La salida de Aryeh Deri de la próxima Knéset ha provocado inquietud en el Likud. Benjamín Netanyahu teme que se debilite la autoridad del dirigente de Shas, con quien ha sabido entenderse políticamente. La preocupación también alcanza a las figuras que podrían ganar influencia dentro del partido, especialmente a personas del entorno del rabino Yitzhak Yosef, poco favorables al primer ministro.
Deri no abandonará la presidencia de Shas. Su decisión de no ocupar un escaño le permite responder de forma simbólica por el mal resultado electoral de su partido y, al mismo tiempo, evitar la obligación de acudir al Parlamento. Durante la legislatura anterior apenas frecuentó la Knéset y nunca ocultó su desagrado por pasar tiempo en sus instalaciones.
La retirada parlamentaria tampoco le impide decidir quiénes integrarán la bancada. La semana pasada comunicó a Moshe Abutbul y Dror Amos que no continuarían en la lista para la próxima Knéset. En su lugar está previsto que entren Uriel Buso y Yossi Taieb. Así, Deri conserva la dirección de Shas y el control sobre su representación parlamentaria sin formar parte personalmente de ella.
En el Likud, ese reajuste no ha sido recibido con agrado. El antiguo lema “Bibi necesita a un Aryeh fuerte” ha vuelto a cobrar sentido en el entorno de Netanyahu: el primer ministro conoce la manera de negociar con Deri y considera que su fortaleza dentro de Shas resulta favorable para la relación entre los dos partidos.
La inquietud se relaciona, además, con sectores próximos al rabino Yitzhak Yosef que no sienten simpatía por Netanyahu. Aunque Deri mantenga formalmente la jefatura del partido, una pérdida de su poder interno podría repercutir en los vínculos políticos entre Shas y el Likud.










