Un arma láser de alta energía necesita mucho más que un emisor capaz de concentrar radiación sobre un objetivo. Su funcionamiento exige un suministro eléctrico estable, equipos de control, sensores de seguimiento y un sistema de refrigeración que retire el calor generado durante cada disparo. Cuando todo ese equipamiento debe instalarse en un vehículo militar, la generación eléctrica y la disipación térmica condicionan tanto el diseño como el empleo operativo del conjunto.
A diferencia de un cañón convencional, un láser no consume proyectiles. La energía necesaria para atacar un blanco procede de una fuente eléctrica que alimenta el emisor y sus sistemas auxiliares. Sin embargo, la potencia óptica entregada al objetivo representa solamente una parte de la energía consumida. Las pérdidas de conversión producen calor que debe evacuarse para mantener los componentes dentro de sus límites de funcionamiento. Un arma de 30 kilovatios de potencia láser necesita, por tanto, una alimentación eléctrica superior a esa cifra.
El problema adquiere otra dimensión cuando el arma debe enfrentarse a varios drones consecutivos. Cada intervención requiere detectar el aparato, seguir su movimiento y mantener el haz sobre una zona suficientemente pequeña para producir daños. La duración de esa exposición varía con el blanco, la distancia y las condiciones atmosféricas. Los sucesivos disparos también someten al equipo a una carga térmica que debe gestionarse sin comprometer su funcionamiento.
La refrigeración, la disponibilidad eléctrica y la precisión del seguimiento determinan cuánto tiempo puede mantenerse activo el sistema. La niebla, la lluvia intensa y otras condiciones atmosféricas reducen además la eficacia de los láseres. Estas restricciones explican por qué el Ejército estadounidense desarrolla sus armas de energía dirigida como parte de una defensa antiaérea que también incorpora radares, interferidores, cañones y misiles.
La tercera generación de LOCUST aumenta su potencia y conserva una arquitectura modular
AeroVironment presentó el LOCUST X3 en marzo de 2026 como la tercera generación de su sistema de energía dirigida para defensa contra aeronaves no tripuladas. La familia utiliza emisores de entre 20 y más de 35 kilovatios, aunque la configuración seleccionada para el programa Enduring-High Energy Laser, denominado E-HEL, dispone de 30 kilovatios. Su misión comprende la interceptación de drones de los grupos 1, 2 y 3, desde pequeños aparatos hasta sistemas tácticos de mayor tamaño.
El sistema incorpora un director de haz modular y el programa AV_Halo PINPOINT para adquisición, puntería y seguimiento. Este programa utiliza algoritmos de inteligencia artificial para apoyar la identificación de blancos y mantener la posición del haz sobre objetos en movimiento. El conjunto admite información procedente de sensores activos y pasivos, así como indicaciones de sistemas superiores de mando y control. El seguimiento preciso es indispensable porque el daño depende de concentrar suficiente energía en una superficie reducida.
La arquitectura responde al concepto Modular Open Systems Approach, conocido como MOSA. El Ejército ha establecido once interfaces principales para facilitar la integración de componentes y futuras modificaciones. Esta organización permite configurar el arma para emplazamientos fijos, instalaciones semipermanentes o vehículos de combate. También contempla versiones transportables sobre plataformas de carga. La modularidad no elimina las necesidades de alimentación y refrigeración: cada vehículo debe proporcionar los recursos necesarios para la configuración instalada.
La participación de Leonardo DRS tiene antecedentes en un programa de integración sobre el vehículo blindado Stryker. Durante 2024 y 2025, la empresa trabajó con AeroVironment y otros contratistas en una plataforma de defensa contra drones que combinaba un láser LOCUST, sensores, armamento convencional y equipos electrónicos. Aquel trabajo proporcionó experiencia en integración mecánica, alimentación eléctrica, refrigeración y funcionamiento conjunto de equipos que compiten por el espacio y los recursos del vehículo.
Un prototipo Stryker ya había demostrado las limitaciones de alimentación eléctrica
El demostrador C-UAS DE Stryker integró un láser LOCUST de 26 kilovatios, aunque su potencia quedó limitada a 20 kilovatios en aquella configuración experimental. También incorporó un radar Leonardo DRS RADA RPS-92, un cañón automático XM914 de 30 milímetros y lanzadores para cohetes guiados APKWS. Su arquitectura incluía una solución eléctrica reforzada para alimentar los equipos. El vehículo participó en evaluaciones gubernamentales con fuego real y actividades de instrucción durante 2024 y 2025.
De manera paralela, el Ejército avanzó con los prototipos Army Multi-Purpose High Energy Laser, o AMP-HEL. En septiembre de 2025, AeroVironment entregó dos sistemas LOCUST de 20 kilovatios instalados sobre vehículos Infantry Squad Vehicle. Habían superado pruebas de aceptación en Yuma Proving Ground, Arizona, y los militares recibieron instrucción en Fort Sill, Oklahoma. En diciembre, la empresa completó otra entrega de dos sistemas de la misma clase sobre vehículos Joint Light Tactical Vehicle, equipados con un director de haz de mayor apertura.
Las pruebas continuaron en White Sands Missile Range, Nuevo México. En marzo de 2026, un sistema LOCUST participó en una evaluación coordinada por la Joint Interagency Task Force 401 con intervención de las autoridades federales responsables del espacio aéreo. Los ensayos comprobaron procedimientos de identificación y mecanismos automáticos de interrupción del disparo destinados a impedir ataques contra blancos no autorizados. Estas verificaciones también contribuyeron a establecer condiciones de seguridad para el empleo de láseres en el espacio aéreo estadounidense.
El 2 de septiembre de 2026, el Ejército adjudicó a AeroVironment un acuerdo de producción E-HEL valorado en $464 800 000. La adjudicación constituyó su primer contrato de producción para un sistema de armas láser de alta energía. AeroVironment deberá suministrar decenas de LOCUST X3 durante varios años, junto con servicios de apoyo e instrucción. El programa contempla instalaciones sobre vehículos JLTV y configuraciones sobre plataformas de carga, mientras la empresa estudia otras posibilidades de integración.
Leonardo DRS se incorpora a la fabricación de los sistemas de alimentación y refrigeración
La fabricación requiere una infraestructura industrial capaz de producir conjuntos repetibles y mantenerlos durante su vida útil. AeroVironment anunció en marzo de 2026 una inversión superior a $30 000 000 para ampliar sus instalaciones de Albuquerque, Nuevo México. El proyecto comprende sus tres centros del Sandia Science & Technology Park y la adquisición de equipamiento industrial. Estas instalaciones producen sistemas láser, componentes electrónicos y equipos ópticos relacionados con la tecnología de energía dirigida.
El 2 de noviembre de 2026, Leonardo DRS confirmó que AeroVironment la había seleccionado como subcontratista del programa E-HEL. Su trabajo comprende sistemas de gestión eléctrica y térmica, control ambiental e integración sobre plataformas móviles. La participación recupera la experiencia adquirida con el Stryker experimental, pero ahora se aplica a un programa de producción destinado al Ejército. El comunicado no precisó el valor económico del subcontrato ni identificó los modelos concretos de los equipos de refrigeración que suministrará.
La integración eléctrica debe proporcionar potencia al emisor y a los sistemas de misión, mientras que el control térmico debe mantener temperaturas compatibles con el funcionamiento de los componentes. En una plataforma móvil, esas funciones comparten espacio, peso y recursos con otros equipos militares. El consumo eléctrico también depende de las condiciones de utilización. La documentación pública del LOCUST X3 no especifica la potencia total absorbida, la capacidad exacta de disipación térmica ni los intervalos de recuperación entre disparos prolongados.
El fabricante calcula que el coste directo de cada intervención con LOCUST X3 puede mantenerse por debajo de $5, una cifra que no incluye necesariamente la adquisición del sistema, el mantenimiento o el personal. La ventaja económica procede de sustituir munición consumible por electricidad, pero la disponibilidad operativa continúa limitada por la energía, la refrigeración, la visibilidad del blanco y las condiciones atmosféricas. Por ello, el láser está concebido como un componente adicional de defensa, no como sustituto universal de los interceptores convencionales.
El programa E-HEL se encuentra en fase de transición hacia la producción de los sistemas LOCUST X3 de 30 kilovatios. AeroVironment conserva la responsabilidad principal del suministro y del apoyo al Ejército, mientras Leonardo DRS aporta los subsistemas eléctricos, térmicos y de integración móvil. El acuerdo comprende entregas plurianuales, aunque todavía no existe un calendario público detallado para cada unidad de producción. La configuración prevista mantiene la posibilidad de instalar el arma sobre vehículos JLTV o plataformas transportables, con una arquitectura modular para adaptar sus componentes a los requisitos de cada instalación.










