Estados Unidos ha decidido facilitar la fabricación del caza turco KAAN mediante la autorización de motores General Electric F110, aunque continúa enfrentado con Ankara por la compra de sistemas antiaéreos rusos S-400. La operación, valorada en más de $700 000 000 y destinada a suministrar unos ochenta propulsores, ha provocado objeciones en el Congreso estadounidense. El desacuerdo afecta a una industria de defensa turca que participa en proyectos occidentales y mantiene vínculos militares con Rusia.
Turquía necesita esos motores para los primeros ejemplares de su futuro avión de combate, cuya fabricación nacional avanza con nuevos prototipos y contratos tanto para su Fuerza Aérea como para Indonesia. Washington acepta suministrar los propulsores, pero conserva restricciones que impiden el retorno turco al programa F-35. La diferencia entre ambos programas concentra buena parte de las negociaciones militares entre los dos gobiernos durante 2026.
El KAAN debe completar todavía su desarrollo y sus pruebas antes de convertirse en un caza operativo. Turkish Aerospace Industries, también conocida como TUSAŞ, prepara un nuevo vuelo experimental antes del final del año y pretende comenzar las entregas nacionales en 2028. Paralelamente, impulsa un motor propio para que las variantes posteriores dependan menos de las autorizaciones estadounidenses.
Los motores estadounidenses avanzan, pero la guerra por los S-400 continúa
La administración de Donald Trump notificó al Congreso el 25 de junio de 2026 una propuesta para exportar alrededor de ochenta motores F110 y equipos asociados al programa KAAN. La operación había atravesado consultas con legisladores responsables de la supervisión de ventas militares. El anuncio formal permitió continuar un procedimiento que había encontrado resistencia política.
Gregory Meeks, principal representante demócrata de la Comisión de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, cuestionó el suministro por la permanencia de los S-400 en Turquía. También expresó reservas sobre las actividades militares regionales de Ankara y sobre la información facilitada por el Gobierno estadounidense acerca de las consecuencias de la operación. Sus objeciones no impidieron que la administración notificara la venta.
El plazo de revisión parlamentaria terminó el 9 de julio. Durante ese periodo podían impulsarse medidas legislativas destinadas a bloquear la transferencia, pero no se aprobó ninguna resolución que detuviera la autorización. El resultado permitió mantener el suministro de un componente indispensable para fabricar los cazas de las primeras series, aunque no eliminó las disputas sobre otras tecnologías militares.
El 7 de julio, durante la cumbre de la OTAN celebrada en Ankara, Trump manifestó su disposición a examinar el levantamiento de las sanciones relacionadas con los S-400 y una eventual venta de F-35 a Turquía. El presidente Recep Tayyip Erdogan había solicitado reiteradamente recuperar el acceso a ese avión. El acercamiento diplomático no alteró por sí solo los requisitos legales fijados por el Congreso estadounidense tras la compra de los sistemas rusos.
En octubre, Ankara volvió a pedir que se retiraran las sanciones y se reanudaran las entregas de F-35. El 15 de ese mes, el Gobierno turco insistió en ambas demandas. Washington, entretanto, había avanzado con los F110, pero seguía sin autorizar que Turquía recibiera los cazas furtivos de Lockheed Martin. Esta distinción evidencia que cada adquisición está sometida a condiciones políticas y jurídicas diferentes.
La compra de defensa antiaérea rusa que dejó a Turquía fuera del F-35
El desacuerdo comenzó con el contrato que Ankara firmó con Rusia en 2017 para adquirir sistemas S-400 Triumf por aproximadamente $2 500 000 000. Las primeras unidades llegaron a Turquía en julio de 2019. Estados Unidos había advertido que incorporar esos equipos era incompatible con permanecer dentro del programa de fabricación y adquisición del F-35.
El S-400 reúne radares de búsqueda y seguimiento, puestos de mando y lanzadores de misiles. Sus sensores pueden recopilar información sobre objetivos y coordinar el empleo de interceptores. Para el Pentágono, la instalación de esta tecnología rusa en un país que también recibiría cazas furtivos estadounidenses planteaba un riesgo específico para la protección de sus características de baja observabilidad.
El 17 de julio de 2019, el Departamento de Defensa estadounidense explicó que la operación de radares S-400 cerca de los F-35 podía favorecer el estudio de la firma de estos aviones. Las autoridades también señalaron posibles riesgos asociados a la presencia de personal ruso y al acceso a información técnica recopilada por el sistema antiaéreo.
Washington excluyó a Turquía del programa F-35 e inició la reorganización de una cadena de producción en la que participaban empresas turcas. Estas compañías estaban vinculadas a la fabricación de más de 900 componentes, dentro de una actividad industrial prevista por más de $9 000 000 000. Ankara perdió así tanto la posibilidad de recibir los cazas que había solicitado como una participación productiva importante.
El 14 de diciembre de 2020, Estados Unidos impuso sanciones bajo la ley CAATSA contra la Presidencia de Industrias de Defensa de Turquía (SSB). Las medidas comprendieron restricciones a licencias de exportación, operaciones financieras y responsables relacionados con la adquisición del armamento ruso. Sus efectos alcanzaron proyectos militares turcos que requerían autorizaciones o cooperación de compañías estadounidenses.
La legislación sobre el F-35 contiene además una condición expresa. La sección 1245 de la Ley de Autorización de Defensa Nacional del ejercicio fiscal 2020 exige certificar que Turquía dejó de poseer los S-400 y equipos asociados, junto con garantías de que no volverá a adquirirlos y otros requisitos destinados a proteger tecnologías militares estadounidenses. Una carta enviada por el Departamento de Estado al Congreso el 22 de julio de 2026 confirmó que Ankara todavía no cumplía esas condiciones.
El KAAN progresa de los vuelos iniciales a un prototipo más cercano al avión de serie
La evolución técnica del KAAN continúa con el prototipo P1, una aeronave que incorpora modificaciones respecto al demostrador P0. Turkish Aerospace confirmó el 31 de octubre que había completado comprobaciones iniciales de sistemas y pruebas de rodaje a baja velocidad. Aún debe efectuar ensayos terrestres y desplazamientos más rápidos antes de autorizar su primer vuelo, previsto para antes de terminar 2026.
Las primeras pruebas aéreas de la familia se realizaron en 2024. El demostrador P0 despegó de Ankara el 21 de febrero, voló durante trece minutos y alcanzó unos 2.438 metros de altitud. Regresó al aire el 6 de mayo, en una prueba de catorce minutos que lo llevó a aproximadamente 3.048 metros. Estos vuelos aportaron datos sobre la aerodinámica, los controles y la propulsión de la configuración inicial.
El P1 debe comprobar equipos y soluciones estructurales que no estaban totalmente incorporados al demostrador precedente. Otro aparato, el P2, está destinado a incorporarse en una fase posterior de evaluaciones. El plan de desarrollo contempla seis prototipos para verificar gradualmente los sistemas de misión, el comportamiento de vuelo y los elementos que deberán homologarse para las aeronaves operativas.
El programa ya dispone de un compromiso interno de producción. El contrato del 6 de mayo de 2026 comprende veinte cazas KAAN Block 10 para la Fuerza Aérea turca, con incorporaciones previstas entre 2028 y 2030. TUSAŞ busca ampliar la participación nacional en la fabricación de estructuras, alas y superficies de control, y conservar en Turquía las operaciones de montaje final e integración.
Los plazos industriales dependen de que los nuevos prototipos permitan completar las verificaciones y de que estén disponibles los equipos de propulsión y misión. La autorización estadounidense de los F110 resulta particularmente importante porque cada KAAN utiliza dos motores; las existencias del programa deben cubrir aviones de prueba, unidades de serie y necesidades de repuestos.
Un caza bimotor furtivo con sensores y armamento de desarrollo turco
Turkish Aerospace proyectó el KAAN como una aeronave pesada destinada al combate aire-aire y a misiones de ataque contra objetivos terrestres. Su estructura combina alas trapezoidales, dos derivas inclinadas, superficies angulares y compartimentos internos de armamento. Esta disposición busca reducir las reflexiones radar en comparación con configuraciones que llevan todos sus misiles y bombas sobre soportes externos.
Las cifras de diseño difundidas por TUSAŞ describen una longitud de 20,3 metros y una envergadura de 13,4 metros, con una masa máxima al despegue de 34.750 kilogramos. La velocidad prevista es Mach 1,8 a 40.000 pies, mientras el techo operativo de diseño alcanza 16.764 metros. La aeronave está concebida para maniobras de hasta 9 g positivos.
La primera configuración incorpora dos turbofanes General Electric F110 de la familia GE-129. Cada propulsor desarrolla alrededor de £29 000 de empuje con poscombustión. Esta familia de motores ya se utiliza en aeronaves estadounidenses, entre ellas el F-16 y determinadas variantes del F-15, y ofrece una base industrial y de mantenimiento conocida para la fase inicial del proyecto.

En los sistemas de misión, el programa contempla un radar de barrido electrónico activo, sensores electroópticos y equipos de guerra electrónica. ASELSAN participa en el desarrollo de esas capacidades y de tecnologías de procesamiento de señales. La industria turca ya ha realizado pruebas de sus radares nacionales en aviones F-16, una experiencia utilizada en la preparación de los equipos previstos para el KAAN.
La arquitectura electrónica estará preparada para relacionar información procedente de varios sensores, utilizar equipos de misión modulares y presentar datos en pantallas panorámicas y sistemas instalados en el casco del piloto. Las comunicaciones deberán facilitar el intercambio de información con otras aeronaves y centros de mando. La integración de misiles turcos aire-aire y armamento de ataque constituye otro objetivo del programa.
Estas características corresponden a las metas técnicas del nuevo caza y a los equipos que se incorporarán durante el desarrollo. El avance de los prototipos permitirá evaluar de forma progresiva la integración de la propulsión, la electrónica y el armamento antes de las entregas previstas.
Las ofertas rusas de cazas y motores forman parte del antecedente político
La participación de Rusia en la controversia no se limita a los S-400. En mayo de 2019, Serguéi Chemezov, responsable de la corporación Rostec, expresó la disposición de Moscú a vender cazas Su-57 a Turquía si Estados Unidos la retiraba del programa F-35. El ofrecimiento incluía la posibilidad de examinar fabricación local y transferencia tecnológica.
En aquel periodo, el Su-57 ruso todavía atravesaba su desarrollo después de iniciar los vuelos de prueba en 2010. Turquía trabajaba entonces en el proyecto TF-X, que posteriormente recibiría el nombre KAAN, y buscaba alternativas para renovar sus capacidades aéreas. Moscú también ofreció aviones Su-35, otra variante avanzada de la familia Su-27.
El 15 de noviembre de 2021, Dmitri Shugáyev, director del Servicio Federal de Cooperación Técnico-Militar de Rusia, planteó otra posibilidad de colaboración. Moscú estaba dispuesta a prestar asistencia para diseñar un motor para el futuro caza turco. La propuesta apareció dentro de contactos más amplios sobre armamento y proyectos industriales conjuntos.
Ankara mantuvo finalmente su programa de propulsión nacional y recurrió a motores estadounidenses F110 para el desarrollo inicial del KAAN. La construcción del avión está dirigida por Turkish Aerospace con participación de proveedores turcos y occidentales. Entre estos vínculos figura el acuerdo de enero de 2017 entre TUSAŞ y la británica BAE Systems para colaborar en el TF-X, con una inversión inicial superior a £100 000 000.
Las ofertas rusas de aeronaves y asistencia industrial constituyen antecedentes de las relaciones militares entre ambos países; no equivalen a una participación rusa confirmada en la configuración actual del KAAN. Las objeciones estadounidenses se concentran en la coexistencia de acuerdos militares con Moscú y proyectos que requieren tecnología occidental.
Turquía trabaja en el TF35000 para sustituir los motores de origen estadounidense
El suministro de F110 resuelve una necesidad de la primera fase, pero no el objetivo turco de disponer de propulsión propia. El programa TF35000 pretende desarrollar un turbofán de aproximadamente £35 000 de empuje, superior al de los motores instalados en los primeros KAAN. Su destino previsto son las configuraciones Block 30 y posteriores.
Diseñar ese motor exige dominar componentes de alta temperatura y las tecnologías de compresión, combustión, turbinas y control electrónico necesarias para un avión de combate avanzado. El programa comprende actividades de desarrollo distintas de la fabricación bajo licencia de propulsores extranjeros y debe proporcionar un motor que pueda integrarse en la estructura y los sistemas del KAAN.
El 7 de agosto de 2026, TUSAŞ Engine Industries (TEI) reorganizó las responsabilidades relacionadas con el TF35000 y con el turboeje TS3000. El desarrollo pasó a TEI Teknoloji, conocida como TEITECH, tras una reorganización vinculada a TRMOTOR. La nueva estructura concentra investigación avanzada, diseño y materiales, mientras TEI conserva tareas industriales, fabricación y cooperación con otros proveedores.
Los planes sitúan la maduración del TF35000 alrededor de 2032, después de la fecha prevista para comenzar las entregas de cazas en 2028. Esa diferencia obliga a utilizar inicialmente propulsores estadounidenses y mantiene al programa sujeto a condiciones de exportación y suministro durante sus primeras etapas.
La restricción es especialmente importante para las ventas internacionales. Los equipos de origen estadounidense están sometidos a procedimientos de autorización cuando se incorporan a aeronaves destinadas a otros compradores. Un motor turco ampliaría el control nacional sobre producción, mantenimiento, modificaciones y futuras exportaciones, aunque otras tecnologías extranjeras seguirían sujetas a sus propios permisos.
Indonesia encarga 48 KAAN y convierte el proyecto en un programa de exportación
El 26 de julio de 2025, Turquía e Indonesia firmaron en la feria IDEF de Estambul un contrato para adquirir 48 cazas KAAN. La operación siguió a un acuerdo gubernamental alcanzado el 11 de junio e incluye cooperación tecnológica, formación industrial y participación de empresas indonesias en las tareas relacionadas con el proyecto.
La adquisición indonesia es el primer contrato de exportación del avión turco. Su volumen supera el pedido doméstico inicial de veinte unidades y obliga a TUSAŞ a planificar producción, apoyo técnico, suministros y capacitación para dos fuerzas aéreas. El calendario anunciado se extiende durante aproximadamente diez años.
Indonesia busca renovar una flota que combina aviones de diferentes procedencias. Ya ha contratado cazas Rafale de fabricación francesa y estudia alternativas para sustituir aparatos antiguos. El KAAN forma parte de sus planes de modernización y de su interés en ampliar el trabajo de empresas nacionales dentro de programas de defensa extranjeros.
Las autoridades de Turquía han planteado que los aviones destinados a Indonesia incorporen motores de producción nacional. Esa intención relaciona el calendario del acuerdo con el desarrollo del TF35000. Mientras los F110 continúen como solución inicial, las autorizaciones de tecnología estadounidense continuarán como una condición para determinadas exportaciones del KAAN.
El contrato también amplía las posibilidades de cooperación en sensores, equipos electrónicos, armas y otros componentes de fabricación turca. Su ejecución dependerá de los avances de desarrollo del caza y de la capacidad industrial para sostener entregas y asistencia durante el periodo acordado.
Ankara negocia posibles salidas para los S-400, incluso su transferencia a otro país
Una de las opciones que Turquía ha examinado para resolver la disputa con Washington consiste en desprenderse de los sistemas rusos. Durante julio de 2026 surgieron informaciones sobre la posibilidad de transferirlos a Emiratos Árabes Unidos. Esa salida también permitiría intentar recuperar parte de los recursos invertidos en la adquisición original.
La transferencia requeriría negociar con Moscú, porque la venta posterior de material militar a terceros países puede estar sometida a restricciones del contrato de origen. Los gobiernos implicados tendrían que acordar condiciones de autorización, entrega y asistencia técnica para el sistema antiaéreo.

El ministro ruso de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, manifestó el 26 de septiembre que Rusia podría admitir una transferencia de los S-400 bajo determinadas condiciones. Entre ellas figuraban la relación del eventual comprador con Moscú y las obligaciones relativas al funcionamiento y mantenimiento del equipo. El 30 de septiembre, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, confirmó la continuidad de los contactos sobre una posible operación.
Por ahora, la posibilidad de transferir los sistemas no supone que Turquía ya los haya retirado ni que Estados Unidos haya autorizado su regreso al F-35. Las condiciones legislativas estadounidenses continúan vigentes. La carta del Departamento de Estado enviada al Congreso en julio establece que Ankara no las había satisfecho, incluso después de que Washington avanzara con los motores para el KAAN.
Las relaciones con la OTAN y las prioridades regionales condicionan los permisos
Turquía pertenece a la OTAN desde 1952 y mantiene vínculos industriales y militares con países occidentales. Al mismo tiempo, sus relaciones con Rusia comprenden comercio, energía y determinadas adquisiciones de defensa. Ankara también ha suministrado material militar a Ucrania. Esa combinación de relaciones explica las diferencias entre sus decisiones nacionales de compra y las preocupaciones de socios que controlan tecnologías utilizadas en programas turcos.
La controversia en el Congreso estadounidense incluye además asuntos regionales. Algunos legisladores han mencionado las relaciones turcas con Grecia y Chipre, sus operaciones militares en Siria y las tensiones con Israel al cuestionar ventas de armas avanzadas. El 2 de julio, la congresista Dina Titus presentó una resolución contra el suministro de motores F110 y argumentó que podía afectar la seguridad regional y las relaciones entre aliados de Estados Unidos.

Trump ha expresado una posición favorable a recuperar la cooperación militar con Erdogan. Los permisos para los F110 y las conversaciones sobre sanciones se desarrollan dentro de esa orientación, mientras el Congreso mantiene competencias para examinar transferencias y establecer condiciones de protección tecnológica. La disponibilidad de motores no elimina las obligaciones legales asociadas a otros equipos militares.
El KAAN afrontará esas condiciones industriales y políticas durante sus primeras series. Ankara busca recibir los F110, completar los seis prototipos previstos, fabricar veinte cazas nacionales y desarrollar el contrato de cuarenta y ocho aeronaves para Indonesia. Su proyecto de motor propio pretende ampliar la autonomía de producción en una etapa posterior.
Washington, por su parte, ha permitido avanzar una venta decisiva para el programa turco sin levantar las restricciones del F-35. El suministro de propulsores estadounidenses conserva su importancia para la fabricación inmediata del KAAN, mientras la controversia por los S-400 rusos continúa abierta y condiciona la cooperación tecnológica entre ambos aliados.










