La amplia movilización de votantes árabes durante las elecciones israelíes responde a un objetivo político que sus dirigentes han formulado abiertamente: conseguir peso suficiente en la próxima Knéset para influir en la formación del Gobierno. Los partidos y sus activistas presentan esta votación como una “batalla existencial” y “la madre de todas las batallas”, expresiones con las que buscan impulsar la participación.
Mansour Abbas, presidente de Ra”am, ha precisado cuál es el resultado que desea obtener. “Hoy es el día del cambio. Queremos dejar a la derecha en la oposición, no por un año, ni por dos, ni por tres, sino por cuatro años. Ese es el objetivo”, declaró. Sus palabras sitúan la composición del próximo Gobierno en el centro de la campaña de movilización electoral.
La afluencia observada durante la primera mitad de la jornada coincide con lo que había prometido Ahmad Tibi: una asistencia masiva de los árabes a las urnas. Rahat, Tel Sheva y Segev Shalom, localidades del Néguev vinculadas a los bastiones del movimiento islámico, registran una elevada participación. Entre sus votantes también se percibe una marcada conciencia de la importancia de estas elecciones.
El esfuerzo de movilización comenzó semanas antes de la apertura de los centros electorales. La actividad de este día refleja una convocatoria amplia y organizada, con una finalidad política definida, y no una concentración ocasional de electores en unas pocas localidades. La participación en estos bastiones muestra que los llamamientos de los dirigentes árabes han encontrado respuesta.
Al mediodía, los partidos árabes afrontan la jornada con optimismo ante la respuesta de sus electores y la actividad desplegada sobre el terreno. Sus dirigentes consideran que cada voto puede ser decisivo para la distribución del poder político y para la composición del futuro Gobierno israelí.










