Una israelí viajó especialmente desde Atlanta para votar en las elecciones de Israel, pese a que lleva cuatro décadas fuera del país. En un video difundido en X explica que nunca antes había viajado para participar en una votación. “No vivo en el país desde hace 40 años y esta es la primera vez que vengo a votar”, afirma. Después añade: “La situación es terrible. Este es mi hogar”.
La declaración plantea una cuestión que va más allá de su caso personal: el derecho de quienes se marcharon hace décadas a intervenir en las decisiones políticas que afectan directamente a quienes permanecieron en Israel. Una persona puede conservar la ciudadanía, los vínculos familiares y el sentimiento de pertenencia sin compartir las condiciones de vida de los residentes.
Para los ciudadanos que viven en Israel, elegir un gobierno significa también afrontar las consecuencias de sus decisiones. La seguridad personal, el costo de la vida, los impuestos, la atención sanitaria y las perspectivas de sus familias dependen de la realidad política del país. Esa experiencia cotidiana es distinta de la de quienes siguen los acontecimientos desde el extranjero.
Los israelíes establecidos fuera del país pueden preocuparse por sus familiares, mantener una relación estrecha con Israel y considerarlo su hogar. La cuestión es si esa vinculación ofrece la misma perspectiva sobre las necesidades del país que la experiencia de vivir allí y asumir directamente las consecuencias de las políticas públicas.
Quien reside en el extranjero puede participar en la elección del próximo gobierno sin experimentar después la misma realidad cotidiana que los ciudadanos residentes. Ambos votos tienen idéntico valor, pero las circunstancias de quienes los emiten son diferentes.
“Este es mi hogar” expresa un vínculo personal con Israel. También deja abierta una pregunta sobre lo que significa pertenecer a un país: ¿basta con sentirse parte de él o importa, además, vivir allí y asumir las consecuencias de las decisiones colectivas? El caso de la votante llegada de Atlanta sitúa esa diferencia en el debate sobre las elecciones.










