La Fuerza Aérea de Estados Unidos (USAF) calcula que necesitará 1.509 cazas preparados para operaciones de combate en 2035. Esa cantidad permitiría afrontar las misiones asignadas con un nivel de riesgo medio, pero supera en 140 aviones la meta de 1.369 que figuraba en su evaluación anterior. El cálculo forma parte de un documento presentado al Congreso el 16 de octubre de 2026.
El teniente general David Tabor, subjefe del Estado Mayor para Planes y Programas, explicó el 20 de octubre que el incremento se repartiría entre los F-35A Lightning II, F-15EX Eagle II y los futuros F-47 del programa Next Generation Air Dominance (NGAD). La estimación procede de las necesidades expresadas por los mandos combatientes regionales para cumplir sus objetivos dentro de la categoría de riesgo medio.
La escala utilizada distingue cuatro niveles: alto, medio, bajo e insignificante. Para reducir el riesgo al nivel bajo, la USAF necesitaría 1.723 aviones de combate listos para actuar en 2035. Tabor señaló que, por lo general, no se planifica sobre esa categoría. También aclaró que el aumento de la cifra respecto del año pasado no obedecía a la guerra con Irán, sino a que el cálculo anterior utilizaba información desactualizada.

La diferencia entre los cazas disponibles y los que se necesitan
Al comenzar el ejercicio fiscal 2026, la fuerza estadounidense contaba con unos 1.168 cazas principales clasificados para misiones de combate, además de 103 A-10 Thunderbolt II cuya retirada ya estaba en marcha. La cifra varía con las incorporaciones de F-35 y F-15EX y con la salida de aeronaves que han agotado su vida útil. Tampoco refleja las pérdidas sufridas en combate y por accidentes durante el año: en la guerra entre Estados Unidos e Irán se perdieron cuatro F-15E y dos A-10 en acción.
Alcanzar los 1.509 aparatos requeriría incorporar cerca de 350 cazas adicionales incluso antes de resolver todas las sustituciones pendientes. El problema es que la USAF necesita ampliar sus unidades de primera línea mientras retira modelos veteranos. Los F-15C salieron del servicio activo en 2025, está prevista la retirada completa de los A-10 para 2030 y los F-16 y F-15E más antiguos se acercan al final de su vida operativa.
La evaluación ofrece al Congreso una referencia para contrastar las solicitudes de recursos con las misiones militares previstas. Tabor reconoció que las cifras concretas pueden discutirse y que los análisis cambian cuando aparece nueva información. No obstante, sostuvo que su propósito es determinar una fuerza de combate que pueda mantenerse frente a los adversarios que Estados Unidos afronta en distintas regiones.

La producción anual no alcanza el ritmo que reclama la USAF
Diversos responsables de la Fuerza Aérea consideran necesario adquirir 72 cazas nuevos al año para sustituir los retirados y modernizar la flota. El proyecto presupuestario del ejercicio fiscal 2027, en cambio, incluye 24 F-15EX y 24 F-35A: 48 aparatos en total. La institución también ha solicitado 14 F-35 adicionales por $2 340 000 000.
Esas 14 unidades suplementarias dependerían de financiación mediante una ley de conciliación presupuestaria del Congreso o de transferencias desde otros programas. Si no se dispone de fondos, la compra podría aplazarse hasta 2028, con el consiguiente aumento de los aviones pendientes de sustitución. La expansión de la flota también exige que los fabricantes entreguen los aparatos previstos, con las capacidades exigidas y dentro de los plazos establecidos.
El F-35 representa una dificultad particular. Los retrasos del programa de modernización Block 4 estuvieron ligados a los problemas del paquete Technology Refresh 3 (TR3), imprescindible para aprovechar las mejoras de misiles, radar y sensores. Por esa razón, algunos F-35 suministrados a Estados Unidos y sus aliados quedaron limitados a tareas de entrenamiento y no podían emplearse en combate.
Las entregas de F-35 con TR3 y capacidad operativa de combate comenzaron en 2026, unos tres años después de lo previsto. Tabor afirmó que la industria asegura poder alcanzar los volúmenes de producción necesarios, pero insistió en que la USAF necesita comprobar que ese compromiso se cumple. El 22 de octubre, el Pentágono y Lockheed Martin acordaron un marco plurianual de producción y mantenimiento del F-35 que contempla 850 aviones en diez años y una tasa de fabricación de 156 aparatos anuales.

El F-16 vuelve a considerarse para sustituir los cazas más antiguos
El alto coste de aumentar el número de F-35A, F-15EX y F-47 ha llevado a examinar otra posibilidad: comprar F-16 Block 70/72 nuevos para reemplazar los F-16C que ya no puedan seguir en servicio. Se trata de un modelo que Lockheed Martin produce en Greenville, Carolina del Sur, principalmente para clientes extranjeros.
Bulgaria y Eslovaquia figuran entre los países que han recibido estas aeronaves en sus distintas modalidades, como aviones nuevos F-16C/D y modernizaciones F-16V. Ucrania también ha mostrado interés en adquirirlos a largo plazo. La configuración Block 70/72 incorpora un radar AESA APG-83, que comparte elementos de hardware y software con los radares empleados en los F-22 y F-35, además de una cabina modernizada y equipos de aviónica mejorados. Algunas versiones cuentan con depósitos de combustible conformados para ampliar su alcance.
Lockheed Martin ha planteado la denominación F-16G para una posible versión estadounidense, aunque la compra de Block 70/72 ya disponibles reduciría costes. Estos cazas podrían encargarse de misiones que no requieran plataformas furtivas de mayor precio, entre ellas determinadas tareas de defensa del territorio, para las que un F-15EX puede ofrecer más capacidad de la necesaria.

Tabor reconoció que adquirir un F-16 de este tipo es una alternativa que está sobre la mesa y que el avión está prácticamente listo para su adquisición. Sin embargo, calificó esa respuesta de “perezosa” si se utiliza únicamente para alcanzar el número de cazas requerido. También explicó que la USAF estudia distintas capacidades con las que podría sustituir a sus F-16: no considera urgente decidir hoy, pero quiere hacerlo antes de que el envejecimiento de la flota convierta la decisión en una urgencia.
Los aviones de combate colaborativos pueden cambiar el cálculo
Otra opción que se estudia para compensar la retirada de F-16 hacia 2035 consiste en incorporar aeronaves de combate colaborativas, conocidas por las siglas CCA. Entre los proyectos figuran el FQ-44A Fury de Anduril Industries y el FQ-42A Vengeance de General Atomics. Son plataformas semiautónomas concebidas para operar bajo el control de aeronaves tripuladas, por lo que no sustituyen sin más a un caza convencional.
El desarrollo ya ha incluido una prueba de vuelo en formación de un FQ-44A junto a un F-22 Raptor, destinada a demostrar la cooperación entre aeronaves tripuladas y no tripuladas. La Fuerza Aérea pretende disponer de 500 sistemas semiautónomos listos para el combate en 2032 y alcanzar una flota total de 1.000 aparatos de ese tipo.

Para Tabor, el desarrollo de los CCA es una realidad y puede llegar a reducir la cantidad de cazas tripulados que necesite la institución. Advirtió, sin embargo, que los sistemas actuales todavía no permiten dar por hecha esa reducción. Confía en que futuras evaluaciones de la estructura de fuerzas reflejen la evolución del programa. La combinación de aviones tripulados y no tripulados también se considera una opción para fuerzas aéreas con presupuestos limitados, como la Royal Air Force británica, que buscan recuperar o ampliar el tamaño de sus flotas.
Cómo se repartirían los modelos en la flota de 2035
La composición prevista para 2035 asigna alrededor del 40 % a los F-35A, otro 20 % a los F-22 Raptor y sus sucesores F-47, y el 40 % restante, aproximadamente a partes iguales, a los F-15E/F-15EX y F-16. Los F-22 serían sustituidos progresivamente por los F-47. El A-10 no figura en ese reparto porque su retirada total está prevista para 2030.
La distribución actual, si se excluyen los A-10, es distinta: alrededor del 30 % corresponde a F-35A, el 10 % a F-22, el 15 % a F-15E y F-15EX y el 45 % a F-16. Aplicados al objetivo de 1.509 aeronaves, los porcentajes futuros equivalen aproximadamente a 600 F-35A, 300 F-22/F-47 y 600 F-15/F-16 de diferentes versiones.

La USAF dispone en la actualidad de 186 F-22 operativos y prevé adquirir en el futuro una cantidad comparable de F-47. En junio de 2026, el Congreso impidió retirar 32 F-22 Block 20 antiguos, considerados no aptos para el combate y cuya modernización no se estimaba rentable. La institución quería reemplazarlos directamente por F-47. Durante la coexistencia de ambos modelos podría aproximarse al objetivo de 300 aparatos en esa categoría, pero las otras proporciones dependen de nuevas compras.

El Congreso ya ha permitido elevar el objetivo de adquisición de F-15EX por encima de las 267 unidades previstas, aunque no ha establecido un número final. Tampoco se ha cerrado para ese avión un acuerdo plurianual equivalente al marco pactado con Lockheed Martin para el F-35.
En cuanto al F-35A, la USAF cuenta con unos 544 aparatos, pero solo 344 figuran como asignados a unidades de combate en el ejercicio fiscal 2026. Los demás cumplen funciones de entrenamiento o de pruebas y evaluación, o permanecen pendientes de recibir la actualización TR3.

El Congreso y la Fuerza Aérea no cuentan los cazas de la misma manera
Existe además una diferencia en el método utilizado para determinar cuántos aviones tiene disponibles la USAF. La institución emplea el inventario total de aeronaves asignadas a combate, Combat Coded Total Aircraft Inventory (CC TAI), mientras que el Congreso utiliza el inventario de aeronaves de misión principal, Primary Mission Aircraft Inventory (PMAI).
La Fuerza Aérea sostiene que el PMAI no expresa con fidelidad su capacidad real de combate porque deja fuera aspectos relacionados con las aeronaves de reserva, tanto las de reemplazo como las destinadas a compensar pérdidas. El objetivo de 1.509 cazas en 2035 está calculado con el criterio CC TAI. Tabor indicó que las conversaciones con el Congreso para modificar el lenguaje utilizado en esos cálculos continúan y que cualquier transición será gradual, no inmediata.









