Los ataques simultáneos con misiles antibuque, armas balísticas y drones obligan a los buques de guerra a distribuir su defensa entre amenazas de características muy distintas. Un destructor puede disponer de interceptores de largo alcance, pero su reserva de misiles es limitada y la recarga de lanzadores verticales durante una operación en alta mar presenta dificultades logísticas. Cuando un adversario emplea numerosos drones económicos junto con misiles de mayor velocidad, la defensa necesita medios de interceptación adicionales y una cantidad suficiente de municiones para mantener los enfrentamientos sucesivos.
El problema afecta también a los sensores. Los misiles antibuque que vuelan cerca de la superficie reducen el tiempo disponible para su detección debido al horizonte radar. Las armas balísticas y los vehículos hipersónicos presentan trayectorias, velocidades y condiciones de seguimiento diferentes. Un buque encargado de proteger una agrupación naval necesita vigilar simultáneamente amenazas próximas y lejanas, coordinar interceptaciones y conservar capacidad para responder a ataques posteriores.
Esta combinación de amenazas explica la creciente importancia de los destructores de gran desplazamiento. Un casco de mayor tamaño permite instalar radares adicionales, disponer de más lanzadores verticales y reservar espacio para sistemas que todavía están en desarrollo. También ofrece volumen para alojar generadores eléctricos, refrigeración, equipos electrónicos y aeronaves no tripuladas. El incremento de tamaño introduce, a cambio, mayores necesidades de propulsión, mantenimiento y personal.
Naval Group presentó el 3 de noviembre de 2026, durante Euronaval, el diseño SCX 26, concebido para estudiar estas necesidades en los buques de combate de las décadas siguientes. La propuesta tiene 170 metros de eslora, aproximadamente 24 metros de manga y un desplazamiento previsto de entre 8.000 y 10.000 toneladas, dependiendo de la configuración. Su velocidad proyectada alcanza los 30 nudos y su autonomía supera las 8.000 millas náuticas. El sistema de propulsión considerado es CODLAG, que combina motores eléctricos, generadores diésel y una turbina de gas.
Los 96 lanzadores verticales permiten combinar defensa antiaérea y ataque terrestre
La configuración principal del SCX 26 incluye doce módulos de lanzamiento vertical Sylver, cada uno con ocho celdas. Ocho módulos están situados en la sección de proa y otros cuatro se distribuyen hacia popa, junto a la zona de operaciones aéreas. Esta disposición proporciona 96 celdas para una combinación de interceptores antiaéreos Aster 30 y misiles de crucero navales MdCN. La distribución definitiva dependería de las misiones asignadas al buque y de las variantes de lanzamiento instaladas.
Naval Group también estudia soluciones que permitan superar los cien misiles embarcados. Entre ellas figura el empleo de lanzadores de nueva generación y sistemas capaces de alojar varios misiles antiaéreos CAMM en un espacio equivalente al de un módulo Sylver convencional. La zona modular central admitiría lanzadores adicionales o futuros sistemas de mayor tamaño. Estas posibilidades forman parte del diseño conceptual y no representan una configuración de armamento aprobada para fabricación.
La defensa inmediata estaría formada por dos lanzadores multipropósito Rampart, instalados hacia la popa. Estos dispositivos están concebidos para emplear diferentes medios de respuesta, entre ellos misiles de corto alcance, cohetes guiados y señuelos. El diseño también incorpora artillería convencional de 57 milímetros y armamento secundario operado remotamente. La combinación permite reservar los interceptores de mayor alcance para los blancos que exigen su utilización, mientras los medios próximos responden a otras amenazas dentro de sus respectivas condiciones de empleo.
El armamento previsto comprende además un cañón electromagnético de disparo rápido y un láser de alta energía de 100 kilovatios. El primero utilizaría campos electromagnéticos para acelerar proyectiles, mientras el segundo concentraría energía sobre blancos próximos. Ambos sistemas presentan requisitos importantes de generación eléctrica y refrigeración. En particular, el láser necesita mantener el haz sobre el objetivo durante un tiempo suficiente y su eficacia está condicionada por la atmósfera. Ninguna de estas instalaciones constituye todavía una capacidad operativa demostrada a bordo del SCX 26.
Dos superestructuras separadas alojan los sensores del nuevo destructor
La arquitectura exterior abandona la concentración habitual de radares y equipos electrónicos en una sola superestructura. El SCX 26 dispone de dos grandes estructuras independientes, situadas en posiciones diferentes del casco. La delantera incorpora superficies destinadas a antenas de radar, mientras la posterior aloja otros equipos de observación y comunicaciones. La separación permite distribuir componentes críticos, modificar los sectores de cobertura y reducir la concentración de sistemas cuya pérdida afectaría a las operaciones del buque.
El conjunto de sensores previsto incluye un radar UHF de largo alcance orientado a la vigilancia de amenazas balísticas y un radar multifunción de antena activa derivado de la familia Sea Fire, utilizada en las fragatas francesas FDI. Para la guerra antisubmarina contempla equipos de sonar de casco y remolcados, complementados por medios no tripulados. También incorpora sistemas de guerra electrónica. No se han publicado parámetros definitivos de alcance, potencia de emisión o capacidad de seguimiento simultáneo para el conjunto propuesto.
Las superficies inclinadas del casco y las superestructuras responden a criterios de reducción de la firma radar. Naval Group también ha considerado la observación desde posiciones elevadas, incluida la realizada por sensores espaciales. La geometría exterior reduce determinadas reflexiones electromagnéticas, pero no elimina la detección del buque. La supervivencia depende igualmente de los sistemas de guerra electrónica, los señuelos, la distribución interna de equipos y la protección proporcionada por el resto de la fuerza naval.
Entre ambas superestructuras queda una zona central denominada Flex Zone, reservada para incorporar equipos adicionales mediante configuraciones modulares. Este espacio permitiría modificar parte del armamento, instalar dispositivos no tripulados o integrar tecnologías desarrolladas después de la construcción. El diseño no establece una única configuración permanente para todas las misiones. Su utilidad dependería de la compatibilidad estructural, eléctrica y electrónica de los futuros equipos con el sistema de combate del buque.
El SCX 26 incorpora instalaciones para operar drones aéreos, navales y submarinos
La sección de popa está organizada alrededor de una amplia zona interna de misión, situada debajo de la cubierta de vuelo. Un elevador de gran capacidad comunicaría ambos niveles y facilitaría el movimiento de aeronaves y equipos. La distribución mostrada en Euronaval contempla una posición para un helicóptero de tamaño comparable al NH90 y otras dos para drones de despegue vertical. El espacio interior también permitiría almacenar y mantener sistemas no tripulados de superficie y submarinos.
Los drones embarcados podrían realizar reconocimiento, vigilancia, guerra electrónica, protección de la fuerza y operaciones antisubmarinas. Algunos ampliarían la observación más allá del alcance directo de los sensores instalados en el casco. Otros transportarían equipos de detección o actuarían en zonas donde el empleo de una plataforma tripulada implicaría mayor exposición. El espacio de misión también contempla mantenimiento, reparación y fabricación aditiva de determinadas piezas, aunque el equipamiento industrial definitivo no ha sido especificado.
El sistema de combate previsto utiliza una arquitectura de datos destinada a integrar la información de radares, sonares, aeronaves y vehículos autónomos. Naval Group contempla herramientas de inteligencia artificial para apoyar la evaluación de la situación y coordinar sistemas conectados, sin trasladar a estas herramientas la responsabilidad de las decisiones operativas. La dotación calculada es de unos 150 marinos, con alojamiento adicional para aproximadamente 100 especialistas, operadores de drones o integrantes de un estado mayor embarcado.
El SCX 26 no es todavía un destructor en construcción ni forma parte de un contrato de adquisición de la Marina francesa. Es un proyecto de investigación de arquitectura naval, presentado mediante representaciones digitales y una maqueta de exposición. Los estudios han incluido ensayos de modelos en un canal de pruebas hidrodinámicas. Su horizonte tecnológico corresponde a las décadas próximas, incluida la de 2040, pero Naval Group no ha anunciado una fecha de entrada en servicio ni una decisión de fabricar unidades. La configuración conocida permanece como una propuesta de buque de 170 metros, con 96 celdas Sylver y espacio para sistemas adicionales, armas de energía dirigida y una amplia dotación de plataformas autónomas.










