posición que defendió incluso después de las votaciones. Liberman había asegurado que Yisrael Beytenu no compartiría gobierno con Shas ni con Judaísmo Unido de la Torá y que la primera ley del próximo Ejecutivo debía establecer obligaciones de servicio militar o civil para todos.
La declaración de este lunes no constituye un acuerdo de coalición ni un anuncio de incorporación de los haredíes a un gobierno. Por ahora, se trata de la negativa de Liberman a excluir formalmente una posibilidad que antes había descartado. Ese matiz resulta especialmente relevante por las promesas concretas que había hecho a sus votantes.
Liberman coloca su oposición a Netanyahu por encima de otros vetos
El periodista Abraham Hasson, del Canal 14, le pidió ordenar cuatro compromisos electorales: no gobernar con Benjamín Netanyahu, no sostener un gobierno minoritario, no entrar en una coalición con partidos árabes y no sentarse con las formaciones haredíes. Liberman reservó los dos primeros lugares para su rechazo a Netanyahu y a un gobierno minoritario.
“En lo más alto de la lista: no sentarse con Netanyahu ni formar parte de un gobierno minoritario”, contestó. No otorgó el mismo nivel de prioridad a la exclusión de Shas, Judaísmo Unido de la Torá y los partidos árabes. La respuesta permite identificar qué condiciones considera innegociables en este momento, aunque no establece cuáles serán sus decisiones definitivas.

Durante la campaña, la distribución de prioridades había sido presentada de otra manera. El partido utilizó el lema “100 % para los soldados, 0 % para quienes eluden el servicio” y prometió acabar con las exenciones de reclutamiento. El proyecto comprendía el servicio militar o civil obligatorio para hombres y mujeres jóvenes, sin cuotas de exención, y la imposición de sanciones a quienes no cumplieran.
Otra parte de la propuesta reservaba los beneficios públicos a las personas que prestaran servicio. El día anterior a la elección, Liberman insistió en que todos deberían incorporarse al ejército o al servicio civil, compartir las obligaciones y recibir el mismo trato ante la ley. Menos de una semana después, el dirigente ya considera inviable convertir ese programa en la primera ley del nuevo gobierno.

Las promesas de octubre que ahora quedan sin una respuesta definitiva
El 15 de octubre, Liberman describió una futura coalición integrada únicamente por partidos sionistas y excluyó por nombre a Raam, la Lista Conjunta, Shas y Judaísmo Unido de la Torá. Durante un encuentro del Instituto Israelí de Democracia defendió también la formación de un Ejecutivo con el Likud, siempre que Netanyahu no estuviera al frente, y sin participación de los partidos haredíes.
Tras las elecciones reiteró que no gobernaría con “Bibi”, “Tibi”, Goldknopf ni Deri, ni de forma directa ni indirecta. En mayo ya había advertido a otros dirigentes de su bloque que aceptar una coalición con Shas y Judaísmo Unido de la Torá equivaldría a renunciar a la participación de Yisrael Beytenu. Esas afirmaciones muestran que el veto no había sido una observación ocasional.
Liberman vinculó repetidamente el rechazo a la negociación sobre el reclutamiento. Argumentó que un gobierno integrado por Netanyahu y los dirigentes haredíes no conseguiría incorporar ni a un solo soldado adicional y criticó las exenciones que, en su opinión, impedirían aplicar la obligación de servicio a toda la población.

La oposición a Shas y Judaísmo Unido de la Torá se había extendido a otras cuestiones religiosas y sociales. En una entrevista de septiembre de 2026 pidió mantenerlas fuera del Ejecutivo durante dos legislaturas y las calificó de “partidos racistas”. También las comparó con los talibanes por la ausencia de mujeres en sus listas electorales.
Las medidas que proponía contra quienes evitaran el reclutamiento comprendían la pérdida de prestaciones, descuentos y subvenciones para guarderías, restricciones para trabajar en la administración pública y la retirada de financiación al centro de estudios correspondiente. El dirigente había asegurado que no haría concesiones en los asuntos relacionados con religión y Estado.
De la amenaza de prisión a la comparación con los talibanes
Las expresiones de Liberman contra los líderes haredíes preceden a la última campaña. En diciembre de 2025 afirmó que la concepción política haredí era contraria al judaísmo y la relacionó con el “honor, el dinero y el poder”. En cuanto al servicio militar, manifestó que no estaba dispuesto a ceder “ni un milímetro”.
Cuando se le preguntó cómo actuaría el Estado ante la negativa de decenas de miles de haredíes a incorporarse a filas, respondió que habría plazas de detención y mencionó Sde Teiman como ejemplo de instalaciones donde podrían ser encarcelados. La referencia fue una declaración suya dentro del debate sobre el reclutamiento, no una medida aprobada.

En marzo de 2024 también había reclamado sanciones penales y civiles contra las personas que rechazaran cumplir el servicio. Entre las consecuencias que defendía estaban los antecedentes penales, la suspensión de subsidios y las restricciones para salir del país o acceder a puestos de la administración. Sostuvo entonces que esa política solo podría aplicarse “por la fuerza”.
En la misma etapa acusó a los dirigentes haredíes de mantener a sus comunidades dependientes de subsidios y fondos de ayuda para conservar su influencia electoral. Sus ataques no se limitaron a las reglas del reclutamiento: cuestionaron el funcionamiento político y económico de Shas y Judaísmo Unido de la Torá.
En 2022 ya había descrito a ambas organizaciones como “partidos racistas” y había acusado a sus dirigentes de perseguir dinero y prestigio. Al mismo tiempo, pidió a los partidos opositores que no dejaran abierta una vía de negociación futura con ellas.

El comentario sobre el basurero que marcó su enfrentamiento político
Uno de los episodios más recordados ocurrió antes de las elecciones de 2021. Cuando le preguntaron si admitiría a los partidos haredíes en una coalición después de la salida de Netanyahu, Liberman respondió que enviaría “a los haredíes junto con Bibi, en una sola carretilla, a un buen basurero”.
Los diputados haredíes denunciaron aquellas palabras como incitación y antisemitismo y reclamaron la intervención de las autoridades. El comentario quedó como uno de los ejemplos de la dureza con la que Liberman rechazaba cualquier alianza política con sus dirigentes.
En el periodo de la pandemia de coronavirus también utilizó la expresión “intifada haredí” para referirse a incumplimientos de las restricciones sanitarias en Bnei Brak, Beit Shemesh y Ashdod. Atribuyó la responsabilidad a los operadores políticos de Shas y Judaísmo Unido de la Torá y afirmó que su comunidad estaba cautiva de ellos.

El rechazo alcanzó asimismo a las negociaciones de gobierno de octubre de 2021. Tras la formación del Ejecutivo de Naftali Bennett y Yair Lapid, Liberman advirtió que Yisrael Beytenu abandonaría la coalición si entraban Shas o Judaísmo Unido de la Torá. También rechazó compartir gabinete con Netanyahu, Moshe Gafni, Yaakov Litzman y Aryeh Deri.
Liberman ya gobernó junto a los haredíes antes de romper con ellos
La ruptura, sin embargo, no define toda su trayectoria. Yisrael Beytenu formó parte del gobierno de Netanyahu establecido en 2009, en el que también participaron Shas y Judaísmo Unido de la Torá. En 2016 Liberman volvió a incorporarse a un Ejecutivo encabezado por Netanyahu, que incluía a esas dos formaciones, y asumió el Ministerio de Defensa.
La confrontación pasó a ocupar un lugar central después de las elecciones de abril de 2019. El bloque de derecha y partidos haredíes había conseguido 65 escaños, pero necesitaba los cinco de Yisrael Beytenu para formar gobierno. Las diferencias sobre la ley de reclutamiento impidieron cerrar el acuerdo.

A partir de aquel episodio, Liberman convirtió la exclusión de los partidos haredíes en una propuesta que abarcaba más asuntos que el servicio militar. Cuestionó su influencia en el financiamiento de las yeshivás, las normas sobre el Shabat, el matrimonio, las conversiones y la enseñanza.
En la campaña siguiente defendió un gobierno de unidad integrado por el Likud, Azul y Blanco y Yisrael Beytenu, sin Shas ni Judaísmo Unido de la Torá. En noviembre de 2019 fijó cinco condiciones para sumarse a cualquier coalición: una ley de reclutamiento en los términos que exigía, derogación de la ley de comercios, transporte público durante el Shabat, matrimonio civil y enseñanza obligatoria de materias básicas en las escuelas haredíes.

Las políticas económicas también formaron parte del enfrentamiento
Durante su etapa como ministro de Finanzas en el gobierno Bennett-Lapid, Liberman impulsó cambios en la financiación de guarderías. Su propuesta condicionaba la subvención a que ambos progenitores trabajaran o cursaran estudios orientados al empleo, una modificación que podía dejar sin esa ayuda a unos 21.000 niños de familias de estudiantes de yeshivá.
El Tribunal Supremo aplazó la aplicación de aquel plan hasta el siguiente curso escolar. Liberman criticó la decisión y sostuvo que perjudicaba a quienes prestaban servicio militar, trabajaban y pagaban impuestos.

En esa etapa se estableció además un impuesto sobre productos desechables, de uso frecuente en las comunidades haredíes. El ministro defendió la iniciativa por motivos ambientales, mientras los partidos haredíes la consideraron una carga económica dirigida contra sus familias.
El programa actual de Yisrael Beytenu continúa con propuestas de eliminar subsidios a estudiantes de yeshivá, condicionar la financiación escolar a la enseñanza completa de materias básicas, habilitar transporte público en Shabat, introducir el matrimonio civil y abrir el mercado de certificación kosher a la competencia.
La cuestión inmediata no es que Liberman haya pactado con los partidos haredíes, pues no ha anunciado tal acuerdo, sino que su respuesta de este lunes deja de excluir una cooperación que durante años había calificado de inaceptable. Al mismo tiempo, su promesa de impulsar una ley de reclutamiento como primera medida del próximo Ejecutivo ha dejado de figurar entre los compromisos que considera realizables en las circunstancias actuales.










