China ha llevado el diseño soviético del Su-27 a una etapa de desarrollo que sus fabricantes originales no han alcanzado en determinados sistemas de combate. El Shenyang J-16, un caza pesado de dos plazas construido en China, reúne un radar de barrido electrónico activo, armamento aire-aire nacional y equipos digitales que lo sitúan por delante del Su-35S ruso en la evaluación tecnológica de conjunto del Royal United Services Institute (RUSI). La diferencia no reside en una única característica: comprende sensores, comunicaciones, guerra electrónica y empleo de misiles a grandes distancias.
El contraste tiene una dimensión industrial. Pekín pasó de importar cazas rusos en los años noventa a fabricar una versión propia con motores y sistemas de misión nacionales. Rusia mantiene las entregas de Su-35S y Su-30SM2, pero China ha elevado la producción del J-16 y ha extendido su empleo a operaciones coordinadas con aviones de alerta temprana, cisternas y aeronaves especializadas. El análisis de RUSI publicado en enero de 2026 situó las entregas acumuladas del J-16 en aproximadamente 450 ejemplares hasta el cierre de 2025, una estimación y no un recuento oficial.
La comparación requiere distinguir las misiones de cada aparato. El Su-35S es monoplaza y dispone de motores con empuje vectorial que favorecen las maniobras extremas. El J-16 procede principalmente del Su-30MKK biplaza y concentra una parte importante de sus mejoras en el intercambio de información y los enfrentamientos fuera del alcance visual. La superioridad atribuida a la variante china no equivale a afirmar que posee mejores prestaciones aerodinámicas en cualquier situación.
La ventaja del J-16 no depende solamente del avión
Para el combate a larga distancia, China ha reunido capacidades que exceden los sensores instalados en cada caza. El J-16 puede recibir información de otras aeronaves mediante enlaces de datos y utilizarla para preparar ataques contra objetivos que no necesariamente detecta por sí solo. El KJ-500, dedicado a la alerta temprana y el control aerotransportado, forma parte de esa organización. Sus radares vigilan sectores extensos del espacio aéreo y sus comunicaciones distribuyen datos entre las plataformas participantes.
La integración de los misiles PL-15 y PL-17 con esas redes amplía las opciones de enfrentamiento. Un avión de combate puede aprovechar información externa para identificar un blanco y actualizar las condiciones del ataque. La calidad del seguimiento, la transmisión de datos al misil y la energía que conserve durante la interceptación son factores distintos de su alcance máximo declarado. RUSI considera que las inversiones chinas en estos componentes han creado ventajas frente a determinados sistemas rusos y occidentales.
El origen ruso de la célula no impide esa evolución. Los ejemplares chinos integran una cabina digital y equipos electrónicos preparados para operar dentro de la estructura de mando del Ejército Popular de Liberación. La presencia de dos tripulantes permite distribuir las funciones: uno atiende principalmente el pilotaje y la maniobra, mientras el otro puede ocuparse de la información táctica, las comunicaciones y los sistemas de ataque. Andreas Rupprecht, especialista en aviación china, ha identificado esta distribución como una de las diferencias favorables al J-16.
El mismo programa también ha permitido fabricar una versión dedicada a la guerra electrónica, el J-16D. Su existencia añade una función específica a las operaciones de los cazas convencionales: detectar emisiones, interferir determinados radares y comunicaciones y apoyar misiones contra sistemas de defensa antiaérea. Esa especialización forma parte del conjunto de capacidades que China ha desarrollado sobre la familia aeronáutica suministrada originalmente por Moscú.
Los ejercicios en Egipto mostraron el empleo conjunto de sensores y misiles
En agosto de 2026, seis J-16 participaron en un despliegue de la aviación china hacia Egipto para el ejercicio bilateral Eagles of Civilization. El grupo incluía dos cisternas YY-20A, un KJ-500, aviones de transporte y otras unidades de apoyo. La fuerza recorrió unos 6.000 kilómetros y efectuó operaciones de reabastecimiento en vuelo durante el traslado. El movimiento permitió trasladar al exterior no solo los cazas, sino también parte de los medios necesarios para sostener sus operaciones.
Las maniobras comprendieron ataques simulados, misiones de superioridad aérea, combates entre cazas y reabastecimiento. Participaron aeronaves de ambos países en enfrentamientos a distintas distancias. El ministerio de Defensa egipcio dio por concluido el ejercicio el 7 de septiembre, después de las jornadas previstas para coordinar procedimientos y practicar operaciones conjuntas.
En octubre, la televisión estatal china presentó el relato de un enfrentamiento simulado entre cuatro J-16 y seis cazas egipcios: dos Rafale franceses y cuatro MiG-29M rusos. Los pilotos chinos afirmaron que obtuvieron mejores resultados durante la fase de larga distancia gracias al apoyo del KJ-500 y a los misiles PL-15. También admitieron que sus adversarios mostraron ventajas en determinadas fases de combate próximo. Esas valoraciones proceden de los participantes chinos y no constituyen resultados independientes de una confrontación real.
El ejercicio tuvo además una continuación pública. Del 8 al 10 de septiembre, China exhibió en El Alamein un J-16, un KJ-500, un cisterna YY-20 y un helicóptero Z-20. Janes identificó esa participación como la primera presentación de los cuatro modelos operativos juntos en una exposición aeronáutica internacional celebrada fuera de China. Las aeronaves expuestas correspondían a tipos empleados durante las maniobras bilaterales.
La actividad egipcia proporcionó un ejemplo de las operaciones que la Fuerza Aérea china prepara con estos equipos. El J-16 no necesita actuar como plataforma aislada: puede combinar su carga de armamento y sus sensores con la vigilancia de un avión de control aéreo. Los resultados descritos por los pilotos destacaron el combate más allá del alcance visual, pero también mostraron que las condiciones cambian cuando los adversarios reducen la separación y entran en fases de maniobra cercana.
De los Su-27 importados al desarrollo industrial de Shenyang
Para entender la trayectoria del J-16 es necesario remontarse a las compras chinas de Su-27 de comienzos de la década de 1990. Los primeros lotes recibidos desde Rusia incluían los Su-27SK y Su-27UBK. Pekín buscaba aviones de gran autonomía capaces de transportar cargas militares elevadas y enfrentarse a modelos occidentales. El acuerdo posterior para fabricarlos bajo licencia en Shenyang dio origen al J-11, que inicialmente conservó numerosos componentes y equipos rusos.
El siguiente desarrollo fue el J-11B. En él aumentó la presencia de equipos electrónicos, sistemas de control, materiales y motores procedentes de la industria nacional. Sobre esa experiencia, China elaboró un caza de dos tripulantes apto para misiones aire-aire y para ataques contra objetivos terrestres o marítimos. El proyecto incorporó soluciones del J-11BS y características del Su-30MKK previamente adquirido a Rusia.
El prototipo del J-16 voló por primera vez a finales de 2011. Su silueta retiene los elementos principales del Flanker, con dos motores, alas extensas, dos estabilizadores verticales y una estructura capaz de llevar combustible y armamento en cantidades considerables. La continuidad de esa configuración externa convive con modificaciones en propulsión, construcción, sistemas de misión y aviónica. Rupprecht sitúa la entrada en servicio del modelo hacia mediados de 2015 y el inicio de nuevas mejoras de producción a partir de 2019.
La integración de armamento pasó a manos de fabricantes chinos. El avión admite bombas guiadas, misiles y contenedores especializados producidos en el país; sus sistemas de comunicaciones y sus controles digitales se adaptaron a las redes de mando nacionales. Los primeros Su-27 y Su-30 importados estaban sujetos a las condiciones técnicas de integración de sus equipos originales. Con el J-16, Shenyang pudo introducir configuraciones sin depender de aquella arquitectura rusa.
La independencia industrial también alcanza la planta motriz. Los primeros J-16 utilizaron motores WS-10B, pertenecientes al programa nacional chino de propulsión, y las unidades posteriores recibieron mejoras destinadas al rendimiento y la fiabilidad. Su empleo disminuyó la necesidad de recurrir a los AL-31 rusos que habían equipado otras variantes del Flanker. China fabrica asimismo las células, los radares, los equipos electrónicos y el armamento del J-16 mediante su propia industria.
Aunque J-16 y Su-35S proceden de una familia común, no son versiones consecutivas de un mismo programa. El primero continúa la línea del Su-30MKK biplaza; el segundo procede de una evolución rusa monoplaza diseñada con especial atención al combate de superioridad aérea. Por ello existen diferencias de tripulación, motorización, aviónica y cargas militares. Compararlos exige tener en cuenta esa separación de objetivos de diseño.
Qué cambia al pasar del Irbis-E ruso a un radar AESA chino
El Su-35S está equipado con el N035 Irbis-E, un radar de barrido electrónico pasivo o PESA. Su antena recibe la energía de radiofrecuencia de una fuente central. En el J-16, por el contrario, el radar utiliza barrido electrónico activo o AESA: numerosos módulos individuales se ocupan de transmitir y recibir las señales. La distinción afecta a la forma de organizar las emisiones, gestionar distintas funciones y responder a fallos de algunos componentes.
Una arquitectura AESA ofrece posibilidades para variar las señales y distribuir las tareas de la antena de manera flexible. También permite desarrollar procedimientos de menor probabilidad de interceptación y determinadas respuestas frente a interferencias electrónicas. Si una parte de sus módulos deja de funcionar, los demás pueden mantener cierta capacidad operativa. Estas propiedades son ventajas tecnológicas generales de la arquitectura, no una medida aislada y suficiente del resultado de cualquier combate.
El Irbis-E mantiene prestaciones relevantes. Rostec le atribuye la capacidad de seguir hasta treinta objetivos aéreos y atacar ocho de manera simultánea. La empresa ha declarado distancias de detección máximas de 350 kilómetros bajo determinadas condiciones. A ello se suma un mecanismo de orientación de la antena que extiende el sector de exploración. La potencia de sus emisiones puede favorecer la detección a gran distancia, aunque también puede facilitar que los receptores de un adversario adviertan la actividad del radar.
En el J-16, el radar AESA forma parte de un sistema de misión que procesa y comparte información digital con otras plataformas. Esa integración es central en la evaluación de RUSI: las prestaciones del sensor deben considerarse junto con los enlaces de datos, los receptores electrónicos y las armas disponibles. El avión no depende exclusivamente de la información captada desde su morro cuando recibe datos de plataformas de alerta temprana o de otras aeronaves.
La disposición de la cabina acompaña estas funciones. Las pantallas multifunción presentan al piloto y al segundo tripulante información sobre navegación, objetivos y armamento. La distribución de responsabilidades resulta adecuada para una plataforma que combina defensa antiaérea, escolta y ataque multifunción. La mejora china no se restringe, por tanto, a sustituir un radar por otro: comprende los equipos que procesan su información y los sistemas que la emplean.
Los misiles chinos amplían las opciones de combate a gran distancia
China equipa sus cazas con el PL-10 para distancias cortas, el PL-15 para combates lejanos y el PL-17 para blancos situados todavía más lejos. Los tres responden a necesidades distintas. La integración de sus sistemas con radares y comunicaciones nacionales permite organizar ataques en los que intervienen sensores de otras aeronaves y enlaces que actualizan la posición de los objetivos.
El PL-15 utiliza un motor cohete de combustible sólido. Durante las fases iniciales e intermedias del vuelo, un sistema de navegación dirige el misil hacia el punto previsto de interceptación y los enlaces de datos pueden corregir la información sobre el blanco. La búsqueda final corre a cargo de su propio radar activo. El Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS) incluye este modelo entre los avances chinos más importantes en armamento aire-aire de largo alcance.
En el análisis de enero de 2026, RUSI describió el empleo de tecnología AESA en el buscador de la familia PL-15. Esa característica se suma a la velocidad, al guiado terminal y a la posibilidad de recibir información durante el recorrido. El misil puede utilizarse contra cazas y otras plataformas aéreas dentro de una red de vigilancia y control, sin reducir el enfrentamiento a la distancia existente entre el avión lanzador y su objetivo.
El PL-17 está concebido para otro tipo de ataque. Su alcance estimado se sitúa en torno a los 400 kilómetros y sus blancos prioritarios incluyen aeronaves grandes de apoyo: cisternas, aviones de alerta temprana y plataformas de vigilancia. Fotografías difundidas han mostrado este misil de mayores dimensiones bajo soportes externos del J-16. Nuevas imágenes publicadas en enero de 2026 permitieron observar su fuselaje alargado, las superficies de control relativamente pequeñas y la zona delantera reservada al sistema de búsqueda.
La utilidad prevista del PL-17 se relaciona con las funciones que cumplen esas aeronaves de apoyo. Los cisternas extienden la duración de las operaciones y los aparatos de alerta temprana permiten detectar y coordinar movimientos a larga distancia. El misil ofrece una opción para amenazarlos antes de que los cazas enemigos se aproximen. Las cifras de alcance publicadas son estimaciones y no describen por sí solas las condiciones de una interceptación.
Para los enfrentamientos cercanos, el PL-10 emplea un buscador infrarrojo de imágenes capaz de seguir la información térmica y espacial del blanco. Esa tecnología ofrece recursos frente a determinadas contramedidas basadas en bengalas. El misil también puede asociarse a dispositivos de designación montados en el casco, lo que permite seleccionar blancos fuera del eje longitudinal de la aeronave.
Rusia posee su propia combinación de misiles. El Su-35S puede emplear el R-73 para combate cercano, el R-77-1 para ataques fuera del alcance visual y el R-37M para distancias muy largas. El R-37M también se lanza desde interceptores MiG-31 y ha sido utilizado en la guerra de Ucrania. Su presencia ha obligado a las aeronaves ucranianas a adaptar sus operaciones ante la posibilidad de ataques a gran distancia.
El contraste técnico no puede reducirse a establecer qué misil tiene la cifra más alta de alcance. También intervienen el funcionamiento del buscador, las actualizaciones recibidas durante el vuelo, la situación del blanco y la energía disponible en la etapa final. RUSI atribuye importancia a la inversión china en estas capacidades y considera que los PL-15 y PL-17 proporcionan ventajas en determinados escenarios de combate lejano.
El Su-35S mantiene capacidades que el J-16 no reproduce
Los dos motores AL-41F1S del Su-35S disponen de toberas móviles que desvían el empuje. Con este sistema, el piloto obtiene control adicional durante maniobras realizadas a ángulos de ataque elevados. Es una capacidad distinta de la configuración habitual del J-16, cuyos motores no reproducen esa solución de empuje vectorial. La diferencia favorece al aparato ruso en maniobras específicas de combate cercano.
Cada AL-41F1S desarrolla aproximadamente 14.500 kilogramos-fuerza de empuje con poscombustión. Entre los datos publicados del Su-35S figuran una velocidad máxima próxima a Mach 2,25 a gran altitud, una masa máxima de despegue de unas 34,5 toneladas y doce puntos externos de carga. Su capacidad de armamento alcanza aproximadamente ocho toneladas. Son características de un caza pesado preparado para acelerar, maniobrar y combatir con cargas militares importantes.
El enfoque del J-16 es diferente. Su estructura de dos plazas admite grandes cantidades de combustible y armamento, y su aviónica permite alternar operaciones aire-aire con ataques a objetivos de superficie. En una interceptación a larga distancia pueden ser decisivos los sensores, los enlaces y la munición disponible. En una maniobra cerrada cobran mayor importancia la respuesta de la aeronave, la aceleración y las armas infrarrojas. Ninguna de esas diferencias desaparece por la procedencia compartida de los diseños.
Las fuerzas rusas también han obtenido experiencia operativa reciente. RUSI destacó en enero de 2026 mejoras de coordinación entre sus cazas y las defensas antiaéreas terrestres, además de cambios en las tácticas de ataque desde posiciones distantes. El uso del R-37M desde Su-35S, Su-30 y MiG-31 forma parte de ese desarrollo. En consecuencia, la valoración de la tecnología instalada no equivale a una comparación directa de resultados de combate de ambas fuerzas aéreas.
El J-16D añade interferencia y supresión de defensas antiaéreas
Shenyang adaptó la plataforma biplaza para crear el J-16D, una aeronave de ataque electrónico destinada a acompañar operaciones aéreas y actuar contra sistemas de detección adversarios. Incorpora receptores para localizar emisores electromagnéticos y equipos capaces de interferir determinadas comunicaciones y radares. En el exterior se distinguen contenedores en los extremos de las alas, además de otros dispositivos que puede instalar bajo el fuselaje y las superficies alares.
La variante conserva un radar AESA y emplea equipos adicionales para analizar señales y transmitir datos tácticos. La finalidad no se limita a protegerse de emisiones enemigas: también puede proporcionar apoyo a otros aviones que ejecuten ataques contra objetivos terrestres o misiones de supresión de defensas antiaéreas. Es una especialización comparable por su función a la del EA-18G Growler estadounidense, sin que esa semejanza implique identidad entre sus equipos.
El J-16D se presentó públicamente en Airshow China 2021 y después apareció en ejercicios militares. El informe de RUSI de enero de 2026 consideró que su fabricación se encontraba establecida en Shenyang, junto a la de la variante naval de guerra electrónica J-15D. La disponibilidad de ambas plataformas permite organizar formaciones en las que participan aviones de combate, aeronaves cisterna, sensores aerotransportados y sistemas dedicados a interferir las defensas contrarias.
Derivar el avión de ataque electrónico del J-16 también permite aprovechar componentes, experiencia de mantenimiento e infraestructura relacionados con el caza original. La Fuerza Aérea china dispone así de una plataforma especializada que puede acompañar a los aparatos convencionales y proporcionar información sobre emisores enemigos. La fabricación de esa variante constituye otra diferencia entre la evolución industrial china del Flanker y los modelos rusos empleados como referencia.
China amplía su flota de J-16 y Rusia mantiene sus propios Flanker
Las previsiones industriales del RUSI ilustran el crecimiento chino. El instituto calculó que en 2020 había entre 90 y 100 J-16 en servicio y estimó aproximadamente 450 entregas acumuladas hacia finales de 2025. El aumento apunta a un ritmo de fabricación mucho mayor durante esos años. Sus cálculos contemplaban la posibilidad de que la producción de Shenyang se acercara a cien aeronaves anuales.
Para 2030, el mismo análisis proyectó unos 900 J-16 en la Fuerza Aérea china, junto a cerca de 1.000 cazas furtivos de la familia J-20. Se trata de proyecciones, no de cantidades ya disponibles. El J-16 sirve para renovar unidades que antes operaban modelos más antiguos y puede participar en misiones de escolta, superioridad aérea o ataque. El J-20, por su parte, transporta armamento en bodegas internas para mantener su baja observabilidad.
La coexistencia de ambos tipos permite organizar formaciones con responsabilidades distintas. Mientras los cazas furtivos conservan las características necesarias para penetrar defensas, el J-16 puede aportar una carga considerable de misiles aire-aire. Fotografías aparecidas en julio de 2026 mostraron uno de estos aviones con numerosos proyectiles distribuidos en diez soportes externos; el South China Morning Post examinó esa configuración. La cantidad transportada amplía las posibilidades de realizar varios enfrentamientos antes de reponer municiones.
Rusia no ha abandonado los derivados del Su-27. United Aircraft Corporation entregó nuevos Su-35S a las Fuerzas Aeroespaciales durante 2026 y mantuvo líneas de producción para Su-30SM2 y Su-34. Entre las instalaciones implicadas se encuentran las de Komsomolsk del Amur e Irkutsk, dentro del conglomerado industrial de Rostec. Las entregas sirven para renovar unidades y sustituir aeronaves retiradas o perdidas durante las operaciones militares.
El Su-30SM2 es una actualización del Su-30SM biplaza que comprende cambios de motorización, aviónica y compatibilidad con nuevo armamento. Rusia lo destina a operaciones de escolta, combate aéreo y ataques contra objetivos terrestres o marítimos. Pese a esas mejoras, sus modelos principales de la familia continúan vinculados a arquitecturas electrónicas anteriores, mientras China ha extendido el uso de radares AESA y sistemas nacionales de misiles y comunicaciones.
El crecimiento de la producción china es relevante para la comparación porque combina la actualización tecnológica con la disponibilidad de aeronaves. El J-16 no es un proyecto experimental ni una sustitución completa del Flanker original: se ha convertido en una plataforma de uso amplio con variantes especializadas. Al fabricar internamente motores, sensores y armamento, Shenyang puede incorporar cambios en sucesivos lotes sin depender de proveedores rusos para los sistemas centrales del modelo.
Una plataforma soviética que siguió caminos diferentes en China y Rusia
RUSI ya había valorado en 2020 al J-16 como una evolución tecnológicamente superior al Su-35S considerado en conjunto. Su evaluación de enero de 2026 añadió la ampliación de la flota china, los progresos del armamento aire-aire y la integración de aeronaves con redes de vigilancia y apoyo. La ventaja descrita se concentra especialmente en la capacidad de combatir a gran distancia con información procedente de múltiples sensores.
La trayectoria comenzó con la transferencia rusa de cazas y conocimientos industriales y continuó con los programas J-11, J-11B y J-16. El desarrollo del J-16D extendió esa misma base hacia la guerra electrónica. Las diferencias actuales muestran hasta qué punto China ha sustituido componentes importados por tecnología nacional, aunque la configuración fundamental de la aeronave permanezca dentro de la familia Flanker.
El Su-35S conserva sus motores de empuje vectorial, una elevada capacidad de maniobra y armamento de gran alcance. Rusia mantiene la producción y la modernización de aeronaves de la misma familia. China dispone, en cambio, de un J-16 con radar AESA, sistemas digitales, misiles integrados en redes de combate y una variante especializada para interferencia electrónica, además de una producción mucho mayor según las estimaciones citadas. El resultado es que una plataforma derivada del Su-27 suministrado por Moscú ha alcanzado en China un desarrollo de sistemas de combate que RUSI considera superior al de los principales Flanker rusos.









