Un C-17 Globemaster de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos que volaba desde Nueva Zelanda hacia la Antártida tuvo que regresar el martes después de que se emitiera una advertencia por una actividad espacial considerada “potencialmente peligrosa”.
La aeronave, identificada con el distintivo de llamada ICE28, había partido de Christchurch alrededor de las 9:00 de la mañana, hora local. Sin embargo, menos de tres horas después volvió a la ciudad neozelandesa tras la publicación de un Aviso a los Aviadores (NOTAM, por sus siglas en inglés) por parte de la Autoridad de Aviación Civil (CAA) de Nueva Zelanda.
Un portavoz de la CAA explicó el martes a The Hill que la corporación estatal rusa encargada de la gestión del tráfico aéreo había comunicado la existencia de una actividad potencialmente riesgosa, “lo cual provocó la emisión de un NOTAM para advertir a los pilotos sobre el peligro”.
Un día después, el miércoles, el mismo portavoz precisó que la notificación rusa estaba relacionada con el lanzamiento programado de un misil.
“La agencia de tráfico aéreo rusa nos notificó sobre un lanzamiento de misil programado y el riesgo potencial asociado para el espacio aéreo internacional, dentro de la Región de Información de Vuelo (FIR) Oceánica de Nueva Zelanda”, escribió la CAA neozelandesa.
Según la descripción publicada por la propia autoridad en su sitio web, esa región comprende el espacio aéreo situado sobre alta mar cuya gestión corresponde a Nueva Zelanda en virtud del acuerdo regional de navegación aérea de la Organización de Aviación Civil Internacional.
La FIR se extiende por unos 30 millones de kilómetros cuadrados, en su mayoría sobre aguas internacionales, de acuerdo con la autoridad neozelandesa de gestión del tráfico aéreo. La zona comprende áreas del océano Pacífico Sur, el océano Antártico y el mar de Tasmania.
“Establecimos una zona de peligro y emitimos un NOTAM para alertar a los operadores aéreos sobre el riesgo potencial. Esto no impide que las aeronaves vuelen por la zona, ya que los operadores toman sus decisiones con base en la información disponible”, continuó la agencia.
El vuelo formaba parte de la temporada invernal de operaciones de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, destinada a trasladar investigadores y el equipo necesario hasta la Antártida antes del inicio de la temporada de investigación de verano en la región.
La aeronave cubría una de las conexiones que se programan cada año entre Christchurch y las bases de investigación que Estados Unidos y Nueva Zelanda mantienen en el continente antártico.










