El papa León XIV advirtió este viernes que la inteligencia artificial puede convertirse en un “instrumento de dominación e injusticia” si el desarrollo tecnológico deja de estar subordinado a la dignidad humana.
Durante un discurso en la UNESCO, en París, sostuvo que las nuevas tecnologías deben permanecer al servicio de las personas. “Nuestros esfuerzos en este ámbito deben garantizar que las nuevas tecnologías sigan al servicio de la persona humana, en lugar de convertirse en un instrumento más de dominación e injusticia”, afirmó.
León XIV centró su intervención en la diferencia entre la capacidad de los sistemas artificiales para procesar información y la experiencia humana. A su juicio, atribuir “inteligencia” a sistemas computacionales plantea una paradoja en sociedades que, al mismo tiempo, tienden a medir a las personas por criterios de eficiencia y productividad.
“Mientras la «inteligencia» se atribuye a los sistemas computacionales, luchamos por reconocer la dignidad inalienable de las personas humanas, cuyas vidas son juzgadas según el criterio de eficiencia y, cuando se consideran ya no productivas, son rechazadas y descartadas”, señaló.
El pontífice también sostuvo que la capacidad de una IA para correlacionar datos no equivale a la búsqueda humana de significado. “Aunque tales sistemas pueden correlacionar datos, no pueden responder preguntas que conciernen al significado de la vida humana, que tiene sus raíces en la experiencia vivida”, dijo. Añadió que “la información es abundante, pero eso no es sinónimo de sabiduría” y advirtió que los sistemas de comunicación pueden amplificar información falsa o vacía de contenido.
En otro discurso durante su visita a Francia, León XIV habló del riesgo de un “paraíso de máquinas” que condicione la vida cotidiana. Planteó como respuesta una educación orientada al discernimiento ético y al reconocimiento del bien moral.
Su posición no plantea detener el desarrollo de la inteligencia artificial. En mayo afirmó: “No temamos a la inteligencia artificial”, pero reclamó que la cuestión humana permanezca en el centro de su desarrollo. Ese mismo mes publicó la encíclica Magnifica Humanitas: Sobre la salvaguardia de la persona humana en la época de la inteligencia artificial, dedicada a los límites éticos y al gobierno de esta tecnología.
En ese texto rechazó equiparar la inteligencia artificial con la inteligencia humana. Reconoció que los sistemas artificiales pueden superar a las personas en velocidad y capacidad de cálculo, pero subrayó que no poseen experiencia corporal, afectos, relaciones ni responsabilidad moral. También afirmó que la conciencia y la libertad humanas deben conservar la responsabilidad sobre los usos y límites de la innovación tecnológica.
La posición de León XIV contrasta con la prioridad que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha dado al liderazgo tecnológico y a evitar restricciones que, a su juicio, frenen el desarrollo de la IA. Esta semana, durante su intervención ante las Naciones Unidas, Trump rechazó las advertencias que considera exageradas y sostuvo que no quiere “sofocar el crecimiento” de una tecnología cuyo impacto podría superar al de la Revolución Industrial.
Las advertencias sobre control y concentración de poder también han aparecido dentro de la propia industria. Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, ha señalado como riesgos tanto la pérdida de control humano sobre sistemas cada vez más capaces como la concentración de un poder excesivo en una sola persona, empresa o país. León XIV sitúa esas preocupaciones dentro de una cuestión más amplia: qué fines debe servir el desarrollo tecnológico y qué límites deben preservar la autonomía y la dignidad humanas.










