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Cazas F-35B británicos operan desde el portaaviones HMS Prince of Wales en el Alto Norte

Los F-35B británicos llevan los ataques de la OTAN al Alto Norte

6 de noviembre de 2026
en Defensa y tecnología militar

Los cazas F-35B de la aviación británica embarcada realizaron en noviembre de 2026 ataques con munición real contra blancos del campo militar de Setermoen, en el norte de Noruega. Las aeronaves salieron del portaaviones HMS Prince of Wales, situado en el mar de Noruega, y ejecutaron sus misiones con la intervención de controladores de ataque del Ejército noruego. Los lanzamientos integraron el ejercicio Neptune Strike 26-4 de la OTAN y la operación británica Firecrest, que reunió medios aéreos y navales de distintas especialidades en el Alto Norte.

La operación permitió utilizar una plataforma naval como punto de partida de ataques contra objetivos terrestres de un país aliado, bajo coordinación entre fuerzas de dos naciones. Los controladores noruegos trabajaron desde el área de entrenamiento de Setermoen, en la región de Troms, mientras los pilotos británicos utilizaron los sistemas del Lightning II para completar el ataque. El dispositivo no se limitó a los aviones: destructores, fragatas y medios de lucha antisubmarina participaron en el despliegue que sostenía las operaciones del portaaviones.

En el Atlántico Norte, la distancia entre bases aéreas y la amplitud de los espacios marítimos condicionan la cobertura aérea. Las rutas que conectan Europa con América del Norte, así como la defensa de Islandia y Noruega, exigen mantener aviones disponibles lejos de los aeródromos habituales. Un portaaviones puede modificar su posición y acercar sus escuadrones a un sector determinado, aunque esa movilidad requiere escoltas, combustible y municiones. A las necesidades propias de una fuerza naval se suman el frío, el viento y las precipitaciones de las aguas septentrionales.

Desde la cubierta del Prince of Wales hasta los blancos de Setermoen

El Prince of Wales es uno de los dos portaaviones británicos de la clase Queen Elizabeth. Desplaza alrededor de 65.000 toneladas y mide unos 280 metros de eslora. Sus aviones despegan mediante una rampa situada en la proa, sin las catapultas utilizadas por los portaaviones estadounidenses, y regresan mediante aterrizaje vertical, sin cables de detención. Esta disposición es posible por las características del F-35B, concebido para emplear pistas cortas y cubiertas de vuelo que no disponen de los mecanismos propios de la aviación embarcada convencional.

Para proporcionar sustentación en las maniobras a baja velocidad, el F-35B combina el motor Pratt & Whitney F135 con una tobera posterior que puede orientar el empuje y un ventilador de sustentación colocado detrás de la cabina. El dispositivo ocupa espacio dentro del fuselaje y limita el combustible y el volumen de las bodegas de armamento respecto de otras versiones de la familia F-35. Antes de una recuperación vertical, la tripulación debe considerar el peso que conserva la aeronave, particularmente el combustible y las armas que no haya utilizado. En cubierta, el movimiento del buque y el estado de la mar añaden dificultades a las tareas de lanzamiento, aterrizaje y mantenimiento.

Un F-35B británico despega desde la cubierta del HMS Prince of Wales durante Firecrest
Un F-35B despega del HMS Prince of Wales durante Firecrest, en junio de 2026. Fotografía: Leon Neal/Getty Images.

El equipo de combate de estos aviones permite que la tripulación reúna en una misma representación táctica datos procedentes de varios sensores. El radar AESA AN/APG-81, los equipos infrarrojos, los sistemas de guerra electrónica y los enlaces de datos proporcionan información para operaciones de vigilancia, defensa antiaérea y ataque. Cuando transporta armamento dentro de sus compartimentos, el aparato mantiene una configuración de menor firma radar. También puede emplear cargas externas si la misión requiere más municiones, aunque esa opción incrementa tanto la resistencia aerodinámica como la observabilidad del avión.

En las misiones de ataque, la aviación británica utiliza entre sus armas habituales la Paveway IV, una bomba guiada de la clase de £500. Su sistema combina navegación inercial asistida por satélite con guiado láser, por lo que puede dirigirse hacia coordenadas establecidas de antemano o aprovechar la designación láser de un blanco. Los medios electroópticos del F-35B contribuyen a localizar los puntos terrestres y a preparar la intervención. En Setermoen, esas capacidades se emplearon junto con las instrucciones transmitidas desde tierra por personal noruego.

Los militares encargados de esa coordinación actuaron como controladores terminales de ataque conjunto, o JTAC. Su función comprende la identificación del objetivo, la transmisión de datos a la aeronave y la comprobación de las condiciones de seguridad antes de autorizar el empleo del armamento conforme a los procedimientos previstos. Así, el avión que había partido de un buque británico pudo atacar una posición terrestre bajo dirección de una unidad noruega. El ejercicio puso a trabajar conjuntamente los sensores del caza, las comunicaciones entre fuerzas y el control del espacio aéreo próximo al lugar de impacto.

F-35B británico sobre un controlador de ataque noruego tras el bombardeo en Setermoen
F-35B británico sobre el campo de entrenamiento de Setermoen después de un ataque con munición real en noviembre de 2026. Fotografía: Ole-Sverre Haugli/Forsvaret.

La actividad de Neptune Strike 26-4 también comprendió blancos en el mar. Un helicóptero Wildcat del destructor HMS Dauntless intervino junto a fuerzas noruegas en un ejercicio de ataque marítimo. La misma agrupación naval practicó de ese modo el uso de distintas aeronaves contra objetivos de naturaleza diferente: los F-35B en tierra y el helicóptero sobre el entorno marítimo. El mando aliado tuvo que coordinar sectores de operación, posiciones de las unidades y autorizaciones de ataque entre participantes de diferentes nacionalidades.

Los mismos cazas habían volado hasta Finlandia y vigilado el cielo islandés

Las misiones de noviembre continuaron un programa de actividades desarrollado a lo largo de 2026. En junio, durante la operación Firecrest, los F-35B del 809 Naval Air Squadron participaron en Ramstein Flag 26, un ejercicio que reunió unas 150 aeronaves de 18 países. Desde el Prince of Wales volaron más de 1.100 kilómetros hasta Finlandia y utilizaron la base aérea de Pirkkala, cerca de Tampere. El reabastecimiento en vuelo permitió ampliar el recorrido y enlazar las salidas desde el portaaviones con ejercicios organizados desde instalaciones en tierra.

Al mes siguiente, el portaaviones británico asumió tareas de policía aérea sobre Islandia dentro del dispositivo de la OTAN. Se trató de la primera ocasión en que un portaaviones europeo desempeñó esa función, cubierta anteriormente por cazas que operaban desde aeródromos terrestres. La misión situó la defensa y vigilancia del espacio aéreo islandés bajo un esquema en el que una unidad naval podía proporcionar aeronaves de interceptación y recibir las instrucciones del sistema aliado de control aéreo.

Durante esas operaciones, un avión ruso Tupolev Tu-142 se aproximó al grupo naval británico en el mar de Noruega. Dos Lightning II del 809 Naval Air Squadron despegaron para identificarlo y acompañarlo. El aparato ruso pasó cerca de la agrupación y liberó sonoboyas, dispositivos acústicos empleados para detectar submarinos. Los pilotos británicos conservaron el contacto visual y siguieron sus movimientos hasta que el Tu-142 se alejó. El episodio ilustró el empleo de los cazas del portaaviones para reaccionar ante la presencia de otra aeronave en las inmediaciones de la fuerza naval.

Un Tu-142 ruso visto desde un F-35B británico durante su interceptación en el mar de Noruega
Un F-35B británico acompaña a un Tu-142 ruso en el mar de Noruega, julio de 2026. Fotografía: Royal Navy.

En octubre se añadió una misión de escolta de un bombardero estratégico estadounidense. Durante Global Thunder, aeronaves F-35B del Reino Unido y F-35A de la Fuerza Aérea de Noruega acompañaron a un B-52 sobre el mar de Noruega. El vuelo reunió a tres fuerzas aéreas y permitió practicar la integración de cazas de quinta generación con un bombardero de largo alcance. Los Lightning aportaron sus sistemas de detección, sus enlaces de datos y su capacidad de combate aire-aire al dispositivo conjunto.

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El alcance de las operaciones también dependió de aviones cisterna. En Neptune Strike 26-3, celebrado en julio, el 809 Naval Air Squadron recurrió a un Voyager de la RAF y a un Boeing 767 italiano para prolongar sus vuelos desde el Atlántico Norte hasta Polonia. Ese tipo de misión exige planificar el encuentro con los cisternas, las cantidades de combustible disponibles y las reservas necesarias para retornar al buque. Con el reabastecimiento aéreo, los F-35B pueden actuar a distancias superiores a las que permitiría únicamente el combustible que llevan al despegar.

La defensa del portaaviones y el combustible sostienen las salidas aéreas

El empleo continuado de aviones embarcados requiere que el Prince of Wales disponga de protección frente a amenazas de superficie, submarinas y aéreas. En su agrupación, el destructor HMS Dauntless aporta defensa antiaérea con el sistema Sea Viper, mientras helicópteros Merlin HM2 desempeñan misiones antisubmarinas. Los controladores de caza del portaaviones reciben datos de sensores navales para organizar las misiones de sus aeronaves. La distribución de funciones entre buques y helicópteros deja a los F-35B disponibles para interceptación, vigilancia o ataque, según las necesidades de cada ejercicio.

La actividad de vuelo está condicionada igualmente por el trabajo de las dotaciones en cubierta. Los equipos técnicos deben revisar los sistemas, preparar el armamento y dirigir los movimientos de los aviones dentro de un espacio limitado. En el norte de Europa, la lluvia, el viento y las bajas temperaturas afectan tanto a las comprobaciones previas al despegue como a la recuperación de las aeronaves. La capacidad de lanzar y recibir F-35B no elimina estas exigencias: las traslada a un buque que debe mantener de forma continua sus servicios de mantenimiento y abastecimiento.

En Firecrest, el buque auxiliar RFA Tidespring proporcionó combustible al grupo británico durante su navegación por el Atlántico Norte. El trasvase se efectuó mediante los sistemas de reabastecimiento entre buques, que requieren mantener rumbos y velocidades compatibles y utilizar mangueras y equipos especiales. Este procedimiento evita que el portaaviones tenga que abandonar periódicamente el área de operaciones para regresar a puerto. El suministro de combustible forma parte del apoyo necesario para conservar la actividad de los aviones y del propio grupo naval.

Buque auxiliar RFA Tidespring durante el reabastecimiento del HMS Prince of Wales
El RFA Tidespring transfiere combustible al HMS Prince of Wales en el Atlántico Norte, junio de 2026. Fotografía: Leon Neal/Getty Images.

Noruega también suministró armamento al portaaviones británico

El 26 de octubre, durante la segunda fase de Firecrest, el Prince of Wales se dirigió a Hammernesodden, en Noruega, con el propósito de recibir municiones y otros suministros. Fue la primera vez que este portaaviones realizó una operación de reabastecimiento de armamento de ese tipo fuera del Reino Unido. La instalación noruega está vinculada a una infraestructura militar que también se utiliza para almacenar material estadounidense. Personal noruego participó en los procedimientos de protección de las instalaciones y seguridad durante la entrega.

La maniobra permitió ensayar una ruta de abastecimiento desde depósitos situados en territorio aliado hasta un portaaviones británico. Después de sucesivos entrenamientos o misiones de combate, una agrupación necesita reponer sus reservas de armas para mantener el ritmo de actividad. El acceso a Hammernesodden proporciona otra posibilidad de suministro en el norte europeo, sin limitarse al retorno a instalaciones británicas. Esta preparación logística se desarrolló en paralelo a los ejercicios de Neptune Strike y a las operaciones con las fuerzas aéreas y terrestres noruegas.

En la etapa final del despliegue, el Prince of Wales contó con el apoyo del HMS Dauntless, de la fragata noruega KNM Fridtjof Nansen y de otras unidades aliadas. Para el 6 de noviembre, su agrupación había completado bombardeos de entrenamiento en Setermoen, misiones de defensa antiaérea y vuelos combinados con cazas noruegos y bombarderos estadounidenses. El portaaviones se dirigía entonces a Oslo para una escala de cooperación militar, pero la visibilidad reducida obligó a retrasar su entrada al fiordo.

Las actividades posteriores requieren conservar los F-35B en condiciones de vuelo y organizar nuevas salidas desde cubierta. El programa de ejercicios de 2026 ha combinado ataques a blancos terrestres, interceptaciones, cooperación entre aeronaves de varias fuerzas aéreas y abastecimiento en aguas noruegas. Para el grupo del Prince of Wales, todas esas operaciones se apoyan en una estructura común: el portaaviones como base móvil, los buques de escolta para su protección, el reabastecimiento aéreo para ampliar el radio de acción y la cadena naval de suministros para mantener la actividad en el Atlántico Norte.

Etiquetas: F-35BOTAN

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