El analista conservador judío-estadounidense Ben Shapiro dedicó su intervención de anoche a los resultados de las elecciones a la 26.ª Knéset y al fracaso de las encuestas difundidas por la televisión israelí. Los sondeos a pie de urna de casi todos los canales anticiparon una distribución de escaños que no se correspondió con los resultados. Canal 14 fue la única excepción.
Shapiro comparó lo ocurrido en Israel con los problemas habituales de las encuestas en Estados Unidos. «Hemos hablado muchas veces de los errores de muestreo y de los márgenes de error de las encuestas estadounidenses. A veces, las encuestas simplemente se equivocan por completo, y eso es precisamente lo que ha ocurrido en Israel», afirmó.
«La mayoría de los canales de televisión israelíes tienen una orientación de izquierda. Solo hay uno que se inclina hacia la derecha, una especie de “Fox News” israelí, que se llama Canal 14. Prácticamente todas las encuestas preveían que el bloque de Netanyahu obtendría menos escaños que la oposición, el llamado “bloque del cambio”. Pero eso no fue lo que sucedió».
Las diferencias entre las previsiones y los resultados también alteraron las probabilidades que registraba Kalshi, una plataforma dedicada a los mercados de predicciones. Días antes de las elecciones, Gadi Eisenkot tenía entre un 45 % y un 50 % de probabilidades de convertirse en primer ministro. La posibilidad de que ningún candidato consiguiera formar gobierno y fuera necesario repetir las elecciones se situaba cerca del 0 %.
Durante la noche electoral, las cifras cambiaron. «Eisenkot cayó hasta el 14 %, por debajo de Netanyahu, con una pérdida de 43 puntos porcentuales. Netanyahu alcanzó el 25 %, mientras que la probabilidad de que nadie consiguiera formar gobierno subió hasta el 56 %», indicó Shapiro.
Antes de que concluyera el recuento de los sobres azules de este jueves, el analista consideró que los resultados garantizaban la permanencia de Benjamín Netanyahu al frente del Ejecutivo israelí, aunque todavía no estuviera definida la composición del próximo gobierno.
«El primer ministro Benjamín Netanyahu ha sobrevivido. Seguirá siendo primer ministro de Israel, ya sea al frente de un gobierno interino o de alguna coalición. Todo ello para disgusto de sus adversarios, de los medios de izquierda y, personalmente, de Barak Ravid».
Shapiro atribuyó la resistencia electoral de Netanyahu a las preferencias políticas de la población judía israelí. Rechazó que su permanencia en el poder pudiera explicarse mediante acusaciones de fraude electoral o autoritarismo.
«Netanyahu no ha sobrevivido porque haya falsificado las elecciones ni porque sea un dictador. Ha sobrevivido porque la sociedad israelí se sitúa políticamente entre el centro y la derecha. El 65 % de los judíos israelíes se identifica con la derecha, otro 10 % con el centro y apenas un 22 % se considera de izquierda. La oposición lanzó contra Netanyahu el golpe más fuerte que tenía a su alcance y fracasó».
La distribución parlamentaria tampoco permitió que la oposición alcanzara su objetivo de sustituir al gobierno de derecha. El bloque encabezado por el exjefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot no consiguió la mayoría de 61 diputados necesaria para formar gobierno.
«El bloque de Netanyahu sigue siendo el más grande. Se espera que termine con entre 53 y 57 escaños, mientras que el bloque de Eisenkot obtendría únicamente entre 47 y 49», sostuvo Shapiro.
Los partidos árabes ocuparon una parte considerable de los escaños restantes, favorecidos por una participación electoral cercana al 80 % entre la población árabe. La Lista Conjunta y Balad consiguieron aproximadamente 11 escaños, mientras que Ra’am obtuvo alrededor de seis.
Shapiro también recordó las declaraciones del diputado Osama Saadi, quien dedicó la victoria electoral a los habitantes de Gaza, a Judea y Samaria, a la «Jerusalén ocupada» y a todo el «pueblo palestino». Respecto de Ra’am, recordó que ese partido también se había negado anteriormente a reconocer a Hamás como organización terrorista.
El bloque de derecha, por su parte, perdió votos debido a la participación relativamente baja de los electores haredíes y a que el partido de Ofer Winter no consiguió superar el umbral electoral. Estas circunstancias impidieron que una parte de los sufragios se tradujera en representación parlamentaria.
Pese a esas pérdidas, Shapiro calificó el resultado de la alianza encabezada por Eisenkot como un «fracaso político evidente». La oposición había intentado apartar a Netanyahu del gobierno, pero terminó las elecciones sin una mayoría que le permitiera reemplazarlo.
La situación parlamentaria deja dos escenarios posibles. El primero consiste en convocar nuevas elecciones dentro de unos meses, una posibilidad que, según Shapiro, podría beneficiar al actual primer ministro.
«Netanyahu probablemente saldría fortalecido. Recuperaría los votos que se dispersaron entre distintos partidos y podría beneficiarse de una mayor participación de los haredíes», explicó.
La segunda alternativa sería una coalición de unidad en la que Netanyahu incorporara a una parte del «bloque del cambio», incluso al propio Eisenkot. Ese acuerdo podría exigir que Itamar Ben Gvir quedara fuera del Ejecutivo.
«Eso permitiría formar una coalición amplia, de entre 65 y 70 escaños o incluso más», concluyó Shapiro. En cualquiera de los dos escenarios, Netanyahu conservaría el cargo de primer ministro.










