La propuesta que Qatar impulsa para poner fin a la guerra entre Estados Unidos e Irán contempla la reapertura del estrecho de Ormuz, el acceso internacional a instalaciones nucleares iraníes y medidas económicas a favor de Teherán. Su discusión coincide con un nuevo ataque estadounidense contra una instalación de defensa antiaérea iraní en la isla de Qeshm. Donald Trump confirmó la operación durante la noche del viernes al sábado, pero al mismo tiempo aseguró que las conversaciones entre ambos países habían avanzado de forma considerable.

El presidente estadounidense habló con periodistas en Florida y describió el ataque como una acción limitada. Afirmó que las fuerzas de Estados Unidos destruyeron en cuestión de minutos un sistema de defensa antiaérea recién instalado por Irán. Medios iraníes dieron cuenta de dos explosiones en las inmediaciones de Susa, en la isla de Qeshm, cerca del estrecho de Ormuz. El Ejército iraní, por su parte, sostuvo que había interceptado un dron estadounidense sobre la isla, una afirmación que Washington no corroboró.
La ofensiva no modificó el tono de Trump sobre la negociación. “Hemos avanzado mucho con Irán”, declaró, y aseguró que las autoridades iraníes también desean alcanzar un acuerdo. El mandatario no precisó qué compromisos concretos habían quedado acordados.
En el plan promovido por Qatar, Washington retiraría de inmediato el bloqueo naval impuesto a Irán y permitiría liberar una parte de los activos iraníes congelados, cuyo valor total asciende a $8 000 000 000. Como contrapartida, Teherán autorizaría visitas de inspectores del Organismo Internacional de Energía Atómica a las instalaciones nucleares que fueron atacadas y facilitaría el acceso a las reservas de uranio altamente enriquecido.

La navegación por Ormuz se restablecería en el segundo día de aplicación del acuerdo. Irán utilizaría para ello una ruta marítima que ya había convenido con Omán. El futuro de sus reservas de uranio sigue abierto: las autoridades iraníes rechazan sacarlas del país y las conversaciones examinan, en cambio, una reducción del grado de enriquecimiento bajo supervisión internacional.
Teherán también exige que termine la guerra en el Líbano, que las fuerzas estadounidenses se retiren de la costa iraní, que exista un compromiso para eliminar parte de las sanciones económicas y que se paguen reparaciones de guerra. El orden en que cada parte cumpliría sus obligaciones constituye uno de los principales asuntos de la mediación. Todavía no hay acuerdo definitivo sobre todas las condiciones ni sobre los plazos.

Entre los puntos examinados figura asimismo un fondo de $300 000 000 000 para reconstrucción y desarrollo, concebido para contribuir a la recuperación de la economía iraní después de la guerra. La propuesta aparece en el memorando de entendimiento debatido entre las partes, aunque siguen sin definirse su financiación, el mecanismo de transferencia de recursos y la aceptación estadounidense.
Las autoridades de Qatar insistieron el sábado en que su intermediación entre Washington y Teherán continúa y rechazaron que las negociaciones estén estancadas. Mientras se estudia una salida política, Estados Unidos mantiene la presión militar sobre Irán. Las declaraciones de Trump sobre los avances no equivalen a un acuerdo cerrado y persisten diferencias importantes entre las partes.










