Donald Trump aseguró este viernes que la confrontación con Irán terminará “muy pronto”, y reiteró que Estados Unidos no permitirá que Teherán disponga de armas nucleares. El presidente formuló su pronóstico durante una entrevista radiofónica, en una jornada marcada por nuevas advertencias de Washington sobre el programa atómico iraní y por declaraciones de funcionarios estadounidenses acerca de las presiones económicas contra la República Islámica.

“La historia de Irán terminará muy pronto”, afirmó Trump. También insistió: “Debemos garantizar que Irán nunca tenga armas nucleares”. Al abordar la posibilidad de dialogar con las autoridades iraníes, reconoció que no sabe con quién hablar en Teherán porque, en sus palabras, “muchos dirigentes iraníes ya no están”.
El mandatario había planteado el 9 de octubre dos desenlaces para la guerra: un acuerdo que satisfaga las exigencias de Estados Unidos o la continuación de las operaciones militares. En aquella entrevista sostuvo que la prohibición de que Irán obtenga armamento nuclear no era negociable y afirmó que los ataques estadounidenses e israelíes habían dañado gravemente sus capacidades militares. A finales de septiembre ya había presentado públicamente la alternativa entre un nuevo ataque y un entendimiento con Teherán.

La posición estadounidense también fue expuesta ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Mike Waltz, embajador de Estados Unidos ante la ONU, declaró ante la delegación iraní que su país y sus socios no consentirán que el régimen adquiera una capacidad nuclear militar. “El mundo debe escucharlo alto y claro: Estados Unidos y sus socios nunca permitirán que Irán obtenga un arma nuclear. Punto final”, afirmó.
Waltz acusó a Irán de eludir la cooperación con el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y de impedir una supervisión internacional adecuada de sus instalaciones. Rechazó que las acusaciones contra otros países sustituyan las respuestas sobre el programa nuclear iraní. Recordó que Rafael Grossi, director general del OIEA, exige datos verificables y acceso a las instalaciones, no discursos políticos.

El secretario del Tesoro, Scott Bessent, describió otra dimensión de la estrategia estadounidense durante una entrevista con CNBC. Afirmó que las medidas de aislamiento económico dificultan a Teherán conseguir dólares, pagar los salarios de los miembros de la Guardia Revolucionaria y transferir recursos a Hamás, Hezbolá y los hutíes.
Bessent sostuvo que las restricciones a las exportaciones petroleras afectan a una fuente fundamental de ingresos del Gobierno iraní. “Ahora, tanto en público como en conversaciones privadas, la Guardia Revolucionaria está muy preocupada. Hablan de un colapso”, dijo. Agregó que evaluaciones internas de la Administración contemplan una contracción de hasta el 25 % de la economía iraní en un año. Identificó como objetivo cortar los recursos destinados a la actividad militar de Teherán y al respaldo que presta a organizaciones armadas de Oriente Medio.

Una propuesta distinta procede del senador republicano Ted Cruz. Después de pasar el jueves con Trump y conversar sobre la amenaza iraní, Cruz afirmó que el presidente desea eliminar ese peligro. El senador reiteró su llamamiento a proporcionar armas a los manifestantes iraníes para facilitar el derrocamiento del Gobierno de Teherán.
Cruz ya había defendido en agosto el suministro de armamento a manifestantes y a grupos de la minoría kurda contrarios a las autoridades iraníes. En una entrevista televisiva explicó que su propuesta pretendía dar a los propios iraníes medios para sustituir al régimen sin desplegar tropas terrestres estadounidenses.

Las advertencias políticas coinciden con las limitaciones de la inspección internacional del programa nuclear. En una sesión especial del Consejo de Seguridad, Grossi expuso que el OIEA no ha detectado indicios de obras para restaurar o reconstruir los emplazamientos nucleares alcanzados por los bombardeos de Estados Unidos e Israel durante 2025 y 2026.
El director del organismo precisó que esa observación no permite certificar el estado real de las instalaciones: sin acceso físico de los inspectores, no es posible realizar una evaluación completa. La misma falta de acceso impide comprobar con exactitud la situación de las reservas de uranio enriquecido desde la oleada de ataques de la operación “León Ascendente”.

Las estimaciones del OIEA sitúan las existencias iraníes en unos 440,9 kilogramos de uranio enriquecido al 60 %. Esa concentración supera ampliamente los niveles habituales de uso civil para la generación eléctrica y se aproxima al 90 % asociado al material apto para armamento nuclear. Sin inspecciones sobre el terreno, el organismo no puede verificar plenamente el inventario ni las condiciones actuales de los centros afectados.

Las autoridades iraníes niegan que el país busque desarrollar armas nucleares. Sostienen que su programa tiene exclusivamente fines pacíficos y de investigación civil, y acusan a Estados Unidos e Israel de atacar instalaciones y perjudicar deliberadamente la supervisión internacional. Washington, por su parte, mantiene que ningún acuerdo podrá permitir que Teherán utilice el programa nuclear para amenazar a otros países de la región.









