La Fuerza Aérea estadounidense encarga a Lockheed Martin la producción del AGM-183A ARRW, un misil hipersónico que estuvo cerca de ser cancelado en 2023.
La Fuerza Aérea de Estados Unidos adjudicó a Lockheed Martin un contrato de $694 000 000 para producir el misil hipersónico AGM-183A Air-Launched Rapid Response Weapon (ARRW), con lo que reactiva un programa cuya continuidad había quedado en duda después de varios ensayos fallidos. El acuerdo se firmó el 29 de septiembre de 2026 y fue anunciado públicamente el 26 de octubre. La decisión permite pasar de la fabricación de prototipos y los ensayos en vuelo a la producción de armamento destinado a las unidades operativas.
El ARRW utiliza un propulsor cohete de combustible sólido para acelerar un vehículo planeador hipersónico hasta velocidades superiores a Mach 5. Una vez alcanzadas las condiciones previstas para su separación, el vehículo continúa hacia el objetivo y puede modificar su trayectoria durante el vuelo. El sistema está diseñado para atacar objetivos de alto valor, protegidos por defensas antiaéreas avanzadas, desde distancias que permitan al bombardero lanzador permanecer alejado de las zonas más peligrosas.
La Fuerza Aérea no ha comunicado cuántos misiles adquirirá mediante el nuevo contrato ni cuándo comenzarán las entregas. El servicio atribuyó la reserva de esos datos a motivos de seguridad operativa. Aunque la adjudicación autoriza la producción, todavía no demuestra que el AGM-183A haya alcanzado su capacidad operativa inicial o que existan unidades equipadas con misiles listos para misiones de combate.
El AGM-183A vuelve a producción después de tres años de incertidumbre

La historia reciente del AGM-183A explica la importancia de la adjudicación. Lockheed Martin comenzó a desarrollar el sistema en 2018 como parte de los esfuerzos estadounidenses para disponer de armamento hipersónico lanzado desde aeronaves. Las primeras pruebas de transporte cautivo, durante las cuales el misil permanecía instalado en el bombardero, comenzaron en 2019. Posteriormente se realizaron ensayos para comprobar la liberación del arma, el encendido del propulsor, la aceleración y el comportamiento del vehículo planeador.
El programa acumuló dificultades técnicas durante sus primeras campañas de pruebas. En 2021 se produjeron varios ensayos fallidos, incluidos intentos en los que el sistema no pudo completar correctamente las operaciones previstas después de su lanzamiento. Los resultados posteriores fueron mejores, pero las dificultades llevaron a la Fuerza Aérea a reconsiderar la continuidad del proyecto y a concentrar recursos en otros programas de armamento hipersónico.
En 2023, la Fuerza Aérea decidió no continuar inicialmente con la adquisición del ARRW una vez finalizada su fase de prototipos. La decisión dejó al misil sin una perspectiva clara de producción y favoreció el programa alternativo Hypersonic Attack Cruise Missile (HACM), que utiliza un sistema de propulsión diferente. Aunque continuaron determinadas actividades de evaluación, la fabricación de misiles para equipar unidades operativas permaneció suspendida.
La situación comenzó a cambiar en 2025, cuando la Fuerza Aérea comunicó al Congreso su intención de recuperar el programa dentro de sus planes presupuestarios para el ejercicio fiscal 2026. La propuesta incluyó aproximadamente $387 000 000 para adquisiciones relacionadas con el ARRW, mientras que la solicitud correspondiente a 2027 elevó esa partida a unos 452 millones. Estas cifras corresponden a solicitudes presupuestarias y no deben confundirse con el valor del contrato adjudicado a Lockheed Martin.
El contrato de septiembre de 2026 formaliza esa recuperación. La Fuerza Aérea ha decidido pasar a producción después de revisar los resultados del desarrollo y las pruebas anteriores. El secretario de la Fuerza Aérea, Troy Meink, describió la adjudicación como un cambio en los planes de armamento avanzado del servicio, orientado a proporcionar a los mandos militares una opción de ataque de alta velocidad capaz de operar contra objetivos protegidos por sistemas de negación de acceso y control de área.
El ARRW emplea un vehículo planeador que supera cinco veces la velocidad del sonido

El AGM-183A pertenece a la categoría de armas hipersónicas de impulso y planeo, conocida como boost-glide. Su funcionamiento comienza después de que el bombardero libera el misil. El propulsor cohete acelera el conjunto hasta alcanzar una velocidad y una altitud adecuadas para iniciar la siguiente fase del vuelo. Posteriormente, el vehículo planeador se separa de la sección propulsora y continúa sin utilizar un motor de crucero, aprovechando la energía adquirida durante la aceleración inicial.
El vehículo tiene una configuración aerodinámica diseñada para desplazarse a velocidades hipersónicas dentro de la atmósfera. Puede modificar su trayectoria durante el descenso hacia el objetivo, una característica que diferencia este tipo de armamento de los misiles balísticos convencionales, cuyas trayectorias son más previsibles durante buena parte del vuelo. La velocidad, la altitud y las maniobras del planeador dificultan su detección, seguimiento e interceptación, aunque no lo hacen inmune a los sistemas defensivos.
El umbral hipersónico se establece en Mach 5, equivalente a cinco veces la velocidad local del sonido. La velocidad expresada en kilómetros por hora varía con la temperatura y la altitud, por lo que Mach 5 no corresponde a una cifra fija en todas las condiciones atmosféricas. El ARRW está diseñado para superar ese umbral durante su fase de vuelo. Las autoridades estadounidenses no han divulgado públicamente un perfil completo de velocidades, alturas y maniobras que permita establecer sus prestaciones en cada etapa.
El sistema se desarrolló principalmente para atacar objetivos terrestres de alto valor y sujetos a limitaciones de tiempo. Entre las aplicaciones previstas figuran ataques convencionales contra instalaciones protegidas por defensas avanzadas, siempre que se disponga de información suficiente para localizar el objetivo y programar la misión. La documentación presupuestaria estadounidense describe el ARRW como un arma de lanzamiento a distancia, destinada a permitir ataques sin obligar a la aeronave portadora a entrar directamente en las zonas defendidas.
Las informaciones publicadas atribuyen al AGM-183A un alcance de aproximadamente 1.000 millas, equivalentes a unos 1.600 kilómetros. Esta distancia debe entenderse como una prestación declarada, no como una confirmación pública del alcance efectivo en cualquier configuración de lanzamiento. La distancia recorrida por un vehículo de impulso y planeo puede variar según la velocidad inicial, la altitud de liberación, la trayectoria seleccionada y las maniobras que realice antes del impacto.
Los bombarderos B-52H y B-1B transportarán el misil hipersónico ARRW

El B-52H Stratofortress es la principal plataforma utilizada durante el desarrollo del AGM-183A. Su capacidad para transportar armamento pesado bajo las alas y operar a grandes distancias permite combinar el alcance del bombardero con el del misil. La Fuerza Aérea ha empleado estos aviones en pruebas de transporte cautivo, integración mecánica, comprobaciones de sistemas y lanzamientos experimentales. El tamaño del ARRW limita su utilización en la mayoría de los cazas tácticos actualmente en servicio.
El B-1B Lancer también figura entre las plataformas previstas para el misil. La Fuerza Aérea ha realizado actividades de integración y ensayos relacionados con su transporte externo, aunque el B-52H continúa siendo la aeronave más directamente vinculada al programa. La disponibilidad de ambas plataformas ofrecería distintas posibilidades de despliegue y empleo, pero las autoridades no han anunciado fechas específicas para equipar unidades operativas de B-52H o B-1B con misiles de producción.
El lanzamiento aéreo proporciona una ventaja técnica respecto de los sistemas que despegan desde tierra: el misil comienza su trayectoria a una altitud y velocidad proporcionadas parcialmente por la aeronave portadora. Esto reduce la energía que debe aportar el propulsor durante las primeras etapas y permite ajustar el punto de lanzamiento según las condiciones de la misión. También facilita desplazar el armamento entre diferentes regiones utilizando bombarderos de largo alcance, aunque su empleo requiere bases, mantenimiento, planificación y apoyo logístico.
La integración operativa comprende más que la instalación física del misil. Las tripulaciones necesitan procedimientos de planificación, selección de objetivos, comprobación de armamento y lanzamiento. El personal de mantenimiento debe disponer de equipos y formación para manipular, inspeccionar y preparar los misiles. La Fuerza Aérea tampoco ha comunicado qué unidades recibirán primero el ARRW ni las condiciones que deberán cumplirse para declarar su capacidad operativa inicial.
Lockheed Martin triplicará el espacio de producción del ARRW en Alabama

Lockheed Martin anunció el 27 de octubre de 2026 que ampliará sus instalaciones de Troy, Alabama, para atender la producción del AGM-183A. El proyecto contempla agregar 47.000 pies cuadrados, aproximadamente 4.366 metros cuadrados, al edificio P-20. Según la empresa, las obras permitirán triplicar el espacio de producción disponible en esa instalación. La ampliación se anunció un día después de que la Fuerza Aérea hiciera público el contrato de $694 000 000.
La compañía prevé que el proyecto genere nuevos puestos de trabajo durante los próximos cuatro años. Lockheed Martin ya cuenta con cerca de 4.000 empleados en Alabama, según las cifras difundidas en su comunicado. La empresa no especificó cuántos trabajadores adicionales contratará exclusivamente para fabricar el ARRW ni qué proporción del contrato estará destinada a las obras de ampliación. Tampoco publicó una cadencia de fabricación o una cantidad anual prevista de misiles.
El aumento de la superficie industrial permitirá preparar las instalaciones para una fabricación sostenida después de años dedicados principalmente al desarrollo y la evaluación de prototipos. La producción de un sistema hipersónico requiere fabricar e integrar componentes estructurales, propulsores, sistemas de control y otros equipos que deben funcionar bajo condiciones térmicas y aerodinámicas exigentes. El paso a fabricación seriada también implica establecer procedimientos de inspección, control de calidad y aceptación de unidades terminadas.
La documentación presupuestaria de la Fuerza Aérea para 2027 identifica gastos relacionados con el reinicio de la producción, la actualización de componentes, la disponibilidad de suministros y la introducción de mejoras destinadas a futuras partidas. Estos conceptos muestran que la reactivación comprende tanto la fabricación de nuevas unidades como la preparación de los medios industriales necesarios para mantener el programa. El número de misiles adquiridos permanece restringido en los documentos públicos.
El programa ARRW avanza mientras Estados Unidos desarrolla el misil HACM

La recuperación del AGM-183A modifica los planes de armamento hipersónico de la Fuerza Aérea, que anteriormente había dado prioridad al Hypersonic Attack Cruise Missile (HACM). Ambos programas persiguen proporcionar capacidad de ataque a velocidades superiores a Mach 5, pero utilizan arquitecturas diferentes. El ARRW recurre a un propulsor cohete seguido de un vehículo planeador sin propulsión propia. El HACM, en cambio, se desarrolla alrededor de un sistema de propulsión aerorreactiva destinado a sostener el vuelo hipersónico.
Las diferencias técnicas influyen en el tamaño de las armas, sus perfiles de vuelo y las aeronaves que pueden transportarlas. El AGM-183A es un sistema de grandes dimensiones destinado inicialmente a bombarderos, mientras que el HACM fue concebido como un misil de crucero de menor tamaño. La producción del ARRW no implica la cancelación del HACM, sino la continuación de dos programas que ofrecen soluciones distintas para realizar ataques hipersónicos.
El regreso del ARRW también responde al interés estadounidense por disponer de medios de ataque capaces de operar contra defensas cada vez más complejas. Los sistemas militares modernos combinan radares, interceptores, guerra electrónica y redes de mando para dificultar el acceso de aeronaves y misiles a determinadas regiones. Un arma de alta velocidad puede reducir el tiempo disponible para reaccionar ante un ataque, especialmente cuando su trayectoria resulta difícil de predecir. Su efectividad, sin embargo, continúa condicionada por los sensores, la localización del objetivo y las condiciones del enfrentamiento.
La Fuerza Aérea también contempla mejoras posteriores del AGM-183A. Entre las posibilidades descritas públicamente figura una variante equipada con un nuevo sistema de búsqueda para atacar objetivos móviles, incluidos buques de guerra. Esta capacidad es distinta de la función principal atribuida al diseño inicial, destinado a objetivos terrestres. No se ha confirmado que las nuevas capacidades formen parte del contrato de $694 000 000 ni que exista un calendario público para su incorporación.
La Fuerza Aérea mantiene reservadas las entregas del AGM-183A ARRW

El jefe del Estado Mayor de la Fuerza Aérea, general Kenneth Wilsbach, afirmó que la incorporación del ARRW proporcionará a las fuerzas estadounidenses una opción de respuesta rápida para operaciones en espacios aéreos intensamente disputados. Las declaraciones acompañaron el anuncio del contrato y describen las funciones previstas para el sistema. No equivalen a una confirmación de que los misiles de producción ya hayan sido recibidos o desplegados por las unidades de combate.
El Departamento de la Fuerza Aérea tampoco ha divulgado las cantidades contratadas, los plazos de entrega ni la fecha prevista para declarar la capacidad operativa inicial. La ausencia de estos datos impide calcular el coste unitario de los misiles a partir del importe total adjudicado. Los $694 000 000 corresponden al valor anunciado del contrato de producción, pero no permiten establecer cuántas armas recibirá el servicio ni cuánto costará cada unidad.
El contrato del 29 de septiembre, anunciado el 26 de octubre, representa la decisión de producir el AGM-183A después de una prolongada etapa de desarrollo y reconsideración presupuestaria. Lockheed Martin ha iniciado la ampliación de sus instalaciones de Troy para sostener esa actividad. La Fuerza Aérea deberá completar las entregas, preparar las unidades receptoras y verificar la integración operativa antes de disponer de una capacidad de combate plenamente establecida con el nuevo armamento.
Las fuentes oficiales confirman, por tanto, el regreso del AGM-183A a la producción, pero no su entrada efectiva en servicio. La fabricación de las primeras partidas y su incorporación a los bombarderos estadounidenses determinarán la siguiente etapa de un programa iniciado en 2018 y recuperado tras la decisión de interrumpir sus adquisiciones en 2023.










