El Ejército de Pakistán considera que existen motivos para mantener un optimismo cauteloso respecto de sus gestiones diplomáticas entre Estados Unidos e Irán. Su jefe, el mariscal de campo Asim Munir, viajó dos veces a Teherán durante octubre, mientras prosigue la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán, que ya lleva ocho meses. La visita más reciente, el lunes, incluyó a representantes de Arabia Saudí y Turquía.
El portavoz militar paquistaní, teniente general Ahmed Sharif Chaudhry, explicó el viernes en Rawalpindi que la repetición de las visitas era una señal alentadora. “¿Por qué iría el mariscal de campo dos veces si no hubiera algo positivo?”, respondió al ser consultado por los contactos. Sin embargo, evitó precisar el contenido de las reuniones y tampoco aclaró si Washington había respaldado el desplazamiento.
Chaudhry, director general de Relaciones Públicas Interservicios de las Fuerzas Armadas, sostuvo que la expresión adecuada para describir la situación era “cautelosamente optimistas”. Advirtió además de la existencia de actores “poderosos” que podrían obstaculizar un entendimiento porque consideran que la guerra beneficia sus intereses. No identificó a esos actores.
Desde Washington, el presidente Donald Trump afirmó el mismo viernes que Irán desea continuar las negociaciones. “Hay conversaciones, quieren hablar, siguen con las conversaciones”, declaró en el Despacho Oval. Añadió que Estados Unidos dispone de tiempo para negociar y dijo que la confrontación con Irán “no es una guerra típica”. Trump sostuvo que su costo para los contribuyentes estadounidenses no era elevado y aseguró que el dinero gastado se había compensado “como diez veces” con Venezuela. También afirmó que había dedicado grandes recursos a eliminar un arma nuclear y que ese objetivo ya se había conseguido.
El ministro saudí de Defensa, príncipe Khalid bin Salman, y el jefe de inteligencia turco, Ibrahim Kalin, acompañaron a Munir en las conversaciones del lunes en Teherán. La visita se produjo en un contexto de cooperación militar entre los tres países, que suscribieron el 7 de agosto el Acuerdo de Defensa Conjunta de La Meca. El pacto establece que un ataque contra cualquiera de los firmantes se tratará como un ataque contra todos.

El acuerdo ha cobrado relevancia por los cambios en las alianzas regionales y el riesgo de que la guerra se extienda a otros países de Oriente Medio. Pakistán, Arabia Saudí y Turquía lo presentan como un mecanismo de disuasión colectiva y seguridad regional. Analistas vinculan su desarrollo con los esfuerzos de los países de la zona para gestionar las consecuencias de la confrontación entre Washington y Teherán.
Después de la reunión del lunes, Mohsen Rezaei, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní, defendió que la seguridad regional quede a cargo de los propios países de la región, sin intervención extranjera. Chaudhry señaló el viernes que el texto del acuerdo no impide incorporar nuevos miembros. Ante la posibilidad de una adhesión de Irán, respondió que cualquier país que comparta los objetivos de disuasión colectiva y paz regional sería bienvenido, aunque precisó que corresponde a las autoridades políticas de los tres firmantes decidirlo.
El portavoz tampoco confirmó un aumento de las tropas paquistaníes desplegadas en Arabia Saudí. Indicó que cualquier decisión dependería de las circunstancias y de los dirigentes políticos de ambos países. Reafirmó el compromiso de Pakistán con la defensa de Arabia Saudí y de los lugares sagrados de La Meca y Medina, pero marcó una distancia respecto de las hostilidades en Yemen: “No somos parte de la guerra yemení, que es un conflicto interno de Yemen”.

Los combates entre Arabia Saudí y los hutíes yemeníes, aliados de Irán, se han intensificado en las últimas semanas y constituyen otro foco de tensión dentro de la guerra más amplia entre Estados Unidos, Israel e Irán. El viernes, la Embajada estadounidense en Riad ordenó la salida de sus empleados gubernamentales no esenciales y de sus familiares por los riesgos de seguridad, en particular los ataques hutíes contra aeropuertos civiles y otras instalaciones críticas.
La representación diplomática también estableció que los empleados del Gobierno de Estados Unidos necesitan una autorización especial para utilizar aeropuertos saudíes tras los recientes ataques con misiles y drones. Advirtió a los ciudadanos estadounidenses sobre posibles nuevos ataques, cierres del espacio aéreo, cancelaciones de vuelos y otras alteraciones de los viajes.
La situación en el estrecho de Ormuz agregó nuevas denuncias militares ese viernes. La Armada de la Guardia Revolucionaria de Irán afirmó que cuatro petroleros se incendiaron y explotaron cuando intentaban navegar por rutas que consideraba no autorizadas. Sostuvo que uno de esos barcos, cargado con dos millones de barriles de crudo, había impactado contra una mina. Reuters no pudo verificar de inmediato estas afirmaciones.
Por separado, el organismo británico de Operaciones de Comercio Marítimo (UKMTO) recibió una notificación sobre un buque alcanzado por un proyectil no identificado en su costado de babor, a unas 40 millas náuticas, equivalentes a 74 kilómetros, al sur de la isla iraní de Lavan. El impacto provocó un incendio a bordo, aunque la tripulación se encontraba a salvo y no se habían comunicado daños ambientales. No estaba claro si esa embarcación coincidía con alguno de los petroleros mencionados por las fuerzas iraníes.

El estrecho de Ormuz, por donde circula aproximadamente una quinta parte del suministro mundial de petróleo, permanece bajo tensión desde los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán a finales de febrero. Los medios estatales iraníes afirmaron además que sus fuerzas derribaron y capturaron un dron estadounidense MQM-170 sobre la isla de Qeshm, próxima al estrecho. No hubo una reacción inmediata del Ejército estadounidense, y Reuters tampoco pudo comprobar de manera independiente esa versión.
Irán sostuvo asimismo que había destruido una embarcación estadounidense no tripulada en la zona oriental del estrecho. El Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) lo negó expresamente: aseguró que todas sus embarcaciones militares no tripuladas desplegadas en Oriente Medio estaban contabilizadas, incluido un escuadrón de drones navales avanzados que patrulla Ormuz.









