La inteligencia estadounidense estima que el nuevo líder iraní muestra mayor interés que su padre en desarrollar armamento nuclear avanzado y proteger sus equipos.
La inteligencia atribuye a Mojtaba una postura nuclear más dura
Estados Unidos considera que el nuevo líder supremo de Irán, el ayatolá Mojtaba Jameneí, tiene un interés mucho mayor que su padre y predecesor en obtener un arma atómica, según funcionarios informados sobre diversas evaluaciones de inteligencia. Alí Jameneí murió al inicio de la guerra a causa de un ataque israelí respaldado por la inteligencia estadounidense. Durante su mandato había renunciado a crear este tipo de armamento, y muchos funcionarios consideraban sinceras sus reservas, aunque Irán preservaba su capacidad de fabricación.
Mojtaba Jameneí nunca ha solicitado públicamente la construcción de armas nucleares. Sin embargo, las agencias estadounidenses creen que tanto él como el Gobierno de línea dura, afianzado tras la eliminación de numerosos dirigentes iraníes por Israel y Estados Unidos, aspiran a desarrollar armamento nuclear avanzado. Los funcionarios advierten que gran parte de la información sobre su postura precede a la guerra. El ayatolá sufrió heridas graves durante la primera fase del conflicto y redujo sus comunicaciones y apariciones públicas para recuperarse y evitar un ataque aéreo.

Las autoridades calculan que Mojtaba aún dirige el Gobierno, pero señalan que carece de la influencia y la autoridad absoluta de su padre, quien permaneció en el poder durante más de 36 años. La actual administración iraní ya intentó ejercer un mayor control sobre el estrecho de Ormuz y se mostró como un interlocutor difícil durante las negociaciones. Los funcionarios temen que la guerra haya elevado, en lugar de reducir, la probabilidad de que Teherán busque un arma atómica.
La evaluación sale a la luz mientras el presidente Donald Trump analiza la posibilidad de intensificar la campaña militar contra Irán. La conclusión de que el líder supremo estaría dispuesto a conseguir una bomba aporta una justificación adicional para ampliar la ofensiva. Para los funcionarios citados, un avance iraní hacia el armamento nuclear sería otro efecto grave de la muerte de Alí Jameneí y de las primeras medidas adoptadas por la administración Trump para forzar un cambio de régimen.
Claves de la evaluación estadounidense sobre el programa nuclear
- Mojtaba Jameneí no ha pedido públicamente la construcción de armas nucleares.
- La inteligencia cree que respalda el desarrollo de armamento nuclear avanzado.
- Irán todavía no ha reactivado el enriquecimiento ni otras operaciones nucleares.
- Teherán trasladó centrifugadoras a un complejo subterráneo de máxima seguridad.
- Las reservas de uranio altamente enriquecido permanecen a disposición del país.
Irán lleva sus centrifugadoras bajo tierra tras los bombardeos

Los funcionarios estadounidenses insisten en que Irán no ha tomado medidas para reactivar su programa nuclear, pero confirman que sí adoptó acciones para proteger sus equipos tras los bombardeos de Estados Unidos del año pasado y durante las pausas de la guerra actual. En junio de 2025, Trump ordenó atacar tres instalaciones clave. Bombarderos furtivos B-2 lanzaron las mayores bombas convencionales de la Fuerza Aérea sobre Fordo y Natanz, mientras misiles Tomahawk alcanzaron un tercer emplazamiento en Isfahán.
Aunque Trump afirmó de inmediato que la operación había destruido por completo las instalaciones, las primeras evaluaciones de inteligencia fueron más prudentes y determinaron que el programa solo sufrió un retraso de varios meses. Después de examinar los daños en Fordo, los iraníes comprobaron la profundidad de penetración de las armas estadounidenses. Con esa información, Teherán trasladó al menos una parte de sus centrifugadoras a un complejo subterráneo de máxima seguridad situado en el centro del país.
Estados Unidos identifica ese complejo como la Montaña Pickaxe. The Wall Street Journal informó por primera vez esta semana que la inteligencia israelí había rastreado el traslado. Las galerías del recinto se encuentran a una profundidad mucho mayor, por lo que las autoridades iraníes confían en mantener los equipos fuera del alcance de un ataque aéreo convencional. Aunque el movimiento podría ser un primer paso para reconstruir la capacidad de enriquecimiento, Washington sostiene que la prioridad inmediata de Irán es proteger sus equipos.
Pickaxe no fue atacado durante las operaciones del verano pasado y plantea un desafío mucho mayor, pues se encuentra a gran profundidad bajo una montaña, fuera del alcance del armamento convencional más potente de Estados Unidos. Pese a esa protección, Irán teme una incursión terrestre de comandos estadounidenses para destruir el complejo desde el interior. Reportes de inteligencia indican que las fuerzas armadas iraníes desplegaron unidades terrestres alrededor de la instalación para disuadir una operación de ese tipo.
Trump amenaza con atacar Pickaxe

Trump amenazó esta semana con atacar la instalación, a la que describió como “un posible objetivo para un buen disparo enorme justo en la puerta principal”. También afirmó que Estados Unidos no detectaba actividad en el lugar. Los funcionarios explicaron que esa declaración alude a que Irán no ha retomado el enriquecimiento ni otras operaciones, pese al traslado de los equipos. Las autoridades rechazaron comentar los planes para un posible ataque y señalaron que el presidente recibió una extensa lista de objetivos y opciones.
Varios funcionarios consideraron imprudente anticipar qué blancos podría autorizar el mandatario. Al margen de los errores militares cometidos por Estados Unidos durante la guerra, los daños a la infraestructura atómica paralizaron los avances del programa nuclear. Las agencias de inteligencia calcularon que la destrucción habría retrasado las operaciones durante seis meses si Irán hubiera reparado de inmediato las centrifugadoras o reiniciado el enriquecimiento en otras instalaciones. Sin embargo, Teherán no despejó todos los sitios ni reactivó rápidamente los procesos en lugares alternativos.
A pesar de las interrupciones operativas, los elementos esenciales para fabricar una bomba siguen intactos y a disposición de Teherán, en especial sus reservas de uranio altamente enriquecido. Esta situación mantiene abierta la posibilidad de que Irán retome el programa, aunque los funcionarios estadounidenses sostienen que todavía no lo ha hecho. El traslado de equipos a Pickaxe protege una parte de la infraestructura, pero no demuestra por sí solo que el país haya reiniciado el enriquecimiento o comenzado a fabricar un arma.
Mojtaba deja atrás las reservas nucleares que sostuvo su padre

Durante la etapa final de la administración de Joe Biden, funcionarios estadounidenses señalaron que Irán estudiaba métodos para fabricar un arma más rudimentaria, similar a las bombas utilizadas en Hiroshima. Aunque un artefacto de ese tipo tendría grandes dificultades para ser transportado hasta su objetivo, proporcionaría cierto grado de disuasión. El nuevo líder supremo considera ahora que ese modelo ofrece menor utilidad y parece respaldar, en cambio, el desarrollo de una ojiva termonuclear que pueda reducirse para instalarla en un misil de largo alcance.
Esta posición contrasta directamente con la doctrina anterior. En 2005, Alí Jameneí notificó al Organismo Internacional de Energía Atómica una orden religiosa, o fatua, que prohibía el uso de armamento atómico. La norma imponía límites al empleo de una bomba, pero no restringía el desarrollo general del programa ni los pasos dirigidos a adquirir capacidad armamentística. Incluso con la fatua vigente, los sectores más radicales del Gobierno querían conservar la opción de fabricar un arma con rapidez.
A partir de conversaciones interceptadas y declaraciones públicas anteriores a la guerra, la inteligencia estadounidense concluyó que Mojtaba Jameneí no comparte las reservas de su padre. En sus discursos, el actual ayatolá prometió preservar las capacidades nucleares de Irán, pero evitó pedir de forma directa la obtención de un arma. También se distanció del acuerdo firmado en junio entre Estados Unidos e Irán, mediante el cual Teherán se comprometía a no buscar armamento nuclear. Aseguró que había autorizado el pacto, aunque no lo compartía “por una cuestión de principios”.
La guerra fortalece a quienes defienden una disuasión atómica

Rosemary Kelanic, directora del programa sobre Oriente Medio de Defense Priorities, un centro de estudios crítico con la intervención militar estadounidense, afirmó que la guerra y el anuncio de una posible ayuda de Estados Unidos a Arabia Saudita para construir instalaciones de enriquecimiento hacen “mucho más probable” que Irán busque un arma nuclear. Según la especialista, Teherán tiene ahora un incentivo mayor para dotarse de ese armamento y disuadir futuros intentos estadounidenses o israelíes de derribar el régimen o desmantelar el Estado iraní.
Kelanic sostuvo que la guerra actúa contra su supuesto propósito de impedir la proliferación nuclear iraní. Los funcionarios estadounidenses coinciden en que los dirigentes de Irán que antes defendían, durante los debates internos, que solo un arma atómica frenaría un ataque israelí o estadounidense consideran ahora que su argumento ha cobrado mayor fuerza. Esta percepción se suma a la evaluación de que Mojtaba Jameneí muestra menos reservas que su padre ante la posibilidad de desarrollar armamento nuclear avanzado.





