Irán ha amenazado directamente a varios países europeos con ataques de misiles si permiten que Estados Unidos utilice sus bases militares para lanzar una nueva ofensiva contra territorio iraní. Italia y Alemania figuran entre los países señalados por parlamentarios de Teherán, que han endurecido sus advertencias ante la posibilidad de que el presidente Donald Trump ordene nuevas operaciones militares.
Las declaraciones representan un cambio respecto de las amenazas anteriores. Las autoridades iraníes habían advertido repetidamente que extenderían la guerra si continuaban las acciones contra su territorio, pero ahora identifican a países concretos y vinculan las posibles represalias con el uso de instalaciones militares estadounidenses en Europa.
La presión pretende impedir que los gobiernos europeos faciliten una nueva campaña contra Irán. Teherán considera que cualquier base desde la que se ejecuten ataques contra su territorio constituye un objetivo militar legítimo, independientemente del país donde se encuentre. De este modo, busca que los aliados de Washington tengan que valorar el riesgo de sufrir represalias antes de autorizar el empleo de sus instalaciones.

Ahmad Bakhshayesh Ardestani, integrante de la Comisión de Seguridad Nacional del Parlamento iraní, sostuvo que varios países europeos «ya habían estado en guerra con Irán» durante la etapa anterior de la guerra porque permitieron que sus bases fueran utilizadas para operaciones militares. Desde esa perspectiva, un gobierno que autoriza el uso de su territorio para atacar a Irán deja de ser neutral y participa en las hostilidades, por lo que se expone a una respuesta directa.
El parlamentario Kamran Ghazanfari amplió el alcance de las advertencias. Aseguró que una nueva ofensiva estadounidense desde bases situadas en países árabes podría provocar ataques iraníes contra instalaciones y medios militares de Estados Unidos en Europa. También planteó la posibilidad de represalias contra objetivos situados en territorio estadounidense.
La capacidad de Irán para ejecutar ataques a grandes distancias adquirió una nueva dimensión en marzo de 2026, cuando lanzó dos misiles balísticos de alcance intermedio contra la base conjunta británico-estadounidense de Diego García, situada a unos 4.000 kilómetros de su territorio. La operación demostró que el arsenal iraní podía alcanzar objetivos considerablemente más alejados de lo que indicaban los límites establecidos oficialmente por Teherán.

El Khorramshahr, uno de los misiles balísticos iraníes, tiene un alcance declarado de aproximadamente 2.000 kilómetros. El Emad puede recorrer alrededor de 1.700 kilómetros. Estas distancias permiten situar entre sus posibles objetivos a Bulgaria, Rumanía, Grecia y Chipre sin necesidad de desarrollar nuevas versiones de ambos sistemas. En cambio, alcanzar ciudades como Berlín, París o Londres exigiría armamento de mayor alcance, cuya disponibilidad operativa Irán todavía no ha reconocido públicamente.
El lanzamiento contra Diego García también puso en cuestión una de las restricciones que durante años había establecido el muerto líder supremo Alí Jameneí. Su política oficial fijaba en 2.000 kilómetros el alcance máximo de los misiles iraníes. Sin embargo, el ataque de marzo reveló que el país había desarrollado de manera encubierta capacidades que casi duplicaban ese límite. Con Mojtaba Jameneí al frente de la República Islámica, aquella restricción doctrinal ya no constituye un impedimento para impulsar programas de mayor alcance.
Pese a estas capacidades, el gobierno británico no considera que exista una amenaza inmediata de ataques iraníes contra Europa. El ministro Steve Reed declaró a la BBC que «no existe ninguna evaluación que respalde» la afirmación de que Irán tenga actualmente objetivos europeos bajo amenaza de ataque. Precisó que los servicios de inteligencia tampoco han identificado indicios de preparativos activos para ejecutar esas operaciones.

La posición británica coincide con la cautela de otros gobiernos europeos, que reconocen el peligro potencial de una ampliación de la guerra, pero procuran evitar una reacción alarmista que contribuya a intensificar las hostilidades. La OTAN, por su parte, ha reiterado que está preparada para defender a todos sus integrantes. La Alianza cuenta además con el antecedente de cuatro interceptaciones de misiles balísticos iraníes que se dirigían hacia Turquía a principios de 2026, operaciones que considera una demostración de la capacidad de sus defensas antiaéreas.
Las nuevas amenazas llegan en un momento político especialmente relevante para Washington. Trump había considerado la posibilidad de ejecutar una campaña militar «breve e intensa» antes de las elecciones legislativas de mitad de mandato celebradas el martes. Una vez concluidos los comicios, el presidente estadounidense dispone de mayor margen político para decidir si reanuda los ataques contra Irán.
Teherán, entretanto, combina las advertencias militares con propuestas que permiten mantener abierta una negociación. El presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, afirmó que su país había presentado a Washington una «respuesta firme y racional» y que ahora correspondía a Estados Unidos decidir cómo actuar. Su declaración adoptó un tono menos confrontativo que el de los parlamentarios que amenazaron directamente a los países europeos.

Ambas posiciones responden a un mismo propósito: disuadir a Washington de emprender nuevas operaciones militares sin descartar un acuerdo que permita evitar otra fase de enfrentamientos. Mientras algunos representantes iraníes anuncian represalias contra los aliados estadounidenses, la presidencia del Parlamento deja abierta la posibilidad de una salida diplomática.
El estrecho de Ormuz constituye otro elemento de esa negociación. El secretario del Consejo de Seguridad Nacional, Rezaei, calificó de «poco convincente» la respuesta estadounidense a las condiciones establecidas por Irán para reabrir la vía marítima. Advirtió que las restricciones al tránsito no se flexibilizarán mientras Washington no acepte íntegramente las exigencias de Teherán.
Las amenazas contra Italia, Alemania y otros países europeos tienen, por tanto, una finalidad disuasoria. El objetivo inmediato de Irán no sería bombardear Roma, sino conseguir que los gobiernos europeos consideren demasiado peligroso conceder a Estados Unidos autorización para utilizar sus instalaciones militares. Para que esa presión resulte eficaz, los aliados de Washington deben creer que Teherán tiene tanto la capacidad como la voluntad de ejecutar los ataques anunciados.
El riesgo de que esas advertencias se conviertan en operaciones militares concretas dependerá de las decisiones que adopte el gobierno estadounidense durante los próximos días. Una nueva ofensiva contra Irán podría extender las hostilidades a territorios europeos que hasta ahora han procurado mantenerse al margen del enfrentamiento directo.










