Al menos 27 vuelos resultaron afectados este jueves por falsas amenazas de bomba en distintos puntos de Europa, desde Irlanda hasta Bulgaria. Es la segunda oleada de avisos de esta clase en una semana. Algunos aviones tuvieron que aterrizar en aeropuertos distintos de los previstos y otros fueron interceptados o escoltados por cazas militares.
Ningún país ha atribuido la autoría de estas amenazas. Sin embargo, los incidentes coinciden con una serie de acusaciones de responsables europeos contra Rusia por presuntas operaciones de sabotaje y ataques híbridos. Estas acciones suelen requerir pocos recursos, permiten ocultar con facilidad a sus responsables y, por lo general, no provocan una respuesta armada.
Dinamarca, Polonia y Rumanía figuran entre los países afectados por las alteraciones de los vuelos de este jueves. Los tres habían acusado anteriormente a Moscú de otras acciones. Alemania también responsabilizó a Rusia de un ataque contra el aeropuerto de Leipzig en agosto. El Reino Unido ha formulado acusaciones anteriores contra Rusia, aunque vinculó a Irán con un supuesto plan para atacar una base aérea estadounidense. Rusia e Irán niegan cualquier participación en las acciones que se les atribuyen.
Eric Schouten, responsable de Dyami, un grupo especializado en seguridad de la aviación, considera que la sucesión de incidentes obliga a contemplar la posibilidad de una campaña de guerra híbrida. Destaca que la mayoría de los países alcanzados por estas amenazas respaldan a Ucrania frente a la invasión rusa.
Schouten plantea que una campaña de este tipo podría atacar simultáneamente distintas actividades civiles e infraestructuras. Entre los ámbitos que menciona se encuentran los ferrocarriles, los supermercados, los bancos de sangre, el suministro energético, internet y la aviación. Su planteamiento apunta a Rusia como posible actor en ese escenario, pero no constituye una atribución de las falsas alarmas aéreas de este jueves.










