Desde la cabina de un F-22 Raptor, un piloto estadounidense modificó en pleno vuelo la misión de un YFQ-44A Fury. El dron recibió las instrucciones por un enlace de datos táctico y las ejecutó con su propio sistema de autonomía. La demostración incluyó maniobras aéreas y tareas de combate simuladas, sin que el piloto tuviera que dirigir cada movimiento del aparato. Fue la primera ocasión en que un F-22 transmitió órdenes de esta manera a un Fury de preproducción.

El Fury recibió nuevas órdenes desde el F-22 y actuó por su cuenta
El F-22 y el Fury despegaron de la base aérea de Edwards, en California, y se reunieron una vez en el aire. Anduril, fabricante principal del vehículo no tripulado, describió el intercambio como una actualización del plan de misión desde el caza. El piloto impartió directrices tácticas generales y el software del Fury determinó cómo llevarlas a cabo en tiempo real. La prueba tuvo lugar a principios de octubre y después fue presentada por la Fuerza Aérea estadounidense y la empresa.
El resultado difiere de los vuelos de formación que Anduril había mostrado el mes anterior con cazas F-35 y un Fury. En aquellas pruebas, los F-35 acompañaban al aparato, pero no le enviaban instrucciones mientras volaban. A comienzos de 2026, un Fury también había efectuado por primera vez el lanzamiento de un misil aire-aire AIM-120 AMRAAM. El ensayo con el Raptor añade una función diferente: la transmisión de decisiones tácticas desde una aeronave tripulada a otra no tripulada.
La Fuerza Aérea prevé que sus F-22 sean los primeros cazas que coordinen estas aeronaves colaborativas cuando comiencen a prestar servicio. El plan no se limita a que un piloto controle un único dron, como ocurrió en el ensayo de Edwards. La intención es que cada Raptor pueda gestionar varios aparatos al mismo tiempo. Esa función convierte al piloto en responsable de asignar tareas generales, mientras los sistemas autónomos de los drones resuelven su ejecución durante el vuelo.
Las próximas referencias del programa CCA
- El FQ-44A Fury de Anduril y el FQ-42A Vengeance de General Atomics pertenecen a la primera fase del programa.
- La Fuerza Aérea quiere disponer de al menos 500 aeronaves de esa primera fase para 2032.
- Los primeros aparatos deberían comenzar a entrar en servicio hacia finales de la década.
- Fury y Vengeance participarán en el ejercicio Emerald Flag previsto para diciembre de 2026.

La cabina del Raptor todavía plantea preguntas para controlar drones
Por ahora, no se conoce la configuración exacta del F-22 que intervino en la demostración. Ni la Fuerza Aérea ni Anduril explicaron qué equipos utilizó el piloto para introducir las órdenes. Documentos presupuestarios anteriores contemplaban la instalación de tabletas, cables y otros materiales necesarios para integrar esta función en el Raptor. Lockheed Martin, fabricante principal del caza, colabora con la Fuerza Aérea en las interfaces y los sistemas de control destinados tanto al F-22 como al F-35.
Las interfaces conocidas para dirigir drones desde aeronaves tripuladas utilizan principalmente dispositivos táctiles semejantes a tabletas. Esa solución permite introducir instrucciones en la cabina, pero también suscita dudas por el trabajo adicional que puede imponer al piloto de un caza monoplaza. La pantalla táctil no se considera necesariamente la solución definitiva. El reto es permitir que el aviador dé órdenes a varios vehículos sin perder la atención que requieren el vuelo y las demás funciones de combate.

En la prueba de Edwards participaron unidades especializadas de la Fuerza Aérea, entre ellas la 412.ª Ala de Pruebas, el 422.º Escuadrón de Prueba y Evaluación y el 309.º Grupo de Ingeniería de Software. También intervinieron la oficina del programa F-22, los especialistas de software y autonomía del programa CCA y la Unidad de Operaciones Experimentales. Esta última tiene su sede en Nellis, Nevada, y prepara los procedimientos que permitirán incorporar drones colaborativos a las operaciones de la aviación militar.
El segundo modelo de dron ya vuela con cazas, pero aún falta una prueba
El Fury no es el único vehículo seleccionado para la primera etapa del programa Collaborative Combat Aircraft (CCA). La Fuerza Aérea también encargó el FQ-42A Vengeance a General Atomics. La institución contempla una segunda fase de adquisiciones en la que podrían incorporarse modelos distintos. Para la primera, el propósito es reunir al menos 500 drones para 2032, con una incorporación inicial al servicio operativo prevista alrededor del final de esta década.
General Atomics realizó en noviembre de 2025 otra demostración de control desde un F-22, aunque entonces utilizó un MQ-20 Avenger como sustituto experimental de las futuras aeronaves CCA. La empresa ha empleado ese modelo en distintas pruebas de integración. Todavía no está claro cuándo se realizará un ensayo equivalente con el FQ-42A Vengeance. Por el momento, existen imágenes del Vengeance en formación con cazas de la Fuerza Aérea, pero esos vuelos no demuestran que recibiera órdenes directamente de sus pilotos.

La próxima ocasión para evaluar conjuntamente el Fury y el Vengeance será Emerald Flag. Ambos modelos participarán en ese ejercicio antes de que termine 2026 y volarán en un entorno de empleo de fuerzas más amplio que el de los ensayos anteriores. El teniente coronel Lyndon “Otto” Bartlett, director de operaciones de la Unidad de Operaciones Experimentales, anticipó en septiembre que la edición de diciembre sería la primera prueba de los CCA dentro de un ejercicio de grandes fuerzas.
Los vuelos de prueba aún deben convertirse en operaciones habituales
Los avances en control táctico no resuelven todos los problemas de incorporación de estas aeronaves. La Fuerza Aérea todavía debe establecer cómo desplegarlas, ponerlas en vuelo, recuperarlas y prestarles apoyo en condiciones distintas de las que requieren los cazas tripulados. También necesita normas y procedimientos adaptados al empleo de vehículos semiautónomos. Un aspecto central es que los pilotos comprueben de forma repetida que los drones cumplen las órdenes tal como esperan, algo que la demostración del F-22 comenzó a poner a prueba.

Estos asuntos también afectan a los programas de aeronaves colaborativas de la Armada y del Cuerpo de Marines, que se coordinan con los de la Fuerza Aérea. El secretario de esta última, Troy Meink, relacionó el ensayo con la necesidad de acelerar la integración, las pruebas de vuelo y la evaluación de nuevos sistemas. El general Ken Wilsbach, jefe del Estado Mayor de la Fuerza Aérea, insistió en la conveniencia de repetir las pruebas y aprender de sus resultados para proporcionar a los mandos herramientas útiles.
Mark Shushnar, vicepresidente de Poder Aéreo Autónomo de Anduril, sostuvo que el programa estadounidense CCA es el más avanzado y rápido de su clase y afirmó que será el primero en desplegar aeronaves operativas. También identificó como tareas pendientes la definición de procedimientos y la confianza de los operadores en sus compañeros semiautónomos. El vuelo conjunto del F-22 y el YFQ-44A confirma que un piloto puede transmitir órdenes en el aire a ese modelo, aunque su incorporación ordinaria a las operaciones todavía requiere nuevas pruebas.










