La presidencia de la Comisión Electoral Central de Israel aprobó los resultados de las elecciones por la mañana. Después de la votación, el Shin Bet comunicó a la comisión que sus datos de inteligencia apuntan a operaciones de financiación e influencia extranjera que podrían involucrar a miles de personas o incluso más. La agencia necesita investigar más para determinar su alcance con certeza. Por su parte, la comisión ya había señalado que no encontró irregularidades que indicaran que alguien hubiera comprometido la votación o alterado los resultados.
El Shin Bet atribuyó el dinero a países extranjeros y a personas o entidades con intereses ocultos o incluso hostiles. A su juicio, los fondos buscaban promover la influencia extranjera. La agencia no identificó a los países ni a las personas que considera implicados.
El ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, líder del partido Otzma Yehudit, pidió al director del Shin Bet, David Zini, que detuviera a todos los dirigentes de los partidos árabes y los interrogara en las celdas del sótano de la agencia, incluso sin autorización de la fiscal general. Exigió además la suspensión inmediata de la certificación de los resultados y del proceso de formación de gobierno. Ben Gvir sostuvo que las elecciones habían sido robadas y reclamó que se agotaran todas las vías para esclarecer lo ocurrido.
La entrega de los resultados al presidente Isaac Herzog estaba prevista para más tarde ese mismo día. Después, se esperaba que Herzog consultara a los dirigentes de los partidos sobre su candidato a primer ministro.
La magnitud de la presunta operación sorprendió a fuentes policiales y de otros organismos encargados de hacer cumplir la ley. Dijeron desconocer la versión sobre sumas enormes y miles de participantes. Una de ellas cuestionó cómo encajaba esa versión con la afirmación de Zini el día de las elecciones de que el voto era seguro. A su juicio, si entraban fondos de tal magnitud, las autoridades deberían haberlo impedido.
El domingo, mientras seguía abierta la investigación sobre una supuesta trama de injerencia catarí o turca, Zini había aparecido en un video junto al presidente de la comisión, el juez Noam Sohlberg. También participaron Dean Livne, director general interino de la comisión, y la fiscal general Gali Baharav-Miara. Sohlberg reiteró que la votación se había desarrollado correctamente. Los cuatro buscaron así frenar las acusaciones de fraude generalizado y de manipulación por actores extranjeros hostiles, que había difundido en buena medida el Likud del primer ministro Benjamín Netanyahu.
Antes de la comunicación del Shin Bet a la comisión, había trascendido que la agencia quería interrogar a cuatro políticos árabes y que aún no había presentado a la fiscalía pruebas respecto de tres de ellos. El Likud acusó a Baharav-Miara de impedir los interrogatorios. En su respuesta, la fiscal general reprochó a Zini, cuyo nombramiento por Netanyahu había suscitado polémica, una actuación que, a su entender, socavaba el Estado de derecho.










