Avigdor Liberman está dispuesto a negociar con los partidos haredíes una salida al conflicto por el reclutamiento militar para facilitar la formación de un gobierno que sustituya al de Benjamin Netanyahu. La decisión supone un cambio en la relación política con esas formaciones: en 2019, el presidente de Israel Beitenu rechazó incorporarse a un Ejecutivo encabezado por Netanyahu debido precisamente a las diferencias sobre el servicio militar de los haredíes.
Este domingo, Liberman defendió la posibilidad de alcanzar compromisos, pese a las críticas que ha recibido por apartarse de una posición que ocupó un lugar central en su actividad política durante años. Sostuvo que los resultados electorales obligan a considerar acuerdos que permitan evitar nuevas elecciones. “Estar dispuesto a una concesión no significa renunciar a valores y principios”, afirmó.
Entre las alternativas que considera figuran el proyecto de reclutamiento que presentó en 2018, el informe Shkedi y la propuesta elaborada por la coalición actual. Liberman considera que su propia iniciativa de 2018 también necesita modificaciones a raíz de los acontecimientos del 7 de octubre. Por eso, aunque mantiene su defensa de una ley de reclutamiento para todos, admite la posibilidad de revisar las fórmulas que antes había rechazado.
El dirigente insistió en que cualquier negociación debe respetar su compromiso con quienes prestan servicio militar. “No he renunciado al principio del reclutamiento ni al compromiso de ampliar los beneficios y mejorar la situación de los reservistas y de los militares de carrera”, declaró. A su juicio, terminar con la etapa política de Netanyahu sin convocar nuevamente a los electores requiere decisiones difíciles y flexibilidad en los asuntos que permitan llegar a entendimientos.
Liberman también respondió a quienes cuestionan sus contactos con los haredíes. Acusó a una serie de comentaristas, periodistas partidistas, bots y personas con prejuicios de participar en lo que calificó de “desfile de disparates”. Añadió que algunas intervenciones tenían incluso un marcado tono racista.
Su disposición a pactar con los partidos religiosos no incluye aceptar un gobierno que dependa del apoyo de Raam y de la Lista Conjunta. Liberman reprochó a parte de sus críticos que prefieran esa alternativa y la descartó expresamente: “Eso no ocurrirá. No contribuiré a formar un gobierno así, que a mi juicio perjudicaría la seguridad y devolvería a Netanyahu al poder”.
En su explicación, recordó que desde 2019 ha recibido propuestas políticas del bloque contrario y negó que sus movimientos respondan a cálculos personales o al propósito de perjudicar a otros dirigentes. Tampoco presentó la jefatura del Gobierno como una aspiración que deba imponerse a cualquier condición. “No actúo por una ambición personal de ser primer ministro a cualquier precio. Siempre he subrayado que, para mí, es una opción y no una obsesión”, expresó.
Liberman cerró su declaración con una afirmación de compromiso con el interés del país, pero quedó abierta la cuestión decisiva para un posible acuerdo: cuánto estaría dispuesto a conceder en el reclutamiento de los haredíes y de qué manera podrían conciliarse esas concesiones con los límites que había establecido en años anteriores.










