Una misión de bombardeo de largo alcance empieza en tierra y continúa después del aterrizaje. Dos pilotos deben poder llevar el avión hasta la zona de empleo, utilizar el armamento asignado y regresar. En la base, los técnicos tienen que inspeccionar el aparato, reparar las averías y prepararlo para otra salida. El B-21 Raider ya ha volado con una tripulación de pruebas y ha recibido combustible en el aire. Para alcanzar la capacidad operativa inicial, la Fuerza Aérea de Estados Unidos tiene que reunir esas funciones en una unidad que pueda cumplir una misión asignada con sus aviones, sus tripulaciones y sus medios de apoyo. Comando de Ataque Global de la Fuerza Aérea · Campaña de ensayos en Edwards
El Raider fue concebido para penetrar en espacios aéreos defendidos y emplear armamento convencional o nuclear. Su baja observabilidad busca reducir la probabilidad de detección durante la penetración. Los primeros vuelos en California permitieron estudiar una cuestión previa a ese empleo táctico: cómo respondía el aparato a los mandos y qué prestaciones ofrecía en las condiciones ensayadas. En septiembre de 2025, un segundo B-21 despegó de Palmdale y se incorporó a la campaña de Edwards. Con dos aviones disponibles, el equipo de pruebas pudo ampliar el trabajo sobre los sistemas de misión y la integración del armamento. Ficha técnica del B-21 · Incorporación del segundo avión de pruebas
La integración del armamento cambia lo que se busca en cada ensayo. Un vuelo dedicado a las prestaciones puede establecer cómo se comporta el bombardero durante una maniobra. Para evaluar su empleo como sistema de armas, también hay que comprobar que la tripulación pueda utilizar los equipos de misión y ejecutar la secuencia prevista para el arma. En abril de 2026, Northrop Grumman confirmó que ambas evaluaciones seguían en curso. El alcance de lo demostrado públicamente era preciso: los ensayos ya incluían esas funciones, pero el programa aún no había identificado en ese anuncio una configuración de armamento autorizada para el combate. Estado de las evaluaciones de armas y sistemas de misión
La llegada del segundo ejemplar también cambió el trabajo en la plataforma de Edwards. Los mecánicos pudieron atender dos aparatos en paralelo y comprobar si las herramientas, la documentación técnica y los procedimientos de apoyo servían en esas condiciones. Una anomalía que inmoviliza un único avión de pruebas puede estudiarse hasta resolverla. En un escuadrón, mientras un equipo investiga esa avería, otro tiene que recibir o despachar el siguiente aparato. La experiencia que adquieren los técnicos en Edwards permite revisar las instrucciones que después utilizará la primera unidad del Raider. Pruebas de mantenimiento simultáneo en Edwards
El KC-135 permite prolongar las pruebas en una misma salida
En abril de 2026, la Fuerza Aérea hizo público un ensayo en el que un KC-135 Stratotanker suministró combustible a un B-21 del 420.º Escuadrón de Pruebas de Vuelo. El reabastecimiento tiene una consecuencia inmediata para el desarrollo del bombardero. Si la tripulación puede permanecer más tiempo en el aire, dispone de más tiempo para ejecutar los ensayos previstos antes de regresar a Edwards. Para una futura misión de ataque, la misma maniobra permitirá ajustar el recorrido del bombardero a la disponibilidad de aviones cisterna y a la distancia hasta el objetivo. Ensayo con el KC-135 · Efecto sobre la duración de los vuelos de prueba
La evaluación también cambió dentro de la cabina. En junio de 2026, un piloto de evaluación operativa voló por primera vez en el B-21 junto a un piloto de pruebas de desarrollo. Ambos podían observar la misma maniobra desde responsabilidades distintas. Al piloto de desarrollo le corresponde comprobar la respuesta del avión frente a las especificaciones de diseño. El evaluador operativo estudia si la tripulación puede cumplir la tarea en condiciones representativas de su empleo. Al reunirlos en un mismo vuelo, la Fuerza Aérea pudo recoger observaciones de uso mientras los ingenieros todavía trabajaban sobre la configuración del bombardero. Primer vuelo conjunto de evaluación y desarrollo
En julio, la Fuerza Aérea confirmó que la tripulación del Raider estará formada por dos pilotos. La decisión afecta directamente a la transición del personal. Algunos oficiales especializados en sistemas de armas y sistemas de combate podrán ser seleccionados para formarse como pilotos y recibir después un destino en el B-21. Esa vía conserva experiencia táctica dentro de la nueva flota, pero incorpora una etapa de formación antes de que esos oficiales puedan ocupar un asiento. Ellsworth, en Dakota del Sur, será tanto la primera base operativa principal como la sede de la unidad encargada de la instrucción en el modelo. Composición de la tripulación · Designación de Ellsworth
En Ellsworth, la transición tuvo un efecto visible incluso antes de la llegada del primer Raider. La base reconstruyó la superficie de su pista de unos 4,1 kilómetros y renovó el sistema de iluminación. Los B-1B del Ala de Bombardeo 28 operaron temporalmente desde Grand Forks y regresaron tras la reapertura de la pista en diciembre de 2025. La obra dejó preparada una instalación que necesitaban ambas flotas: el B-1B para continuar sus operaciones y el B-21 para iniciar las suyas. Reconstrucción de la pista de Ellsworth · Regreso de los B-1B
Ellsworth prepara el mantenimiento del Raider y la seguridad de su futura misión nuclear
Otros trabajos responden a necesidades propias del nuevo bombardero. Ellsworth proyectó una instalación con dos puestos para reparar y restaurar las características de baja observabilidad del B-21. También comenzó a preparar a su personal de seguridad para los requisitos de protección asociados a una futura misión nuclear. Son preparativos con plazos y responsables distintos. Los técnicos deben poder devolver el avión al servicio después de una intervención, mientras el personal de seguridad se adiestra para proteger las operaciones con armamento nuclear. La preparación de la base para esa misión es un paso distinto de la certificación del avión para ejecutarla. Instalación de mantenimiento en Ellsworth · Preparación del personal de seguridad
La producción avanza mientras continúan esos trabajos. En febrero de 2026, el Departamento de la Fuerza Aérea anunció un acuerdo con Northrop Grumman para ampliar la capacidad de fabricación y mantuvo la previsión de recibir aviones en Ellsworth en 2027. En septiembre, la Octava Fuerza Aérea activó allí el primer destacamento de integración del B-21. Su cometido es coordinar las obras, la instalación de comunicaciones y la formación de las tripulaciones para que la base pueda aprovechar los aparatos a medida que lleguen. Acuerdo de producción y calendario de entregas · Activación del destacamento de integración
El calendario público distingue dos hitos. 2027 es la previsión para la llegada del Raider a Ellsworth. El Comando de Ataque Global sitúa en 2028 la capacidad inicial. Entre ambos hitos queda el trabajo de la primera unidad: recibir los aviones, disponer de tripulaciones y técnicos cualificados y poder emplear la configuración de misión que la Fuerza Aérea autorice. A noviembre de 2026, el B-21 continúa en ensayos y producción inicial. En Ellsworth, el destacamento de integración prepara su incorporación mientras el Ala de Bombardeo 28 sigue operando el B-1B.









