El Ejército de Estados Unidos prepara el empleo de drones kamikaze LUCAS en operaciones contra fuerzas terrestres y navales, desde el Pacífico hasta Europa. En sus planes, estas aeronaves de largo alcance sirven para atacar sistemas militares importantes sin recurrir necesariamente a municiones mucho más costosas. Los mandos también estudian cómo combinar grandes cantidades de drones con otras armas y cómo entrenar a las unidades para mantenerlos, lanzarlos y coordinar sus ataques. Las prioridades se expusieron durante un encuentro de la Asociación del Ejército de Estados Unidos (AUSA).
LUCAS, sigla inglesa de Sistema de Ataque de Combate No Tripulado de Bajo Costo, deriva de un trabajo de ingeniería inversa sobre el Shahed-136 iraní. Estados Unidos anunció su despliegue inicial en diciembre de 2025 y lo utilizó por primera vez en combate durante las primeras fases de las operaciones contra Irán de este año. El jefe del mando estadounidense en Oriente Medio llegó a calificar estos drones de “indispensables”. Equipados con motores de combustión, despegan mediante un pequeño cohete auxiliar desde lanzadores fijos situados en tierra o a bordo de buques.

El Ejército ensaya cómo atacar con muchos LUCAS sin gastar armas caras
La 7.ª División de Infantería ya incorpora el empleo de drones de ataque unidireccional de largo alcance a la instrucción que imparte en la base conjunta Lewis-McChord, en el estado de Washington. Su comandante, el mayor general Bernard Harrington, explicó en AUSA que el entrenamiento incluye tanto el sostenimiento de estos aparatos como su utilización y la coordinación de sus efectos sobre un blanco. Para el general, la ventaja está en lograr ataques numerosos a un costo asequible y reservar las municiones más complejas para situaciones que realmente las requieran.
Ese enfoque forma parte de una reorganización más amplia. A principios de 2026, el Ejército reunió la 7.ª División de Infantería y la 1.ª Fuerza de Tarea Multidominio bajo el nuevo Mando Multidominio del Pacífico, o MDC-PAC, también a cargo de Harrington. El servicio dispone de cuatro fuerzas de tarea multidominio, conocidas como MDTF, que han sido protagonistas en la incorporación de armas de largo alcance y otros sistemas avanzados. El general considera que los medios no tripulados permitirán concentrar suficientes ataques para superar a un adversario en un conflicto futuro.
China ocupa un lugar central en esos cálculos. Sus fuerzas han construido y ampliado redes de negación de acceso y de área en el Pacífico occidental, lo que dificulta la operación de unidades adversarias dentro de las zonas protegidas. El mando estadounidense busca determinar qué componentes de esas redes necesita atacar y cuántos sistemas de menor precio hacen falta para abrir oportunidades a las fuerzas conjuntas. No se trata necesariamente de destruir por completo cada plataforma enemiga, sino de privarla de funciones esenciales durante el tiempo suficiente.

Los usos que el Ejército estudia para los drones de largo alcance
- Inutilizar radares, antenas y otros equipos de buques sin necesidad de hundirlos.
- Atacar lanzadores móviles de misiles y defensas antiaéreas.
- Coordinar drones aéreos, embarcaciones no tripuladas y otras armas de largo alcance.
- Concentrar ataques numerosos a menor costo y conservar municiones más sofisticadas.
En el Pacífico, inutilizar un barco puede ser más útil que hundirlo
Harrington planteó un ejemplo concreto: un buque de guerra puede quedar temporalmente fuera de combate si pierde determinados equipos, aunque continúe a flote. Un ataque contra sus radares, antenas de comunicaciones u otros subsistemas puede reducir su eficacia y facilitar operaciones posteriores. El general relacionó esas interrupciones con la posibilidad de que un grupo de ataque de portaaviones o una fuerza de bombarderos actúe durante el intervalo creado. Las reparaciones también pueden mantener apartado al buque durante un período prolongado.
La propuesta evita emplear de forma innecesaria armas avanzadas, que además pueden delatar la presencia o posición de las plataformas que las lanzan. Los modelos de planificación del mando consideran ataques conjuntos con drones LUCAS, embarcaciones de superficie no tripuladas y otros sistemas de largo alcance. La sincronización de medios numerosos permitiría alcanzar los efectos buscados sobre una red enemiga sin que todos los ataques tuvieran que destruir el blanco de manera total. Esta idea responde a la necesidad de penetrar algunas de las defensas instaladas por China.

La adopción de embarcaciones de superficie kamikaze avanza junto con la de los drones aéreos. Estados Unidos empleó por primera vez estos sistemas navales no tripulados en combate contra Irán en julio de 2026. Harrington también incluyó entre las herramientas disponibles los llamados “efectos lanzados”, una categoría que abarca vehículos no tripulados desplegados desde plataformas terrestres, aéreas o marítimas. Pueden ejecutar ataques, pero también misiones de reconocimiento, guerra electrónica o retransmisión de comunicaciones, de acuerdo con la configuración de cada uno.
La separación tradicional entre drones kamikaze, municiones merodeadoras, misiles de crucero y señuelos es cada vez menos precisa en algunos de estos diseños. El Ejército estudia las distintas opciones en función de los resultados que puede obtener mediante su empleo combinado. Las unidades multidominio integran esa variedad de sistemas para coordinar ataques y otros efectos a distancia. La planificación no se limita a un teatro concreto, porque la necesidad de disponer de armas numerosas y de largo alcance también aparece en los cálculos estadounidenses para Europa.
En Europa, el Ejército también apunta a los lanzadores rusos de misiles
El general de brigada Steven Carpenter, jefe del Mando Multidominio de Europa (MDC-E), explicó que los sistemas de ataque a distancia pueden ayudar a reducir la protección de una red de negación de acceso enemiga y a equilibrar los medios de fuego frente a un adversario. A su juicio, las unidades pueden concentrarse en abrir una brecha en un sector, aunque para ello deban aceptar riesgos en otro. Este mando se formó en 2025 mediante la unión del 56.º Mando de Artillería y la 2.ª Fuerza de Tarea Multidominio, ambas con presencia en Alemania.
Carpenter mencionó, además de LUCAS, armas desarrolladas por Covenant. La empresa estadounidense-israelí trabaja en Anthem, un sistema de ataque de largo alcance que el Ejército estadounidense ya ha sometido a pruebas. En septiembre se confirmó su participación en esos ensayos, entre ellos una demostración con fuego real que tuvo lugar en Marruecos a comienzos de 2026. El general valoró en esta clase de armas su alcance, su rendimiento y su resistencia a las interferencias electromagnéticas, características que considera útiles para enfrentarse a lanzadores de misiles.

Entre los blancos mencionados por Carpenter figuran los sistemas rusos identificados por la OTAN como SS-26 Stone y SS-21 Scarab. El primero corresponde al Iskander-M y el segundo al OTR-21 Tochka, ambos misiles balísticos de corto alcance lanzados desde vehículos móviles. Rusia y Ucrania han empleado el Tochka durante la guerra, aunque su utilización ha disminuido conforme se reducen las reservas disponibles. El Iskander-M es un sistema más avanzado que ocupa desde hace años un lugar importante en la planificación militar estadounidense para Europa.
El propio Ejército estadounidense ha reconocido que las mejoras introducidas en el Iskander-M a partir de la experiencia de la guerra de Ucrania lo han hecho más peligroso y difícil de interceptar. Frente a sistemas móviles de este tipo, los drones de ataque unidireccional de largo alcance ofrecen una opción para atacar objetivos de gran valor que pueden cambiar de ubicación. La misma clase de municiones puede dirigirse contra lanzadores antiaéreos y otros componentes críticos de una red defensiva cuando surge la oportunidad de alcanzarlos.

Los Shahed iraníes ya mostraron por qué interesa atacar radares
El desarrollo de los Shahed-136 iraníes tiene antecedentes en las municiones merodeadoras israelíes, cuyo empleo inicial estaba estrechamente asociado a la neutralización de defensas antiaéreas. Irán ha mostrado ejercicios de gran escala en los que estos drones se utilizan con ese propósito. La relevancia de atacar sensores volvió a manifestarse después de que Estados Unidos e Israel iniciaran sus ataques contra Irán en febrero de 2026: las fuerzas iraníes respondieron con golpes contra radares de defensa antiaérea valiosos al otro lado del golfo Pérsico.

Esa experiencia es importante porque un dron de esta clase no necesita alcanzar la velocidad de un misil de crucero para cumplir su función. Su utilidad se relaciona principalmente con el alcance y el costo del ataque. Son aparatos relativamente pequeños, con materiales compuestos y motores de combustión pequeños. La velocidad reducida y el vuelo a baja altura pueden dificultar su detección por radares terrestres convencionales, aunque todavía son vulnerables a los interceptores y a otras defensas.
Como referencia de precio, la variante rusa del Shahed-136 había sido estimada anteriormente en unos $50 000 por unidad, con cálculos incluso inferiores. La producción rusa en grandes cantidades y el dominio de su fabricación podrían haber reducido todavía más ese costo. Un misil de crucero tradicional de alcance semejante, por el contrario, puede costar varios millones de dólares. Los drones también requieren menos tiempo y esfuerzo de fabricación. Esa diferencia permite lanzar numerosas municiones contra un mismo conjunto de blancos y obliga al defensor a decidir cuánto gastar para detenerlas.

Varios drones LUCAS podrán coordinar sus ataques sin órdenes constantes
El empleo masivo de estos aparatos modifica el cálculo económico de la defensa antiaérea. Un adversario puede verse forzado a gastar interceptores valiosos para destruir drones mucho más baratos y, si los ataques se repiten, sus reservas pueden agotarse. Estados Unidos conoce ese problema por su propia experiencia tras consumir miles de interceptores durante los enfrentamientos con Irán y otras crisis recientes en Oriente Medio, además del apoyo entregado a aliados como Ucrania. Para sus mandos, el número de drones disponibles forma parte de la eficacia del ataque.
LUCAS tiene prevista una mejora adicional mediante Hivemind, el software de autonomía desarrollado por Shield AI. La función permitiría que varios drones compartan tareas y maniobren de manera coordinada. También haría posible redistribuir sus funciones cuando cambien las condiciones de combate o se pierdan algunos aparatos. El software está destinado a facilitar desvíos de ruta para evitar defensas y la continuidad de las misiones frente a interferencias enemigas o interrupciones del enlace de datos, sin depender de instrucciones constantes desde tierra.
La composición de esos grupos de drones puede adaptarse a cada misión mediante cargas útiles diferentes. Su software autónomo coordina los medios disponibles para mantener el efecto colectivo incluso si el grupo sufre bajas. La intención es aumentar la eficacia de los ataques de saturación, no solo multiplicar el número de aparatos lanzados. Al mismo tiempo, el Ejército todavía debe determinar cómo formar al personal, sostener las unidades y desplegar estas aeronaves a mayor escala en operaciones de distintas regiones.
Las respuestas comienzan a tomar forma con la reorganización de las unidades multidominio y la incorporación de los LUCAS a los ejercicios. Los mandos del Pacífico y de Europa vinculan esas pruebas con una misma finalidad: disponer de armas asequibles capaces de atacar defensas, buques y lanzadores terrestres a larga distancia, junto con otros medios de las fuerzas conjuntas. Persisten preguntas sobre la organización y el entrenamiento, pero ya existe un planteamiento concreto para incorporar los drones kamikaze a futuros combates estadounidenses.










