El exfiscal general de Israel Avichai Mandelblit reconoció este lunes ante el Tribunal de Distrito de Jerusalén que no recuerda haber firmado físicamente la acusación corregida contra el primer ministro Benjamín Netanyahu. Su declaración surgió durante un interrogatorio de la defensa en el que el abogado Amit Hadad cuestionó la procedencia de las firmas que figuran en ese documento. Mandelblit aseguró, no obstante, que había examinado el texto modificado y autorizado su presentación.
El desacuerdo se concentra en una cuestión concreta: si la firma que aparece en la versión revisada procede de una nueva intervención de Mandelblit o de la reproducción de la que ya constaba en la acusación original. Para la defensa, la semejanza entre ambas firmas indica que se realizó una operación de copia y pegado. El exfiscal general, por su parte, sostuvo que el acto decisivo era la aprobación del documento, no necesariamente la repetición material de su firma.
Hadad presentó ante el tribunal las dos versiones de la acusación y dirigió la atención a la apariencia de los trazos. Se detuvo en particular en una mancha de tinta de la primera letra del nombre, cuya forma, de acuerdo con su planteamiento, se repetía exactamente. El abogado argumentó que una coincidencia gráfica de esa naturaleza no podía explicarse por dos firmas manuscritas independientes. También afirmó que se habían trasladado al texto corregido las firmas de otras personas que intervenían en el documento.
La defensa preguntó entonces si Mandelblit había autorizado a alguien a firmar en su nombre. Él respondió que no, pero insistió en que sí recordaba haber leído y aprobado la acusación corregida. Al ser interrogado sobre su participación personal en el acto de firmar, diferenció ambos documentos: conservaba memoria de haber firmado el original, pero no de haber puesto su firma de puño y letra en la nueva versión.
A partir de esa respuesta, Hadad sostuvo que la conclusión era que Mandelblit no había firmado la acusación corregida. El testigo respondió “De acuerdo”. El intercambio no resolvió si se produjo la reproducción material denunciada por la defensa ni estableció por sí solo qué consecuencias jurídicas tendría el procedimiento utilizado.
La discusión continuó cuando el abogado quiso determinar si el exfiscal general había intervenido personalmente en una eventual incorporación de la firma desde el documento anterior. Mandelblit explicó que, a su entender, una firma insertada por otra persona podía satisfacer la exigencia legal siempre que existiera su consentimiento. Como ejemplo, señaló que también habría considerado válida una instrucción suya para colocar en el documento una reproducción de su firma.
La posición que defendió Mandelblit separa la autorización para presentar la acusación de la operación técnica con la que se incorpora una firma. Afirmó que el consentimiento podía expresarse verbalmente y reiteró que había autorizado el contenido revisado. De ese modo rechazó que la ausencia de un recuerdo sobre la firma manuscrita equivaliera a una falta de aprobación de la acusación.
Hadad planteó además la posibilidad de que la firma hubiera sido reproducida sin conocimiento expreso de su titular. Le reprochó al testigo que tampoco recordara una eventual falsificación de su firma. Mandelblit respondió nuevamente que no lo recordaba. Esa contestación se refirió a su memoria de los hechos y no constituyó una confirmación de que hubiera existido una falsificación.
Más adelante, el abogado cuestionó incluso la revisión del contenido. Afirmó que Mandelblit no había comprobado el texto corregido, no lo había leído y tampoco había verificado si satisfacía los requisitos exigidos. Esa acusación contradice la declaración anterior del exfiscal general, quien había dicho expresamente que sí leyó y autorizó el documento. El relato del intercambio no incluye una respuesta suya a esa última imputación.
La guerra se relaciona con las condiciones legales para actuar penalmente contra un primer ministro en ejercicio. Durante su declaración, Mandelblit distinguió entre el consentimiento requerido para abrir una investigación y las formalidades aplicables a la presentación de una acusación. En su interpretación, la autorización para iniciar la investigación podía otorgarse oralmente; la presentación del escrito acusatorio, en cambio, estaba sometida a exigencias formales más estrictas.
La defensa intenta demostrar que esas exigencias no se cumplieron debidamente al modificar la acusación del denominado caso 4000. Su argumento no se limita al parecido visual entre las firmas: también cuestiona si la versión corregida recibió una aprobación y una comprobación efectivas antes de llegar al tribunal. Si se acreditara una irregularidad, los abogados de Netanyahu pretenden que se examine su incidencia en la validez del procedimiento.
Mandelblit mantuvo la posición contraria respecto de su participación: afirmó que dio la autorización necesaria y que el mecanismo utilizado para reproducir una firma, por sí mismo, no anulaba esa conformidad. La decisión sobre si existió un defecto al presentar la acusación corregida, y sobre sus posibles efectos en el proceso, corresponde a los magistrados del Tribunal de Distrito de Jerusalén.










