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Caza naval Sukhoi Su-33, de la familia Flanker.

Los Su-33 rusos no están obsoletos: aunque no tienen portaaviones

30 de octubre de 2026
en Defensa y tecnología militar

La Aviación Naval rusa emplea desde tierra un modelo creado para proteger a los buques de guerra. Sus Sukhoi Su-33 han escoltado bombarderos estratégicos sobre los mares de Barents y Noruega, han participado en ejercicios de interceptación en la península de Kola y han utilizado aeródromos avanzados del Ártico. El único portaaviones ruso, el “Almirante Kuznetsov”, permanece fuera de servicio desde 2017, pero sus cazas no han dejado de volar.

La misión del 15 de septiembre de 2026 ofrece una muestra de esa actividad: una formación de Tu-95MS recibió cobertura de Su-33 durante un vuelo de unas cinco horas. Noruega envió dos F-35A para identificar a los aviones rusos. El episodio confirmó que los cazas embarcados pueden prestar servicios de escolta desde instalaciones de la Flota del Norte, incluso sin disponer de una cubierta desde la cual despegar.

Rusia adapta las bases árticas a esa situación. En Severomorsk-3 se han construido trece refugios reforzados para aeronaves y dos hangares adicionales, mientras las tripulaciones mantienen su preparación para misiones de defensa antiaérea. El resultado es una fuerza pequeña, estimada en unos diecisiete Su-33 supervivientes, cuyo valor actual depende de tareas distintas de las previstas cuando entró en servicio.

Sukhoi Su-33 ruso

Los Su-33 escoltan a los Tu-95MS en el Atlántico norte

Tres bombarderos Tu-95MS despegaron de Olenya, al sur de Murmansk, el 15 de septiembre de 2026. Su ruta pasó sobre aguas internacionales de los mares de Barents y Noruega. Los acompañaron cazas Su-33 pertenecientes a la Aviación Naval rusa. El ministerio de Defensa de Rusia cifró la duración del vuelo en aproximadamente cinco horas y lo presentó como una actividad programada de su aviación estratégica. Los bombarderos llevaban misiles de crucero Kh-101.

La misión exigía a los cazas mantener contacto con la formación y vigilar posibles aproximaciones de otras aeronaves. En una escolta de ese tipo, los Su-33 pueden identificar aviones próximos y reaccionar ante amenazas contra los bombarderos. Su capacidad de combustible y su configuración de caza pesado favorecen los recorridos prolongados sobre el mar, donde las distancias entre los aeródromos son considerables.

La Real Fuerza Aérea Noruega movilizó dos F-35A desde Evenes para identificar a los aparatos rusos y seguirlos durante una parte del trayecto. Las fuerzas de Rusia y de países de la OTAN realizan habitualmente vuelos de reconocimiento y vigilancia en esa región. En la misma jornada también operaron alrededor de la península de Kola aeronaves de inteligencia electrónica estadounidenses y suecas.

Estos hechos no describen un combate entre los aparatos rusos y noruegos. Documentan una patrulla de bombarderos con escolta y una misión de identificación aérea. Para el Su-33, su importancia reside en demostrar que puede cumplir una función defensiva sobre el Atlántico norte sin recurrir al portaaviones para el lanzamiento o la recuperación.

El empleo desde territorio ruso ha permitido conservar misiones de patrulla, interceptación y acompañamiento de aeronaves estratégicas. Esas funciones no sustituyen por completo la protección aérea de una agrupación naval desplegada lejos de sus bases, pero sí mantienen operativa una parte de las capacidades de combate para las que se construyó el avión.

Cazas Su-33 de la Aviación Naval rusa.
Aeronaves Su-33 de la Flota del Norte, utilizadas actualmente desde bases terrestres.
Aviones Su-33 de la Aviación Naval rusa.
Los cazas embarcados rusos conservan funciones de interceptación y escolta.

La Flota del Norte entrena a sus pilotos para combatir desde tierra

La preparación de los Su-33 no se limita a las escoltas de bombarderos. El 28 de marzo de 2026, las unidades de aviación de la Flota del Norte realizaron más de treinta vuelos durante ejercicios desarrollados en la península de Kola y sobre zonas de entrenamiento marítimas. Participaron Su-33 y aviones Su-25UTG, empleados para la formación de pilotos navales.

Las tripulaciones practicaron maniobras ofensivas y defensivas a varias altitudes y procedimientos destinados a obtener una posición ventajosa en combate aéreo. Parte de las prácticas incluyó la identificación e interceptación de helicópteros y aparatos no tripulados. Esos blancos requieren aproximaciones distintas de las habituales contra otros cazas por sus características de velocidad y altura.

El programa de preparación ya había incluido ejercicios similares durante 2025. En febrero de ese año, pilotos de Su-33 y Su-30SM completaron más de veinte vuelos centrados en interceptación, navegación con visibilidad limitada, despegues y aterrizajes sobre pistas nevadas. También practicaron la coordinación con los servicios terrestres responsables de mantener operativos los aeródromos.

En mayo de 2025, ambos modelos volvieron a participar en maniobras con objetivos simulados que representaban aviones de combate, helicópteros y drones. Aproximadamente cincuenta militares tomaron parte en aquellas actividades, entre pilotos, ingenieros y personal de apoyo. Los ejercicios comprendieron ataques simulados, movimientos evasivos y procedimientos de interceptación, además de la evaluación de los vínculos entre las aeronaves y sus bases.

Para estas unidades, la preparación terrestre también comprende el reabastecimiento en vuelo. El 25 de marzo de 2025, tripulaciones de Su-33, Su-30SM y Su-24M practicaron transferencias de combustible con un avión cisterna Il-78 sobre Kola. Intervinieron más de veinte tripulaciones en operaciones tanto diurnas como nocturnas.

El combustible recibido durante el vuelo permite aumentar la duración de las patrullas, alcanzar sectores más alejados de la costa y conservar reservas si el mal tiempo impide regresar al aeródromo previsto. Esa flexibilidad tiene importancia en una región donde las condiciones meteorológicas pueden modificar las posibilidades de aterrizaje.

Su-33 durante operaciones y ejercicios de aviación naval.
Las tripulaciones practican combate aéreo y maniobras de interceptación en la región ártica.

Los aeródromos avanzados extienden su presencia por el Ártico

La Flota del Norte debe proteger instalaciones navales y estratégicas situadas en la península de Kola y vigilar rutas de aproximación que atraviesan amplias superficies marítimas. El empleo de cazas desde una única base limitaría su cobertura. Rusia ha ampliado por ello las instalaciones de aviación en distintos puntos de sus archipiélagos septentrionales y las utiliza para desplegar aeronaves tácticas.

En abril de 2024, los Su-33 realizaron despegues y aterrizajes en Rogachevo, en Nueva Zembla, y Nagurskoye, en Tierra de Francisco José. Ambos aeródromos disponían de pistas ampliadas. El Centro para el Análisis de Políticas Europeas (CEPA) recogió esas operaciones en su estudio sobre la situación militar del Ártico ruso publicado en septiembre de 2026.

Las pistas mejoradas permiten situar cazas más cerca de los sectores que necesitan vigilancia. Para sostener esos desplazamientos también hacen falta combustible, comunicaciones, equipos técnicos y personal capaz de mantener los aviones bajo temperaturas extremadamente bajas. La infraestructura no se limita a una superficie para despegar: debe atender el funcionamiento de las aeronaves y su regreso en condiciones de nieve o hielo.

Base aérea de Rogachevo, en Nueva Zembla.
Rusia amplió instalaciones del Ártico que permiten operar cazas navales desde posiciones avanzadas.

La defensa de las zonas septentrionales combina las patrullas aéreas con radares terrestres, defensas antiaéreas y otras unidades militares. Los sistemas instalados en tierra pueden vigilar el espacio aéreo y proteger instalaciones, mientras los cazas se desplazan hacia sectores en los que resulte necesario identificar o interceptar aeronaves. El Su-33 permanece integrado en esa distribución de tareas.

La organización de los medios de la Flota del Norte también cambió antes de los ejercicios recientes. En diciembre de 2023, Rusia reorganizó unidades aéreas bajo un mando común relacionado con el 45.º Ejército de la Fuerza Aérea y Defensa Antiaérea. La medida abarcó los regimientos de aviación naval 279.º y 100.º y otras unidades de cazas, reconocimiento y aviación antisubmarina.

La nueva estructura facilita la coordinación de las aeronaves y bases situadas en Severomorsk, Monchegorsk y Olenya. Las operaciones desde el territorio continental y los aeródromos insulares mantienen una capacidad de respuesta aérea para la flota, aunque Rusia no pueda desplegar actualmente los Su-33 a bordo de su portaaviones.

El “Almirante Kuznetsov” dejó de proporcionarles una cubierta de vuelo

El Su-33 nació para operar desde el “Almirante Kuznetsov”. Su misión principal era defender formaciones navales frente a amenazas aéreas. La condición actual de la aeronave cambió después de la campaña rusa en Siria, que constituyó su principal despliegue embarcado en combate.

El portaaviones partió hacia el Mediterráneo en octubre de 2016 con Su-33, MiG-29KR/KUBR y helicópteros de apoyo y vigilancia. Desde el buque se efectuaron misiones de combate contra objetivos terrestres. Aquella operación dio a los pilotos experiencia en el uso real de armamento, el mantenimiento de aeronaves embarcadas y la organización de vuelos desde una plataforma naval durante un despliegue prolongado.

La campaña también dejó dos accidentes relacionados con la recuperación de aviones. El 14 de noviembre de 2016 se perdió un MiG-29KR después de dificultades vinculadas con el apontaje. El 3 de diciembre, un Su-33 cayó al mar al fallar un cable de detención durante su aterrizaje. Los pilotos sobrevivieron en ambos casos. Las pérdidas afectaron a una dotación embarcada limitada.

Su-33 sobre la cubierta del portaaviones «Almirante Kuznetsov».
Los Su-33 participaron en operaciones rusas de combate frente a Siria en 2016.

Al concluir la operación, a comienzos de 2017, el “Kuznetsov” regresó a Rusia. El programa de reparaciones y modernización comenzó formalmente en 2018, pero sufrió una sucesión de interrupciones. En octubre de ese año se hundió el dique flotante PD-50, utilizado en los trabajos. Un incendio ocurrido en diciembre de 2019 provocó nuevos daños y causó la muerte de trabajadores. Otro incendio afectó al buque en diciembre de 2022.

Los incidentes, los problemas industriales y los costes retrasaron repetidas veces su regreso al servicio. En julio de 2025 las autoridades rusas suspendieron las labores de modernización y examinaron la posibilidad de retirarlo definitivamente. Andrei Kostin, presidente de la Corporación Unificada de Construcción Naval, sostuvo que continuar las reparaciones no tenía justificación económica debido a la edad del buque y al gasto requerido. Mencionó como alternativas la venta y el desguace.

En julio de 2026, las informaciones disponibles situaban al portaaviones amarrado en Murmansk, sin trabajos activos de reparación y sin una decisión pública definitiva sobre su destino. El buque llevaba cerca de una década sin proporcionar una plataforma regular de operaciones embarcadas a los Su-33.

Portaaviones ruso «Almirante Kuznetsov».
El único portaaviones de Rusia permanece fuera de servicio desde su regreso de Siria en 2017.

El “Almirante Kuznetsov” fue diseñado con una configuración STOBAR. Sus aviones despegan mediante el empuje de sus motores y una rampa situada en la proa, y aterrizan con ayuda de cables de detención. Este procedimiento impone limitaciones al peso de despegue y, por tanto, a determinadas combinaciones de combustible y armamento.

La operación desde pistas convencionales elimina las restricciones propias de esa cubierta corta. Los Su-33 pueden utilizar instalaciones terrestres de mantenimiento y despegue, aunque pierden la posibilidad de acompañar desde el mar a una agrupación naval cuando esta se encuentra lejos de los aeródromos rusos. La continuidad del avión no implica que Rusia haya recuperado su capacidad de aviación embarcada.

El Su-33 conserva las prestaciones de un caza pesado supersónico

El desarrollo del Su-33 partió de la célula del Su-27 soviético. El primer prototipo, denominado Su-27K, realizó su vuelo inicial en agosto de 1987. La Armada rusa incorporó formalmente el modelo en agosto de 1998. Para adaptarlo al portaaviones, los ingenieros introdujeron refuerzos estructurales, planos delanteros canard y alas plegables, entre otras modificaciones.

El avión mantiene dos motores y la configuración general de la familia Flanker. Con las alas desplegadas, mide unos 14,7 metros de envergadura y su longitud ronda los 21,2 metros. La masa máxima de despegue se sitúa cerca de las 33 toneladas. Su techo operativo es de aproximadamente 17.000 metros y la velocidad máxima declarada alcanza alrededor de 2.300 kilómetros por hora a gran altitud, equivalentes a Mach 2,15.

Caza ruso Su-33, derivado del Su-27.
Su configuración incluye dos motores, planos canard y alas plegables para operaciones navales.

La propulsión procede de dos motores AL-31F Serie 3. Incorporan un régimen de empuje concebido para ayudar al despegue desde la rampa del portaaviones. Fuera de ese uso original, proporcionan la aceleración y las prestaciones necesarias para las maniobras de un caza pesado y los vuelos supersónicos.

El combustible alojado en sus depósitos internos alcanza aproximadamente 9,4 toneladas. El Su-33 también tiene una sonda retráctil de reabastecimiento aéreo, que permite extender las misiones con apoyo de aviones cisterna. La autonomía y la posibilidad de recibir combustible en vuelo explican su utilización en patrullas sobre mares extensos y durante la escolta de bombarderos estratégicos.

El diseño ofrece doce puntos externos para transportar armamento y una carga militar máxima estimada en unos 6.500 kilogramos. También lleva un cañón GSh-30-1 de 30 milímetros, con una dotación de 150 proyectiles. Su configuración principal responde a las misiones de defensa antiaérea, aunque determinadas modificaciones posteriores ampliaron las posibilidades de ataque a tierra.

Su radar y sus misiles todavía son útiles, pero pertenecen a otra generación

El Su-33 dispone del radar N001K Mech-K, una evolución del N001 empleado por el Su-27. Es un equipo de impulsos Doppler con antena de barrido mecánico. Las especificaciones publicadas mencionan detecciones de hasta unos 100 kilómetros para ciertos objetivos en aproximación y la posibilidad de seguir varias aeronaves. Su tecnología es anterior a la de los radares AESA que llevan cazas más recientes, como el Su-57 ruso y el J-16 chino.

El avión complementa el radar con sistemas electroópticos capaces de buscar aeronaves a partir de determinadas emisiones infrarrojas. Esos sensores pueden aportar información sin la necesidad de emitir señales radar de forma permanente. La combinación ofrece medios para vigilar el espacio aéreo y apoyar interceptaciones, aunque no reproduce las capacidades electrónicas de los modelos de última generación.

Sus misiles de alcance medio pertenecen a la familia R-27. Existen variantes con guiado por radar semiactivo y otras con guiado infrarrojo. En las primeras, el radar del avión lanzador debe proporcionar la iluminación del objetivo durante la fase correspondiente de la interceptación. Los R-27R y R-27ER emplean ese procedimiento y permiten atacar objetivos fuera de las distancias habituales del combate visual.

Misil aire-aire de la familia R-27.
El Su-33 puede llevar variantes R-27 con guiado por radar semiactivo o infrarrojo.

Las variantes infrarrojas del R-27 buscan la radiación térmica de los blancos y utilizan un sistema de guiado diferente. Por ello, determinadas interceptaciones pueden efectuarse sin mantener la iluminación radar que necesitan los modelos semiactivos. La elección del misil modifica los procedimientos que debe seguir la tripulación durante el ataque.

Para combates cercanos, el Su-33 puede portar el R-73. Su buscador infrarrojo y sus superficies de control le permiten seguir blancos durante maniobras exigentes. También puede combinarse con un dispositivo de designación de objetivos colocado en el casco del piloto. De ese modo, la selección del blanco no queda limitada al eje de avance de la aeronave.

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Misil aire-aire de corto alcance R-73.
El R-73 utiliza un buscador infrarrojo y puede emplearse para enfrentamientos a corta distancia.
Caza de la familia Su-27 con misiles R-27 y R-73.
Los misiles R-27 y R-73 corresponden a diferentes distancias de combate aéreo.

Los misiles modernos con buscadores de radar activo, enlaces de datos y sensores más recientes han modificado las posibilidades de enfrentamiento a grandes distancias. El N001K y las familias de armas del Su-33 presentan limitaciones ante aeronaves avanzadas. Eso no impide que el modelo realice patrullas, acompañe bombarderos o intervenga en determinadas misiones de interceptación, pero condiciona los tipos de enfrentamientos en los que puede resultar adecuado.

Las modificaciones de puntería permitieron utilizar bombas convencionales

La configuración inicial del Su-33 estaba orientada a la superioridad aérea y a la defensa de grupos navales, aunque admitía bombas y cohetes no guiados. Rusia amplió su empleo contra objetivos terrestres con el sistema de puntería SVP-24-33, adaptado de equipos utilizados previamente en los bombarderos Su-24M y Tu-22M3.

El SVP-24-33 utiliza información sobre la posición de la aeronave, la navegación, las condiciones del vuelo y la balística de las municiones para calcular el momento de lanzamiento. Su finalidad es mejorar la precisión de las bombas convencionales sin que cada proyectil necesite un dispositivo individual de guiado. Este equipo no transforma una bomba no guiada en una munición de precisión autónoma: modifica los cálculos y procedimientos con los que el avión la emplea.

Las operaciones desarrolladas en Siria pusieron a prueba esta capacidad. Algunos Su-33 efectuaron ataques contra posiciones terrestres con bombas convencionales, una misión diferente de la protección aérea para la que habían sido concebidos. La campaña contribuyó a ampliar las tareas previstas para los cazas después de su regreso a Rusia.

En enero de 2017, fuentes del ministerio de Defensa ruso declararon a Interfax que alrededor de diez aviones ya contaban con el nuevo sistema. Los responsables militares atribuyeron al SVP-24-33 una mejora de precisión y anunciaron la continuación de los trabajos durante las revisiones de mantenimiento. La integración también contemplaba funciones para intercambiar información táctica con otras aeronaves y centros de mando.

Las bombas sin guiado mantienen restricciones propias de su modo de empleo, incluidas las condiciones de lanzamiento y la exposición de la aeronave a las defensas enemigas. La modificación aportó al Su-33 una función adicional, pero no eliminó esas limitaciones ni sustituyó sus capacidades principales de defensa antiaérea.

Severomorsk-3 recibe trece refugios y dos hangares para la aviación naval

Sukhoi Su-33 ruso

El cambio de las operaciones embarcadas a las terrestres también se refleja en las instalaciones de la Flota del Norte. El 8 de septiembre de 2026, The Independent Barents Observer examinó imágenes satelitales que documentaban la construcción de trece refugios reforzados para cazas y dos hangares de mantenimiento en Severomorsk-3. Las obras se habían desarrollado durante 2025 y 2026.

Los refugios miden aproximadamente veinte metros de ancho y treinta de largo. Sus dimensiones permiten alojar tanto Su-33 como MiG-29K, aeronaves que conservan sus unidades de origen naval aunque actualmente operen desde tierra. Las estructuras ofrecen espacios cerrados para proteger los aviones de las condiciones meteorológicas y facilitar determinadas tareas de conservación.

La infraestructura también reduce la exposición directa de las aeronaves estacionadas y dificulta su observación visual desde el espacio. Las imágenes examinadas solo permitían identificar dos Su-33 y un Su-25 en la base durante algunos periodos de 2025 y 2026, frente a cerca de una docena de Su-33 visibles en años anteriores. Esa comparación fotográfica no equivale a un recuento de toda la flota, ya que los aparatos también utilizan otras instalaciones.

Los nuevos hangares facilitan las operaciones de mantenimiento de sistemas electrónicos, motores y componentes mecánicos expuestos a temperaturas bajas. Junto con los aeródromos árticos, proporcionan infraestructura para conservar aeronaves, preparar misiones y sostener la actividad de los regimientos de la Aviación Naval.

La inversión muestra que Rusia mantiene instalaciones para sus cazas navales a pesar de la inmovilización del portaaviones. Las bases permiten conservar las tareas de preparación, apoyo técnico y defensa antiaérea mientras se decide el futuro de las aeronaves más antiguas.

Unos diecisiete aviones permanecen en el inventario naval

El Su-33 fue fabricado en cantidades limitadas durante la década de 1990. Las cifras de producción no son uniformes, porque algunos recuentos incluyen prototipos o unidades anteriores a la fabricación en serie. La documentación técnica del Ejército de Estados Unidos registra veinticuatro aparatos, mientras otras referencias especializadas mencionan veintiséis unidades de serie.

Las estimaciones de septiembre de 2026 sitúan los Su-33 supervivientes alrededor de diecisiete. Esa cifra alude a los aparatos que siguen en los inventarios y no demuestra que todos puedan despegar en cualquier momento. La disponibilidad real depende de la situación de los motores, las estructuras, la electrónica y los repuestos, además del trabajo de las unidades de mantenimiento.

Sukhoi Su-33 ruso

La dimensión de la flota limita las posibilidades de realizar actualizaciones profundas. Integrar un radar enteramente nuevo o familias adicionales de misiles requiere ingeniería, pruebas y modificaciones en una cantidad reducida de aparatos. Su utilización futura también estará condicionada por las horas de vuelo acumuladas y por los costes de prolongar su vida útil.

La Aviación Naval dispone de otros cazas, incluidos los Su-30SM2, que continúan dentro de programas de fabricación y actualización. Durante 2026, Rusia recibió nuevas unidades de ese modelo con modificaciones de aviónica, guerra electrónica y compatibilidad con armamento. Los Su-30SM2 pueden desempeñar misiones multifunción y complementar desde tierra las tareas de los Su-33.

El Su-35S es otra plataforma rusa más reciente, con programas industriales activos. La coexistencia de estos modelos obliga a valorar cuánto esfuerzo técnico y económico puede destinarse a una flota de Su-33 pequeña y envejecida. Por ahora, Rusia conserva esos cazas mediante mantenimiento y modificaciones parciales, al tiempo que incorpora aeronaves más modernas a otras unidades.

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Su-33

La situación de los Su-33 tiene dos componentes distintos. Rusia ya no dispone de un portaaviones operativo que permita sostener una fuerza de cazas embarcados durante despliegues navales prolongados. Al mismo tiempo, conserva aviones que pueden despegar desde pistas terrestres para apoyar la vigilancia y defensa de las zonas septentrionales.

Las maniobras de marzo de 2026, la escolta de los Tu-95MS en septiembre y los desplazamientos hacia aeródromos árticos documentan actividades diferentes dentro de esa función. El entrenamiento de interceptación mantiene la preparación de las tripulaciones; las escoltas aprovechan la autonomía del avión; y las bases avanzadas permiten cubrir sectores marítimos alejados de Kola.

El Su-33 no dispone de la arquitectura electrónica de los cazas más recientes y su reducido número condiciona la modernización. Conserva, sin embargo, velocidad supersónica, capacidad de reabastecimiento, misiles aire-aire y sistemas de misión con los que Rusia mantiene patrullas y operaciones de escolta. La ampliación de Severomorsk-3 confirma que las instalaciones terrestres forman parte de su empleo actual.

La ausencia del “Almirante Kuznetsov” eliminó su modalidad de despliegue original, no todas sus funciones militares. En el Ártico y el Atlántico norte, la Flota del Norte utiliza estos cazas derivados del Su-27 como parte de sus medios de defensa antiaérea.

Etiquetas: NavalRusiaSu-35

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