El ataque contra una iglesia ortodoxa griega en Jordania dejó nueve muertos y cerca de 40 heridos, de acuerdo con el balance actualizado el sábado 24 de octubre. Los disparos ocurrieron el viernes durante un funeral en la localidad de Hammoud, en la gobernación de Karak, a unos 90 kilómetros al sur de Amán. Entre quienes sobrevivieron hubo personas que tuvieron que arrastrarse por el suelo para escapar de los hombres armados.
Las autoridades jordanas calificaron lo ocurrido como un acto terrorista, aunque no habían identificado el motivo ni responsabilizado a ningún grupo armado. Tampoco existía una reivindicación del ataque. La zona de Karak alberga una comunidad cristiana minoritaria.
El rey Abdalá II ordenó actuar con “puño de hierro” contra quienes describió como transgresores del islam y contra cualquiera que intentara perjudicar la unidad del pueblo jordano. La orden se produjo después de que tres atacantes encapuchados abrieran fuego contra las personas congregadas para la ceremonia.

Saed al-Halaseh, uno de los supervivientes, recordó que varios asistentes conversaban en el exterior del templo cuando oyeron un ruido parecido al de un motor que fallaba. Entonces aparecieron tres hombres enmascarados con armas automáticas y dispararon sin distinguir entre las personas que tenían enfrente. Algunas de las víctimas recibieron disparos en la cabeza o la espalda mientras intentaban escapar.
Al-Halaseh se echó al suelo y logró ocultarse detrás de un automóvil cercano. Atribuyó a esa maniobra el hecho de haber sobrevivido. Desde su refugio presenció cómo los agresores regresaban para disparar otra vez a quienes ya estaban heridos. Después se colocaron frente al edificio y también dispararon contra la fachada de la iglesia.

Para el testigo, el atentado ha destruido la sensación de seguridad con la que había crecido. Al-Halaseh describió a Jordania, y especialmente a Karak, como un ejemplo de convivencia religiosa. Esa percepción contrasta con los testimonios de visitantes judíos israelíes que han denunciado prohibiciones de las autoridades jordanas para entrar al país con objetos religiosos, entre ellos los tefilín y el talit.
El superviviente insistió en que las personas atacadas únicamente habían acudido a un funeral y dijo no comprender qué podían pretender los agresores. Consideró que ninguna religión podría justificar lo sucedido y describió la agresión como una masacre.










