El director del Shin Bet, David Zini, planteó al presidente de la Comisión Electoral Central de Israel, el juez Noam Solberg, graves objeciones a las restricciones impuestas a la investigación sobre una posible intervención extranjera en las elecciones a la 26.ª Knéset. Durante una reunión que se prolongó varias horas, Zini atribuyó a la fiscal general, Gali Baharav-Miara, obstáculos que, a su juicio, impiden esclarecer el alcance de las sospechas.
El desacuerdo no se limita al ritmo de las diligencias. Personas conocedoras de la investigación sostienen que las limitaciones atribuidas a la fiscal general impiden abrir nuevas líneas de trabajo y restringen las comprobaciones a las pruebas ya reunidas. También aseguran que determinadas actuaciones fueron bloqueadas cuando los investigadores pretendían realizarlas.
Zini ya había trasladado a Solberg su malestar por las condiciones bajo las cuales trabaja el servicio de seguridad. Sus reparos abarcan tanto la actuación de los asesores jurídicos del propio Shin Bet como su presunta coordinación con la fiscal general. El director considera que esas restricciones no permiten investigar el caso con la amplitud que requieren los indicios examinados.
La investigación intenta determinar si los hechos bajo examen corresponden a episodios aislados de compra de votos o si existió una operación organizada para influir en los resultados mediante dinero procedente de entidades hostiles situadas fuera de Israel. Fuentes próximas al caso creen que los elementos descubiertos hasta ahora podrían representar solo una parte de las actividades sospechosas. Se trata de la valoración de esas fuentes, no de un hecho acreditado.
El origen de la intervención del Shin Bet se encuentra en información recibida por la Comisión Electoral Central. Tras conocerla, Solberg ordenó examinar sospechas graves de financiación extranjera y de influencia indebida en los comicios. Al mismo tiempo, una investigación penal en el Néguev condujo a la detención de sospechosos de participar en una presunta compra de votos a favor del partido Ra’am. Durante los registros se encontraron sobres con decenas de miles de séqueles en efectivo y papeletas electorales.
El alcance que debe darse a estas averiguaciones constituye ahora el principal punto de fricción. Los críticos de las restricciones jurídicas sostienen que una posible intervención de Estados o grupos hostiles no debería abordarse como un expediente penal ordinario. Temen que el examen de los hechos concluya antes de comprobar si hubo una estructura más amplia detrás de las irregularidades sospechadas.
Algunas fuentes próximas al caso comparan la actuación que atribuyen a los responsables jurídicos con el tratamiento de las controversias sobre programas de espionaje y sobre la jefa de la Fiscalía Militar. La comparación forma parte de sus críticas y no acredita que exista una obstrucción en la investigación electoral.
También han surgido presiones para que Zini haga públicos los hallazgos y las sospechas que puedan divulgarse sin perjudicar las diligencias. Quienes defienden esa opción consideran que, si continúan las restricciones que denuncian, la guerra deberá trasladarse al debate público. Las fuentes no precisan qué pruebas concretas podrían difundirse.
Las objeciones al jefe del Shin Bet no proceden únicamente de quienes cuestionan a la fiscal general. Personas del entorno del primer ministro Benjamín Netanyahu expresaron decepción porque consideran que Zini no ha actuado con suficiente firmeza frente al asesoramiento jurídico del servicio. La Oficina del primer ministro, sin embargo, negó que Netanyahu esté enfadado con él y afirmó que espera que cumpla la ley para proteger la democracia israelí frente a interferencias extranjeras.










