Los gobiernos árabes del golfo Pérsico han recibido advertencias de Estados Unidos para que adopten medidas de protección ante una posible nueva campaña militar contra Irán desde el miércoles 4 de noviembre de 2026. La fecha se sitúa inmediatamente después de las elecciones legislativas estadounidenses del martes 3. Tres altos funcionarios de países de la región, al tanto de las conversaciones con Washington, describieron los preparativos como una ofensiva de duración limitada y ataques concentrados contra numerosos objetivos iraníes.
La información, conocida entre la noche del 30 y la mañana del 31 de octubre, ha incrementado los contactos diplomáticos de los gobiernos del Golfo con la administración de Donald Trump. Sus principales preocupaciones son las represalias con misiles y drones contra bases que albergan fuerzas estadounidenses, las instalaciones petroleras y gasísticas, los aeropuertos y otras infraestructuras estratégicas. Las advertencias no constituyen una confirmación de que el presidente haya ordenado iniciar los bombardeos en esa fecha.
Washington mantiene sus fuerzas regionales en preparación mientras Qatar trata de conseguir un entendimiento nuclear que permita evitar otra fase de la guerra. El almirante Brad Cooper, jefe del Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM), presentó el 29 de octubre al presidente una evaluación militar y las opciones disponibles. La posible ofensiva se examina después de una pausa en los ataques directos estadounidenses contra Irán iniciada en septiembre.
Los aliados del Golfo se preparan para posibles represalias iraníes
La advertencia estadounidense abre un problema inmediato para los países que mantienen acuerdos militares con Washington. Baréin, Qatar, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos albergan instalaciones utilizadas por las fuerzas estadounidenses para labores de mando, operaciones aéreas y navales, mantenimiento, comunicaciones y abastecimiento. Esas mismas instalaciones podrían convertirse en objetivos de Irán si prestan apoyo a nuevos ataques.
Uno de los tres funcionarios árabes que participaron en las conversaciones indicó a MS NOW que determinados gobiernos podrían negarse a autorizar el uso de las bases situadas en su territorio para lanzar la ofensiva. Las autoridades regionales buscan impedir que sus relaciones de defensa con Estados Unidos conduzcan a nuevos ataques iraníes sobre sus países.
Los temores tienen antecedentes directos en la guerra iniciada a finales de febrero de 2026. Teherán respondió a los bombardeos estadounidenses e israelíes con ataques contra emplazamientos militares y otros objetivos del Golfo. La infraestructura de la Quinta Flota estadounidense en Manama, capital de Baréin, sufrió daños durante aquellas operaciones. Persisten desperfectos en las instalaciones navales, y comercios que dependían del consumo de militares estadounidenses y sus familias han reducido sus actividades.
Arabia Saudita, Qatar, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos también consideran especialmente vulnerables sus instalaciones de producción, procesamiento y exportación de hidrocarburos. Las autoridades iraníes han advertido que, si Estados Unidos vuelve a bombardear su infraestructura energética, podrían actuar contra las instalaciones petroleras y gasísticas de otros países de la región. Esta amenaza obliga a reforzar la defensa antiaérea de emplazamientos que concentran una parte importante de la actividad económica de los Estados afectados.
La inquietud se expresó públicamente durante el Diálogo de Manama de este sábado. El ministro adjunto saudí de Asuntos Exteriores, Waleed ElKhereiji, defendió las gestiones regionales para recuperar la paz y llegar a un acuerdo con Irán. El canciller egipcio, Badr Abdelatty, advirtió que otra etapa de enfrentamientos podría causar una destrucción superior a la de las anteriores. Ambos respaldaron la vía diplomática en un momento en que los países árabes preparan medidas defensivas.
El 4 de noviembre aparece como posible fecha para reanudar los ataques
Las comunicaciones más recientes han dado una fecha concreta a las advertencias estadounidenses de los últimos días. Ya el 28 de octubre, dos diplomáticos familiarizados con los mensajes recibidos por gobiernos de Oriente Medio describieron solicitudes para preparar la protección de instalaciones estratégicas ante una posible reanudación de los bombardeos tras las elecciones. La referencia al 4 de noviembre sitúa ese escenario un día después de la votación del Congreso estadounidense.
Los funcionarios del Golfo describieron a MS NOW una campaña de varios días, con una elevada concentración de ataques. El propósito atribuido a los planes militares es ejercer presión sobre Teherán mediante operaciones de alta intensidad durante un periodo breve. Los gobiernos que recibieron las advertencias consideran, sin embargo, que los ataques de respuesta iraníes y la intervención de organizaciones armadas aliadas de Teherán podrían prolongar la guerra.
La Casa Blanca evitó confirmar planes de combate concretos. Un funcionario de la administración reiteró que Trump conserva las opciones necesarias para impedir que Irán obtenga armas nucleares. El presidente había indicado previamente que no reanudaría los ataques antes de las elecciones estadounidenses y ha mantenido abierta la posibilidad de recurrir nuevamente a la fuerza si fracasan las conversaciones con Teherán.
La cercanía de la fecha obliga a los países aliados a revisar sus disposiciones de defensa antiaérea, los protocolos de protección de bases y aeropuertos y la preparación de los servicios de emergencia. La advertencia permite adoptar medidas antes de que exista una orden de ataque, pero también incrementa la presión política para alcanzar un acuerdo que evite una nueva escalada.
Brad Cooper expuso a Trump las alternativas militares y la situación de Ormuz
Dos días antes de que trascendieran las advertencias sobre el 4 de noviembre, el almirante Brad Cooper acudió a la Casa Blanca. En la reunión del jueves 29 de octubre participaron el secretario de Defensa, Pete Hegseth; el presidente del Estado Mayor Conjunto, general Dan Caine; y otros responsables de seguridad nacional. El comandante del CENTCOM examinó el estado de las operaciones contra Irán y las posibilidades de reanudar una ofensiva.
También estuvieron presentes el vicepresidente JD Vance, el secretario del Tesoro Scott Bessent, el secretario de Energía Chris Wright y el enviado presidencial Steve Witkoff. Parte de las conversaciones se dedicó al bloqueo naval estadounidense sobre Irán y a los procedimientos destinados a mantener el tránsito de petroleros por el estrecho de Ormuz. La evaluación reunió, por tanto, aspectos militares, comerciales y económicos de la confrontación.
Los planes estudiados por las fuerzas estadounidenses contemplan una campaña más amplia que los ataques limitados de otras fases. Funcionarios consultados por CNN el 25 de octubre describieron una capacidad para iniciar operaciones importantes dentro de las 96 horas posteriores a una orden presidencial. Entre las posibles categorías de objetivos figuran instalaciones estratégicas iraníes, además de radares, lanzadores y sistemas militares susceptibles de reparación o sustitución.
Israel forma parte de los preparativos. El primer ministro Benjamín Netanyahu ha solicitado a Trump, de acuerdo con funcionarios citados por Axios, autorización para una operación conjunta inmediatamente después de las elecciones estadounidenses. Una acción coordinada permitiría organizar ataques desde diferentes plataformas y preparar la defensa ante misiles lanzados en represalia. La solicitud no equivale a una autorización presidencial confirmada.
La nueva planificación se produce después de ocho meses de hostilidades. Desde finales de febrero, la campaña ha incluido bombardeos contra instalaciones nucleares y militares iraníes, ataques a defensas antiaéreas, enfrentamientos navales y respuestas contra emplazamientos estadounidenses. Los nuevos preparativos persiguen elevar la presión sobre el Gobierno iraní con una fase de ataques más concentrada.
El Pentágono acumula refuerzos aéreos, navales y antimisiles
Estados Unidos ha efectuado movimientos militares durante octubre para aumentar sus recursos de ataque y protección en Oriente Medio. Entre ellos figura el traslado de una batería Patriot desde Texas hacia Israel, conocido el 27 de octubre. El refuerzo amplía las capacidades para hacer frente a misiles balísticos y otras amenazas aéreas junto a los sistemas defensivos presentes en la región.
Las medidas también comprenden el desplazamiento de personal desde determinados emplazamientos vulnerables y el aumento de reservas de municiones, combustible y suministros. El Pentágono necesita sostener al mismo tiempo una eventual ofensiva y la protección de sus unidades si Irán responde contra distintos objetivos. Los aviones cisterna proporcionan autonomía adicional a cazas y bombarderos; las unidades navales pueden asumir tareas de vigilancia, ataque y defensa contra misiles.
A finales de septiembre se dispuso el envío desde San Diego del portaaviones USS Theodore Roosevelt y varios buques anfibios con unidades del Cuerpo de Marines. El conjunto moviliza aproximadamente 9.000 efectivos. Conforme se complete la concentración, la presencia naval estadounidense podría superar los 20.000 marinos e integrantes de los Marines, con centenares de aeronaves asociadas al despliegue.
Los buques dotados del sistema Aegis proporcionan capacidades de radar e interceptación desde el mar. Las baterías Patriot y THAAD ofrecen defensa desde tierra. Su funcionamiento depende de la disponibilidad de misiles interceptores, cuya reposición ha adquirido importancia después de los ataques iraníes de las fases anteriores de la guerra. Los países árabes intentan recuperar sus existencias defensivas y proteger simultáneamente instalaciones dispersas por territorios extensos.
El Instituto Internacional de Estudios Estratégicos ha advertido de las limitaciones de suministro y reposición de municiones antimisiles en una campaña de estas características. El problema afecta tanto a Estados Unidos como a sus aliados: un enfrentamiento prolongado obligaría a distribuir interceptores entre bases militares, ciudades, instalaciones energéticas y corredores de transporte.
Irán prepara sus misiles y amenaza a las bases utilizadas por Washington
Teherán ha respondido a la perspectiva de una nueva ofensiva con instrucciones de preparación militar. Este sábado, el líder supremo Mojtaba Jameneí pidió a las fuerzas armadas mantener su disposición de combate y revisar la relación de objetivos estadounidenses e israelíes. En una reunión con mandos militares defendió la posibilidad de responder de inmediato ante nuevas amenazas, de acuerdo con las declaraciones difundidas por la agencia estatal IRNA.
Las fuerzas iraníes conservan misiles balísticos, drones y recursos navales capaces de afectar objetivos regionales. Sus advertencias incluyen instalaciones militares vinculadas a Estados Unidos e Israel y objetivos económicos de los países que faciliten los ataques. Irán también ha señalado que podría actuar contra infraestructuras petroleras y gasísticas regionales si su propia industria energética vuelve a ser bombardeada.
La respuesta iraní no se limita a los emplazamientos terrestres. En fases anteriores de la guerra, sus unidades navales y medios costeros restringieron el tráfico comercial por el golfo Pérsico y el estrecho de Ormuz. Esas operaciones demostraron que una nueva fase de hostilidades también podría afectar la circulación de buques y la exportación de hidrocarburos.
La violencia se ha extendido además a otras zonas de la región. Durante octubre, las fuerzas hutíes de Yemen atacaron aeropuertos e instalaciones petroleras saudíes. Una coalición encabezada por Arabia Saudita efectuó bombardeos de respuesta contra posiciones hutíes. La posibilidad de nuevos ataques estadounidenses preocupa a los gobiernos árabes también por la intervención de esas organizaciones armadas y la ampliación geográfica de la guerra.
Qatar intenta reabrir las negociaciones nucleares antes de la ofensiva
Mientras avanzan los preparativos militares, Qatar encabeza contactos destinados a evitar la reanudación de los bombardeos. Una delegación qatarí mantuvo el viernes 30 de octubre más de doce horas de conversaciones con representantes iraníes en Teherán. Durante esas reuniones, los mediadores estuvieron en comunicación con la Casa Blanca y comunicaron avances en la búsqueda de condiciones para retomar un diálogo directo entre Washington y Teherán.
Los contactos continuaron este sábado en Doha, a donde llegó una delegación iraní que incluye a un adjunto del ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi. Los entendimientos preliminares descritos por el diario qatarí Al-Araby Al-Jadeed abarcan cuestiones nucleares, la circulación marítima por Ormuz e incentivos económicos para Irán. Pakistán también interviene en las gestiones, y se ha mencionado a China y Rusia como posibles garantes de un eventual acuerdo.
Entre las propuestas figura el regreso de inspectores del Organismo Internacional de Energía Atómica a instalaciones nucleares iraníes bombardeadas durante la guerra. A cambio, Washington podría adoptar determinadas medidas de alivio de sanciones. El propósito es establecer compromisos recíprocos que puedan ponerse en práctica en los próximos días, sin esperar a una solución completa de todos los asuntos pendientes.
Irán exige asimismo el levantamiento del bloqueo naval estadounidense, el desbloqueo de fondos congelados y la recuperación de sus exportaciones petroleras. La administración Trump busca garantías relacionadas con el programa nuclear iraní. Estas demandas han dificultado anteriores negociaciones y constituyen el principal objeto de la mediación.
La administración estadounidense no mantiene una posición uniforme sobre las perspectivas del diálogo. Funcionarios consultados por Axios atribuyen a Hegseth y al secretario de Estado, Marco Rubio, escasa confianza en alcanzar un acuerdo nuclear satisfactorio con el actual Gobierno iraní. Vance, Witkoff y Jared Kushner se inclinan por reactivar las conversaciones; Bessent favorece sostener la presión económica antes de otra campaña de bombardeos.
Arabia Saudita, Turquía, Egipto, Irak y Pakistán también han realizado gestiones para promover una salida negociada. Sus gobiernos buscan impedir que los enfrentamientos vuelvan a alcanzar territorios árabes o se extiendan a nuevos escenarios. El plazo señalado por las advertencias estadounidenses concede especial importancia a las conversaciones que se desarrollan en Doha.
El bloqueo naval y los ataques a buques complican la negociación
El estrecho de Ormuz constituye una de las diferencias principales entre Washington y Teherán. Irán ha utilizado sus medios militares para obstaculizar la navegación desde el inicio de la guerra, y Estados Unidos ha aplicado un bloqueo sobre las exportaciones iraníes. Ambos países mantienen actividades navales que repercuten en la circulación de petróleo, gas y otras mercancías por las rutas del golfo Pérsico.
Durante los últimos meses, las unidades estadounidenses han establecido operaciones de acompañamiento y protección para buques que cruzan el estrecho. La misión combina embarcaciones militares, aviación, vigilancia y defensa antiaérea. La actividad comercial recuperó hacia mediados de octubre alrededor del 80 % del volumen de exportaciones petroleras previo a la guerra, de acuerdo con la información recogida por The Washington Post el 30 de octubre.
Esa recuperación no ha puesto fin a los ataques. Durante octubre, Irán atacó al menos veinticinco embarcaciones y dos de ellas se hundieron, conforme a la documentación examinada por ese periódico. Entre los procedimientos empleados se encuentran ataques dirigidos a zonas esenciales de los buques, incluidas sus salas de máquinas. Las empresas navieras afrontan también mayores dificultades para asegurar las cargas y mantener itinerarios comerciales regulares.
La posibilidad de una nueva ofensiva estadounidense amenaza los avances en la circulación marítima. Las fuerzas de Irán todavía pueden atacar embarcaciones o interrumpir rutas, mientras la Marina estadounidense necesita conservar unidades dedicadas a escolta y protección. Más hostilidades podrían exigir nuevos recursos de defensa en el estrecho y elevar los costes de transporte.
Los precios del petróleo y los gastos logísticos ya se han visto afectados por la reducción del tráfico y los daños sufridos en instalaciones regionales. Para los países árabes exportadores de hidrocarburos, la seguridad del transporte marítimo representa un interés económico inmediato. La protección de los corredores comerciales forma parte, por esa razón, de sus gestiones para evitar el regreso a una campaña de ataques a gran escala.
La guerra y las elecciones aumentan la presión sobre Trump
La guerra con Irán llega a las elecciones legislativas estadounidenses del 3 de noviembre después de ocho meses de enfrentamientos. Los precios de los combustibles y el gasto militar han adquirido importancia en la discusión política interna. El Pentágono trasladó al Congreso una estimación de $47 100 000 000 en costes acumulados relacionados con las operaciones contra Irán.
Trump ha sostenido que la guerra está cerca de terminar, aunque mantiene como condición impedir que Teherán desarrolle armas nucleares. En una entrevista con la emisora KCMO de Kansas City, el viernes 30 de octubre, reiteró su expectativa de una conclusión próxima y reclamó garantías sobre las actividades nucleares iraníes. Sus declaraciones coincidieron con los preparativos defensivos comunicados a los aliados árabes.
La estrategia de Washington combina presión económica y disponibilidad de fuerzas militares. El bloqueo naval restringe las exportaciones iraníes y afecta los ingresos del país. El despliegue regional proporciona los medios necesarios para ejecutar ataques si el presidente los autoriza. Qatar intenta convertir esa presión en compromisos sobre inspecciones nucleares, sanciones y circulación marítima antes de que comience otra operación.
La advertencia de posibles bombardeos desde el miércoles 4 de noviembre ha obligado a los aliados del Golfo a prepararse para un nuevo periodo de riesgo. Estados Unidos examina una ofensiva breve e intensa, Irán ha ordenado mantener sus fuerzas listas para responder y varios gobiernos árabes estudian cómo impedir ataques contra sus bases e instalaciones energéticas. La negociación en Doha continúa abierta, sin que se haya anunciado una decisión definitiva de Washington sobre el inicio de las operaciones.










