En el entorno de Benjamín Netanyahu preocupa que Gadi Eisenkot consiga formar gobierno en el último momento, pese a los desacuerdos que atraviesan a los partidos del bloque de izquierda. Los allegados al primer ministro no interpretan las exigencias de Avigdor Liberman ni el silencio de Naftali Bennett como una garantía de que las negociaciones terminarán sin acuerdo. Por el contrario, temen que las disputas desemboquen en concesiones capaces de permitir la investidura de un nuevo Ejecutivo.
La sospecha de quienes rodean a Netanyahu es que los partidos intentan reducir el margen de negociación de Eisenkot mediante condiciones y líneas rojas que han hecho públicas durante los últimos días. Atribuyen a esa presión un propósito político concreto: obtener compromisos de mayor alcance antes de aceptar una coalición. Entre las posibilidades que contemplan figura incluso un acuerdo para alternarse en la jefatura del Gobierno.

Liberman concentra buena parte de las sospechas. Sus recientes condiciones para participar en un gobierno son vistas por el entorno de Netanyahu como una forma de presionar a Eisenkot, más que como una mera exposición de principios. Las dudas también alcanzan a Bennett, cuya falta de pronunciamientos claros alimenta la impresión, entre esos mismos interlocutores, de que prefiere observar el desarrollo de las conversaciones sin descartar ninguna opción.
Ese diagnóstico no tranquiliza a los colaboradores del primer ministro. Consideran que los partidos implicados carecen de interés en volver a las urnas y que aumenta la presión ciudadana para que se forme un gobierno. Por ello, calculan que una negociación difícil podría desembocar en un entendimiento justo antes de que Eisenkot deba devolver el mandato, con el consiguiente establecimiento de un nuevo Ejecutivo.

Mientras tanto, Netanyahu mantiene su llamamiento a un gobierno de unidad y rechaza una coalición cuya continuidad dependa de los partidos árabes. En su círculo explican que ambos mensajes también se dirigen a los futuros diputados de los partidos de Eisenkot, Liberman y Bennett: pretende hacerles saber que existe otra posibilidad si se oponen a una fórmula sustentada en esas fuerzas parlamentarias.
Los colaboradores de Netanyahu prevén que algunos de esos diputados puedan verse sometidos a presiones para respaldar una coalición apoyada por los partidos árabes o renunciar a sus escaños. A su juicio, presentar una alternativa de unidad podría reforzar la resistencia de quienes no comparten esa opción. La evolución de los contactos entre Eisenkot y Liberman, junto con la postura que finalmente adopte Bennett, permanece bajo observación en el entorno del primer ministro. Allí consideran que las tensiones internas todavía pueden modificar el resultado mientras no haya un gobierno investido.










