El padre de una de las víctimas de la masacre del 7 de octubre cuestionó las recientes apariciones públicas en Estados Unidos del exjefe del Estado Mayor de las FDI, Herzi Halevi. Shimon Elkabetz, presentador de i24NEWS, considera inadmisible que el antiguo comandante explique en escenarios internacionales los errores militares de aquella jornada mientras las familias afectadas aún carecen de respuestas completas.
Para Elkabetz, la cuestión tiene un carácter personal. Su hija Sivan fue asesinada junto a su pareja, Naor Hasidim, en el barrio Dor Tzaír del kibutz Kfar Aza. Halevi acudió a la vivienda de Sivan y pidió disculpas tanto a él como a la madre de la joven, Anati. Sin embargo, el padre sostiene que aquel encuentro no resolvió sus preguntas, particularmente por las horas durante las cuales, afirma, el Ejército estuvo ausente.
“Nos pidió disculpas. No recibimos todas las respuestas”, recordó Elkabetz. Al describir lo ocurrido, distinguió entre la población civil, que podía equivocarse o no advertir el peligro, y el mando militar, al que reprochó no haber mantenido la vigilancia necesaria. A su juicio, la responsabilidad del Ejército no puede equipararse a la de los ciudadanos que sufrieron el ataque.
La visita de Halevi a Nueva York, donde habló sobre los fallos de las FDI el 7 de octubre, volvió a suscitar esas críticas. Elkabetz rechazó que el exjefe militar aparezca ante el público con el papel de analista de una catástrofe ocurrida mientras él estaba al frente de las fuerzas armadas.
En su intervención también recordó que Halevi viajó a Estados Unidos poco antes de abandonar el cargo para recibir una medalla de su homólogo estadounidense. “¿Por qué exactamente?”, preguntó. Para justificar su indignación mencionó las aproximadamente 1.200 personas asesinadas el 7 de octubre, los 1.000 soldados muertos y las 26.000 personas que, en sus palabras, sufrieron heridas físicas o psicológicas.
El padre criticó asimismo que Halevi fuera invitado a Estados Unidos por Shurat HaDin, una organización dedicada a impulsar acciones judiciales contra Hamás y denunciar sus crímenes. Cuestionó los gastos de viaje y alojamiento del excomandante y expresó su rechazo a que acudiera a explicar en inglés las razones del fracaso militar.
Para ilustrar su posición, Elkabetz recurrió a una comparación futbolística: preguntó si alguien invitaría a un portero que hubiera recibido 1.200 goles a una conferencia de la FIFA para enseñar cómo evitar que le marquen. Con ello criticó la autoridad que, a su entender, se concede a Halevi para comentar las deficiencias del sistema que dirigía.
Elkabetz insistió en que el sufrimiento de las familias continúa y que todavía resulta doloroso escuchar al antiguo jefe militar hablar de los acontecimientos como si hubiera sido un observador externo. Vinculó la magnitud del desastre con lo que describió como una falta de percepción de la amenaza dentro del Ejército.
A pesar de sus reproches, sostuvo que corregir los errores es indispensable. Explicó que Israel no dispone de otro Ejército ni de otro país y que la obligación de mejorar responde al deber que, en su opinión, existe hacia los asesinados, los militares caídos, los heridos y el conjunto de la sociedad.










