El presidente de Israel, Isaac Herzog, prevé encomendar el próximo domingo la formación del nuevo Gobierno, tras concluir este jueves dos jornadas de consultas con las 12 facciones elegidas para la 26.ª Knéset. El Likud fue el último partido en acudir a la residencia presidencial en Jerusalén y recomendó a Benjamin Netanyahu. Sin embargo, el reparto de apoyos deja a Gadi Eisenkot por delante del primer ministro saliente.

Seis formaciones pidieron a Herzog que encargue la formación del Ejecutivo a Eisenkot, presidente de Yashar: Israel Beiteinu, Los Demócratas, Raam, la Lista Conjunta, Beyajad y el propio Yashar. En conjunto representan 67 diputados. Netanyahu obtuvo 46 recomendaciones de cinco partidos: Likud, Shas, Sionismo Religioso, Otzma Yehudit y Zehut, encabezado por Moshe Feiglin. Judaísmo Unido de la Torá fue la única facción que no respaldó a ninguno de los candidatos.
La ventaja de Eisenkot en las recomendaciones no resuelve por sí sola la formación de una mayoría de Gobierno. Israel Beiteinu apoyó su candidatura, pero sus representantes rechazaron participar en una coalición con la Lista Conjunta. Esta última formación, que también recomendó a Eisenkot, explicó su decisión como una manera de impedir el regreso de Netanyahu al poder, pese a las diferencias que mantiene con el dirigente de Yashar.
Herzog reconoció esa dificultad al término de las reuniones. Aunque calificó de aparentemente claros los resultados de las consultas, advirtió que su responsabilidad legal consiste en evaluar quién tiene posibilidades reales de formar Gobierno. Los vetos entre partidos, incluso dentro de los bloques, complican ese cálculo. Para examinar las alternativas, anunció que mantendrá conversaciones individuales con algunos líderes partidarios antes de tomar su decisión el domingo.
El presidente describió las reuniones como abiertas, sinceras y en ocasiones duras. Explicó que había formulado preguntas difíciles para animar a los dirigentes y a la sociedad a considerar opciones distintas. Durante los dos días de encuentros surgieron discrepancias sobre el reclutamiento de los haredíes, las sospechas de intentos de interferir en las elecciones y la participación de los partidos árabes en la vida parlamentaria y en posibles coaliciones.

Entre los representantes de Sionismo Religioso, la ministra Orit Strook expresó su oposición a que los partidos árabes formen parte del Gobierno y sostuvo que tampoco debían participar en determinados procesos parlamentarios. Por otra parte, en la reunión de Otzma Yehudit, el ministro Yitzhak Wasserlauf pidió a Herzog que exigiera a todos los partidos que recomienden un candidato una declaración expresa de que Hamás es una organización terrorista.
Wasserlauf planteó además acusaciones sobre posibles irregularidades e intentos de alterar los resultados electorales. Moshe Feiglin, de Zehut, también presentó ante el presidente sospechas de manipulación en las urnas. Las intervenciones se produjeron dentro de la ronda de consultas y no constituyen, por sí mismas, una constatación de fraude.
Los representantes de Judaísmo Unido de la Torá centraron sus planteamientos en la futura ley de reclutamiento militar y en la situación de los estudiantes de las academias religiosas. El partido evitó recomendar un candidato, lo que dejó sus escaños fuera de los dos totales de apoyo comunicados al término de la ronda.

El candidato que reciba el encargo presidencial dispondrá de 28 días para intentar constituir un Gobierno. Herzog podrá ampliar ese plazo hasta 14 días adicionales. Si no logra reunir una coalición, el presidente tendrá la opción de encomendar la tarea a otro diputado, que contará con 28 días sin posibilidad de prórroga.
Si fracasa también el segundo intento, el presidente podrá declarar que no ve una vía para formar Gobierno. A partir de ese momento, la mayoría de los diputados tendrá 21 días para solicitar que el encargo recaiga en otro parlamentario que cuente con su respaldo. Ese tercer candidato dispondrá de 14 días. Si no se presenta tal solicitud o tampoco logra constituirse un Ejecutivo, la Knéset se disolverá y se celebrarán nuevas elecciones.










