La proliferación de drones de ataque ha obligado a los ejércitos a revisar una parte fundamental de su defensa antiaérea: cómo proteger instalaciones y unidades militares frente a aeronaves relativamente pequeñas, fabricadas en grandes cantidades y capaces de aproximarse desde diferentes direcciones. Los radares y misiles convencionales siguen siendo necesarios para enfrentar aviones y amenazas de gran velocidad, pero utilizar interceptores costosos contra drones de producción masiva introduce un problema económico y logístico que se agrava durante ataques prolongados.
La guerra en Ucrania ha demostrado la importancia de disponer de medios capaces de enfrentar varios tipos de drones. Los aparatos de reconocimiento pueden localizar posiciones y transmitir información para ataques posteriores. Los pequeños drones FPV transportan cargas explosivas contra vehículos y personal, mientras las municiones de ataque unidireccional, como los Shahed utilizados por Rusia, recorren distancias mayores para atacar instalaciones militares y energéticas. Cada categoría presenta características diferentes de tamaño, velocidad, autonomía y comportamiento durante la aproximación.
La respuesta necesita combinar vigilancia, identificación y neutralización en un sistema que pueda utilizarse tanto en una base permanente como junto a tropas desplegadas. Los interferidores electrónicos permiten perturbar determinados enlaces de control y navegación, pero muchos drones utilizan sistemas autónomos que reducen su dependencia de esas señales. Los interceptores físicos ofrecen otra posibilidad: enviar una aeronave especialmente diseñada para alcanzar al dron atacante y destruirlo mediante impacto directo o una carga explosiva.
La empresa francesa Alta Ares ha desarrollado una familia de sistemas basada en ese procedimiento. Fundada en 2024, trabaja con tecnología de inteligencia artificial, sensores de vigilancia y drones interceptores que han participado en operaciones de defensa antiaérea en Ucrania. El 5 de noviembre de 2026, la OTAN incorporó sus soluciones a un nuevo programa de adquisiciones antidrones. Alta Ares obtuvo seis de los dieciséis lotes adjudicados a cinco fabricantes, el mayor número asignado a una sola empresa en esta selección.
La OTAN prepara defensas para bases, fronteras y fuerzas desplegadas
La selección forma parte de Drone Edge, una iniciativa lanzada durante el foro de la industria de defensa de la OTAN celebrado en Ankara en julio de 2026. Su finalidad es acelerar la incorporación de equipos antidrones mediante contratos marco gestionados por la Agencia de Comunicaciones e Información de la Alianza, NCIA. Los países miembros podrán adquirir directamente las soluciones seleccionadas, sin repetir los procedimientos de licitación. Los seis lotes adjudicados a Alta Ares corresponden a categorías de contratación, no a seis unidades físicas de sus sistemas.
La protección de instalaciones militares exige vigilar una zona completa y responder a amenazas que pueden aproximarse desde diferentes sectores. Para evaluar las ofertas, la OTAN estableció un escenario de defensa de área de hasta tres kilómetros de diámetro, aplicable a bases aéreas, centros logísticos y otras instalaciones. También definió la protección de segmentos fronterizos de veinte kilómetros, donde los sensores necesitan mantener vigilancia continua y transmitir información a los medios de interceptación.
Alta Ares fue seleccionada para defensa de área en tres modalidades: sistemas fijos, equipos transportables y configuraciones capaces de funcionar en movimiento. Esta última resulta importante para acompañar unidades que cambian frecuentemente de posición. Las instalaciones permanentes pueden utilizar emplazamientos preparados para sus sensores y comunicaciones, mientras las unidades desplegadas necesitan sistemas que puedan instalarse rápidamente y operar con infraestructura reducida.
La OTAN adjudicó los otros diez lotes a Northrop Grumman y Axon Enterprise, de Estados Unidos; Quantum Systems, de Alemania; y OSL, del Reino Unido. El catálogo incluye soluciones para proteger puntos específicos, áreas extensas, fronteras y convoyes militares. La Alianza también destinó €3 100 000 a ensayos adicionales, con el propósito de facilitar que las fuerzas armadas evalúen los equipos antes de incorporarlos a sus propios sistemas defensivos.
Los interceptores X-Lock y Black Bird utilizan dos sistemas de propulsión diferentes
El X-Lock es un interceptor multirrotor de aproximadamente cinco kilogramos, concebido para despegar verticalmente y perseguir drones sin necesitar una pista ni una infraestructura de lanzamiento compleja. Su velocidad máxima anunciada alcanza los 310 kilómetros por hora y su alcance operativo es de 15 kilómetros. Puede operar hasta unos 4.500 metros de altitud y dispone de una autonomía de vuelo de veinte minutos. Estas características permiten emplearlo como medio de defensa de corto alcance alrededor de posiciones militares.
Su sistema de guiado utiliza inteligencia artificial para seguir el blanco durante la aproximación final. El interceptor puede recibir información inicial de radares y otros sensores, dirigirse hacia la posición del objetivo y continuar la maniobra mediante sus propios equipos. La configuración de ataque admite una carga militar destinada a destruir la aeronave adversaria. El fabricante ha desarrollado el conjunto para operaciones donde los sistemas de navegación por satélite pueden sufrir interferencias.
Para enfrentar drones de mayor velocidad, Alta Ares desarrolla el Black Bird, una aeronave de ala fija impulsada por un pequeño turborreactor. Su configuración actual está diseñada para alcanzar 700 kilómetros por hora, operar a distancias de hasta treinta kilómetros y alcanzar un techo de 6.000 metros. Estas prestaciones amplían las posibilidades de interceptación frente a aparatos rápidos, incluidos drones de ataque propulsados por reactores. El programa también contempla la interceptación de otras amenazas aéreas de mayor velocidad.
El Black Bird realizó una campaña de ensayos invernales en Estonia durante febrero de 2026, en colaboración con militares estonios y especialistas ucranianos. Los vuelos se efectuaron con temperaturas de hasta 17 grados bajo cero en superficie y aproximadamente 25 bajo cero en altitud. Durante las pruebas, el interceptor alcanzó velocidades próximas a los 450 kilómetros por hora. Los ensayos también abarcaron la transmisión de vídeo, las comunicaciones y el seguimiento de blancos mediante inteligencia artificial.
La inteligencia artificial enlaza los radares con los drones interceptores
Una defensa antidrones necesita identificar el blanco antes de lanzar un interceptor. Alta Ares desarrolló su concepto de cúpula táctica de protección mediante una combinación de radares, equipos electrónicos y aeronaves autónomas. En las primeras configuraciones participaron radares tácticos de Thales y Echodyne, sistemas de fusión de información de la estadounidense Picogrid e interceptores desarrollados con socios ucranianos. El propósito era conectar la vigilancia con la respuesta aérea mediante una arquitectura común.
Esa arquitectura incorpora programas especializados. Gamma ISTAR procesa imágenes procedentes de sensores de vigilancia y contribuye a identificar objetivos. Cyclops combina información recibida de radares y otros equipos, clasifica contactos, calcula trayectorias y proporciona datos para dirigir las misiones. Pixel Lock interviene durante la fase final, cuando las cámaras del interceptor deben localizar el objetivo y mantener su seguimiento mientras disminuye la distancia entre las dos aeronaves.
La división de tareas permite que los sensores terrestres proporcionen información inicial y que el interceptor complete la aproximación mediante guiado autónomo. Pixel Lock puede actuar como asistencia visual para un operador o controlar directamente la trayectoria hacia el blanco. Este funcionamiento resulta relevante frente a drones que vuelan con poca separación del terreno o en condiciones de interferencia electrónica. La eficacia depende de mantener una identificación correcta del objetivo, disponer de información suficiente sobre su trayectoria y conseguir que el interceptor alcance la posición necesaria para destruirlo.
La evolución del sistema está relacionada con sus pruebas en condiciones militares. En octubre de 2025, Alta Ares realizó una demostración de su cúpula antidrones en el centro de ensayos de misiles de la Dirección general del Armamento francesa, en Biscarrosse. La actividad permitió evaluar su arquitectura de detección e interceptación con participación de la OTAN. Los equipos también habían comenzado a operar en Ucrania, donde la empresa trabajó con unidades militares y obtuvo experiencia en la interceptación de drones rusos Shahed.
Alta Ares y la industria europea preparan la fabricación de interceptores en serie
La experiencia ucraniana introdujo una necesidad industrial concreta: disponer de interceptores en cantidades suficientes para responder a ataques repetidos. Un sistema puede alcanzar buenas prestaciones durante una prueba, pero su empleo prolongado requiere repuestos, baterías, motores, componentes electrónicos y nuevas aeronaves. Alta Ares comenzó a ampliar su cooperación con fabricantes europeos y ucranianos para aumentar la producción y reducir el tiempo necesario para incorporar modificaciones surgidas durante las operaciones.
En junio de 2026, Airbus Defence and Space firmó un acuerdo de cooperación con Alta Ares para integrar sus tecnologías en la plataforma Fortion. Esta arquitectura incluye Fortion IBMS, destinado a la gestión de operaciones militares, y Fortion SAMOC, especializado en el mando de sistemas de defensa antiaérea. El trabajo permitirá conectar los interceptores X-Lock y Black Bird con redes defensivas más amplias, junto a radares y sistemas de misiles que cumplen funciones complementarias.
La empresa francesa también estableció una asociación con MBDA dentro del programa ELISA, impulsado por la Dirección general del Armamento de Francia. El proyecto busca desarrollar interceptores contra drones de ataque de más de cien kilogramos, capaces de alcanzar velocidades de hasta 600 kilómetros por hora. La cooperación reúne los sistemas de guiado de Alta Ares con la experiencia de MBDA en armamento guiado. Su planificación industrial contempla producir varios centenares de interceptores mensuales desde comienzos de 2027 y ampliar posteriormente la fabricación.
En agosto, Alta Ares amplió sus vínculos con la industria ucraniana mediante un acuerdo con general Cherry para incorporar Pixel Lock y Cyclops al interceptor Bullet. El trabajo comprende tanto el guiado durante la aproximación como el seguimiento final de objetivos aéreos. En paralelo, la empresa francesa obtuvo una financiación de €50 000 000 para aumentar su actividad industrial y desarrollar nuevas tecnologías de defensa autónoma.
La adjudicación de la OTAN llega durante esa ampliación industrial. Los contratos marco tendrán una duración inicial de dieciocho meses, con posibilidad de prórroga, y permitirán que los países aliados contraten directamente las configuraciones seleccionadas. Alta Ares trabaja con sus socios industriales para superar una producción de mil interceptores mensuales durante 2027. Los sistemas destinados a las fuerzas aliadas podrán incorporarse a posiciones fijas, instalaciones transportables y equipos móviles de defensa antiaérea, dentro de las inversiones antidrones que la OTAN prepara para los próximos cinco años.










