La economía china pierde impulso mientras el auge exportador no compensa la crisis inmobiliaria, el consumo débil y la caída de la inversión.
El crecimiento se desacelera por la débil demanda interna china
La economía china perdió impulso entre abril y junio y avanzó a su menor ritmo en más de tres años. Según los datos oficiales publicados el miércoles, el producto interno bruto aumentó un 4,3 % interanual en el segundo trimestre, por debajo del 5,0 % registrado entre enero y marzo. China no mostraba una expansión tan lenta desde finales de 2022, cuando todavía afrontaba las consecuencias económicas de la pandemia de covid-19.
Eswar Prasad, especialista en la economía china de la Universidad Cornell y exjefe de la división de China del Fondo Monetario Internacional, consideró que las cifras muestran problemas más profundos que el descenso de la tasa general de crecimiento. A su juicio, las fragilidades económicas subyacentes han frenado la demanda interna y han mantenido al país en una fuerte dependencia de las exportaciones para sostener su expansión.
El auge exportador, reforzado por la demanda vinculada con la inteligencia artificial, no logró compensar la crisis inmobiliaria, la debilidad del consumo y otros problemas que siguen lastrando la actividad nacional. El contraste entre la fortaleza exterior y el deterioro interno quedó patente en los datos divulgados esta semana, que mostraron una expansión acelerada de los envíos al extranjero frente a una recuperación limitada de los principales indicadores internos.
Indicadores clave de la desaceleración económica de China
- El PIB creció un 4,3 % interanual durante el segundo trimestre.
- Las exportaciones aumentaron un 27 % interanual en junio.
- Los envíos de semiconductores avanzaron más de un 120 %.
- La inversión inmobiliaria cayó un 18 % durante el primer semestre.
- Las ventas minoristas crecieron un 1,0 % interanual en junio.
Las exportaciones tecnológicas avanzan sin impulsar el consumo
Pekín informó a comienzos de la semana de que las exportaciones crecieron un 27 % interanual en junio, impulsadas en gran medida por el sector de la inteligencia artificial. Los envíos de semiconductores aumentaron más de un 120 %. Los fabricantes chinos atraviesan una etapa de fuerte expansión en actividades que abarcan desde los chips hasta los vehículos eléctricos y las baterías industriales.
Al mismo tiempo, las empresas tecnológicas del país desarrollan modelos de inteligencia artificial con resultados destacados en una competencia de alto riesgo con Estados Unidos. Esa prosperidad, sin embargo, apenas alcanza a buena parte de la economía nacional. Dan Wang, directora para China de Eurasia Group, calificó de extraordinario el desempeño de las exportaciones, pero señaló que esos resultados apenas repercuten en la demanda interna.
Wang explicó que los mayores avances exportadores se concentran en una producción industrial intensiva en capital y altamente automatizada. Por esa razón, los beneficios generados por la industria de alta tecnología no llegan directamente a los consumidores. Su capacidad de gasto continúa, además, restringida por el desplome inmobiliario, que ha reducido los ahorros de numerosos hogares y ha limitado su disposición a consumir.
Los jóvenes encuentran cada vez más obstáculos para acceder al empleo, mientras la deflación erosiona los beneficios empresariales. Desde hace años, los economistas reclaman a Pekín reformas de gran alcance para estimular el consumo, reducir el endeudamiento y disminuir la dependencia de la manufactura. El propósito sería corregir el desequilibrio estructural de la segunda mayor economía del mundo, pero las autoridades se han resistido hasta ahora a aplicar transformaciones de esa magnitud.
La expansión manufacturera eleva las tensiones con Europa y EE. UU.
La expansión de la capacidad manufacturera china también alimenta tensiones geopolíticas. En Europa, los dirigentes manifiestan una preocupación creciente por los efectos de la avalancha de productos chinos sobre las industrias locales. La cumbre celebrada en mayo entre el presidente Trump y el líder chino Xi Jinping contribuyó a estabilizar la relación después de la costosa disputa arancelaria del año pasado, aunque las fricciones económicas persisten.
En junio, Estados Unidos propuso nuevos aranceles de al menos el 10 % contra China por preocupaciones relacionadas con el trabajo forzoso. Estas tensiones coinciden con el rápido crecimiento de las exportaciones chinas y con la expansión de sectores como los semiconductores, los vehículos eléctricos, las baterías industriales y otras actividades tecnológicas que ocupan un lugar central en la estrategia manufacturera del país.
La guerra con Irán ha afectado a China menos que a muchas otras economías. Pekín amortiguó el encarecimiento del petróleo mediante una fuerte reducción de las importaciones y el uso de sus reservas. La expansión de los vehículos eléctricos también ha disminuido el consumo nacional de crudo. A la vez, la guerra en Oriente Medio ha incrementado la demanda de exportaciones chinas vinculadas con la tecnología verde, incluidos los paneles solares.
Según Tommy Xie, director de investigación macroeconómica de OCBC Bank en Singapur, China recibe un “apoyo involuntario” de la guerra con Irán, porque numerosos países aceleran la transición hacia las energías renovables. Este impulso exterior refuerza algunos sectores industriales, pero no resuelve los problemas de consumo, inversión y endeudamiento que siguen afectando a la actividad interna.
La caída de la inversión limita la recuperación de la economía
Dentro del país, la inversión mantuvo su trayectoria descendente. Durante el primer semestre, la inversión inmobiliaria se contrajo un 18 % respecto del mismo periodo de 2025, después de haber caído un 16,2 % entre enero y mayo. La inversión en activos fijos disminuyó un 5,7 %, frente al retroceso del 4,1 % acumulado durante los primeros cinco meses.
Otros indicadores ofrecieron una mejora limitada. Las ventas minoristas aumentaron un 1,0 % interanual en junio, tras caer un 0,6 % en mayo. Ese descenso había sido la primera contracción mensual interanual en más de tres años. La producción industrial, beneficiada principalmente por el avance de las exportaciones, creció un 5,3 % en junio, frente al 4,5 % registrado durante el mes anterior.
También se redujo el desempleo juvenil, cuya tasa pasó del 16,3 % en abril al 15,6 % en mayo, según las estadísticas oficiales. Pese a estas mejoras parciales, el deterioro de las perspectivas llevó a Morgan Stanley y ANZ a rebajar al 4,6 % sus previsiones de crecimiento para este año. Wang sostuvo que esos datos no alterarán la estrategia de largo plazo de Pekín.
El Gobierno estableció para 2026 un objetivo de expansión de entre el 4,5 % y el 5,0 %. Wang señaló que el plan consiste en aceptar un crecimiento más lento este año. La meta oficial, la más baja fijada por China en varias décadas, muestra esa disposición y responde, en parte, a la necesidad de afrontar desequilibrios internos como el rápido aumento de la deuda de los gobiernos locales.
Pekín evalúa estímulos y nuevas medidas para elevar el consumo
En fechas recientes, los gobiernos locales han recortado el gasto para contener la expansión de sus obligaciones financieras. La atención se dirige ahora a la reunión del Politburó prevista para finales de julio. Los analistas buscarán indicios de nuevas medidas de estímulo, entre ellas inversiones en infraestructura e iniciativas para fortalecer el consumo, aunque muchos no prevén un respaldo económico sustancial durante la segunda mitad del año.
China presentó esta semana su primer plan quinquenal centrado específicamente en el consumo. La iniciativa aspira a elevar las ventas minoristas anuales hasta cerca de $9 billones en 2030. Tommy Xie consideró, sin embargo, que el objetivo no es especialmente ambicioso, mientras las autoridades intentan impulsar el gasto de los hogares sin abandonar una estrategia económica apoyada en la producción industrial y las exportaciones.
El desafío para Pekín consiste en reducir la dependencia de la manufactura y fortalecer una demanda interna afectada por el desplome inmobiliario, el desempleo juvenil, la deflación y el endeudamiento local. Aunque las exportaciones tecnológicas sostienen la producción industrial y ofrecen apoyo al crecimiento, sus beneficios no llegan de forma directa a amplios sectores de la población ni compensan por completo la debilidad del consumo y la inversión.






