La activista israelí Sheffi Paz fue sepultada este lunes. A su funeral acudieron vecinos del sur de Tel Aviv, participantes en sus protestas y representantes de la vida política israelí. Entre ellos estuvieron el presidente de la Knéset, Amir Ohana, el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, el ministro de Educación, Yoav Kisch, el ministro Yitzhak Wasserlauf, los diputados Limor Son Har-Melech y Ariel Kallner, e Itzik Bontzel.
Desde 2013, Paz había encabezado manifestaciones contra la inmigración ilegal y en defensa de los habitantes de los barrios del sur de Tel Aviv. Sus campañas la enfrentaron con autoridades municipales, ministerios y el sistema judicial. También cumplió una pena de prisión por acciones relacionadas con sus protestas. En entrevistas anteriores habló de los insultos que recibía, de los costos personales de su activismo y de su preocupación por la aparición de pandillas juveniles en esos barrios.
Durante la despedida, Ohana recordó que había trabajado estrechamente con ella desde sus primeros años en la Knéset. Destacó su franqueza, su disposición a afrontar conflictos y arrestos, y su capacidad para reconocer un error. “No había en ti ni una pizca de hipocresía”, expresó. También recordó que Paz criticaba abiertamente a quienes consideraba responsables de los problemas que denunciaba y que acostumbraba fundamentar sus opiniones.
El presidente de la Knéset sostuvo que el trato recibido por Paz evidenciaba, a su juicio, una aplicación selectiva de la ley. Contó que supo de su enfermedad un mes atrás y que entonces fue a visitarla a su casa. “Nos reímos juntos, de ti y de mí”, recordó. Prometió continuar su lucha por los residentes de los barrios y evocó a la activista como una persona aguda, auténtica y modesta.

El diputado Simcha Rothman también le dedicó unas palabras. Recordó que, en uno de sus cumpleaños, él, Ohana y otros allegados le entregaron una propuesta de Ley Básica sobre inmigración. Según contó, la posibilidad de que esa iniciativa avanzara fue motivo de especial alegría para Paz. Incluso durante sus periodos en prisión, ella le insistía en que le llevara noticias de su aprobación en una lectura preliminar.
Rothman se detuvo asimismo en el nombre de la activista, del que mencionó distintas interpretaciones vinculadas con la soledad, una montaña elevada y una expresión del árabe. A partir de ellas destacó su determinación para actuar sin compañía cuando lo consideraba necesario y, al mismo tiempo, servir de apoyo a otros. La describió como una mujer valiente, una luchadora y una amiga.
El activismo de Paz se había concentrado en las condiciones de seguridad y de vida del sur de Tel Aviv. Denunció reiteradamente lo que consideraba un abandono de esos barrios por parte de las autoridades y buscó que las dificultades de sus habitantes ocuparan un lugar en el debate público. Sus enfrentamientos con las instituciones y las consecuencias judiciales de sus protestas formaron parte de una trayectoria que ahora recordaron quienes asistieron a su despedida.










