El presidente del Partido Público Haredí, Moti Leitner, asumió personalmente la responsabilidad por el fracaso de su formación en las elecciones a la 26.ª Knéset de Israel. En una carta abierta a sus activistas publicada el jueves, reconoció que los aproximadamente 10.000 votos obtenidos no bastaron para convertir a su partido en una opción electoral para muchos haredíes que compartían sus propuestas. Pese al resultado, afirmó que seguirá en la política y que intentará recuperar su confianza en futuras elecciones.
“Quiero pedir perdón. Y dar las gracias. Pedir perdón porque fracasamos. Yo fracasé. No superamos la prueba de los resultados”, escribió. Leitner distinguió entre el respaldo recibido de sus votantes y la incapacidad de atraer a decenas de miles de haredíes que, aunque se identificaban con su orientación y su mensaje, terminaron por votar a partidos no haredíes. “Asumo la responsabilidad y haremos todo lo posible para merecer su confianza la próxima vez”, aseguró.
El dirigente explicó que su candidatura buscaba intervenir en problemas que, a su juicio, la sociedad haredí ha dejado sin resolver durante décadas. Entre ellos mencionó la discriminación, la situación del reclutamiento militar que ha desembocado en detenciones de estudiantes de academias talmúdicas y lo que calificó como una profanación del nombre de Dios a raíz de esos hechos.
También criticó la pobreza que, en sus palabras, se ha convertido en una ideología dentro de su comunidad y obliga a cientos de miles de personas a recurrir a fondos de préstamos sin intereses al final de cada mes. Añadió el trato humillante que reciben estudiosos de la Torá cuando expresan posiciones distintas y las limitadas herramientas que los graduados del sistema educativo haredí tienen a su disposición antes de entrar al mercado laboral.
Leitner definió su participación electoral como una misión dolorosa destinada a sacar a la luz esas dificultades internas. Admitió que la denuncia de tales problemas provocó resistencia, aunque sostuvo que su partido nunca esperaba resolverlos en poco tiempo. Para él, los cambios que pretende impulsar requieren un proceso prolongado y difícil.
En cuanto a la campaña, aceptó que hubo decisiones equivocadas “más de una vez”. Reconoció que algunos mensajes debieron expresarse con mayor moderación, aunque también recordó que otras personas reclamaban un discurso más severo. Señaló, además, que ciertas alianzas habrían podido reducir el temor de posibles simpatizantes a desperdiciar su voto. Se comprometió a realizar una evaluación interna que examine tanto los errores como los logros de la campaña y permita extraer conclusiones para el futuro.
El líder haredí dedicó parte de su carta a los votantes, activistas, colaboradores de campaña, integrantes de la candidatura y familiares que lo acompañaron. A quienes lo respaldaron pese a la presión, el miedo y las advertencias de que su voto sería inútil, les dijo: “Ustedes son el corazón de este movimiento”.
Aunque durante la campaña cuestionó duramente a la dirigencia política haredí, felicitó a los representantes elegidos para la nueva Knéset, en particular a los haredíes, y les deseó éxito y ayuda divina en su labor. Negó que la iniciativa política de su partido tuviera como propósito enfrentarse a personas concretas: afirmó que su lucha estaba dirigida a mejorar la situación de su comunidad y del conjunto del pueblo de Israel.
La carta terminó con una oración por los alumnos de las academias religiosas, para que puedan continuar sus estudios de la Torá sin interferencias, y por la seguridad de los soldados de las Fuerzas de Defensa de Israel y de los miembros de los cuerpos de seguridad. Leitner recordó una enseñanza de los sabios según la cual nadie está obligado a concluir la tarea, pero tampoco puede renunciar a ella. “Este camino no terminó el día de las elecciones. Apenas ha comenzado. Volveremos”, concluyó.










