Una misión de bombardeo contra instalaciones protegidas por defensas antiaéreas avanzadas comienza mucho antes de que los motores del avión entren en funcionamiento. Los planificadores deben estudiar las posiciones de los radares, las zonas de cobertura de los misiles, las rutas de aproximación y las necesidades de combustible. También deben seleccionar el armamento, coordinar los medios de apoyo y preparar alternativas para el regreso. Cuando el objetivo se encuentra a miles de kilómetros, estas operaciones requieren reunir información procedente de diferentes mandos militares y mantener comunicaciones protegidas durante toda la preparación.
El B-21 Raider fue diseñado para realizar ataques convencionales y nucleares de largo alcance, incluso contra objetivos situados dentro de espacios aéreos fuertemente defendidos. Su configuración de ala volante reduce la firma radar, mientras sus sistemas electrónicos permiten integrar información de sensores, navegación y comunicaciones. Sin embargo, las características del bombardero no sustituyen la planificación de la misión. La baja observabilidad reduce determinadas posibilidades de detección, pero la aeronave sigue necesitando rutas compatibles con las amenazas, información actualizada y procedimientos para utilizar sus armas.
La incorporación del Raider también exige transformar las bases donde operará. Los antiguos bombarderos B-1B Lancer utilizan instalaciones y procedimientos desarrollados para una aeronave de características muy diferentes. El B-21 necesita espacios protegidos para preparar sus misiones, equipos informáticos especializados y redes capaces de transmitir información sensible entre las unidades de combate. La infraestructura terrestre debe estar preparada antes de recibir los aviones, porque los pilotos necesitan ensayar sus operaciones, estudiar los objetivos y coordinar las misiones con otros componentes de la Fuerza Aérea.
Esta transformación comenzó a materializarse en Dyess, Texas, el 5 de noviembre de 2026, con el inicio de la construcción de un centro de planificación de misiones destinado exclusivamente al B-21. La instalación tendrá aproximadamente 4.300 metros cuadrados y costará $78 000 000. Será el primer edificio de Dyess construido específicamente para el nuevo bombardero y formará parte de un programa de modernización de $1 600 000 000. La base, que actualmente opera B-1B, será la tercera instalación principal del Raider en Estados Unidos.
El nuevo centro reunirá inteligencia, planificación y comunicaciones protegidas
El centro de Dyess estará organizado alrededor de salas de planificación, espacios de reunión para las tripulaciones, servidores informáticos y equipos de comunicaciones. Los especialistas podrán preparar misiones, revisar información de inteligencia, estudiar armamento y tácticas y evaluar los resultados de los vuelos. También dispondrán de instalaciones para almacenar y preparar el material necesario antes de un despliegue. Estas funciones permitirán desarrollar las actividades de planificación y entrenamiento del B-21 dentro de una misma estructura.
La seguridad informática y física condiciona su construcción. El edificio será de una sola planta y cumplirá los requisitos de la directiva ICD 705, utilizada para proteger instalaciones donde se procesa información clasificada. Dispondrá de conexiones de fibra óptica, espacios protegidos para servidores, controles de acceso y generación eléctrica auxiliar. También funcionará como punto de transferencia de información hacia otras instalaciones del B-21 que se construirán en la base. La organización permitirá conectar las actividades de planificación con las futuras unidades de vuelo y mantenimiento.
La 7.ª Ala de Bombardeo, responsable de Dyess, ya dispone de experiencia en operaciones de ataque de largo alcance. Sus escuadrones 9.º y 28.º utilizan el B-1B Lancer, un bombardero supersónico de geometría variable equipado para transportar grandes cantidades de armamento convencional. El 28.º Escuadrón también desempeña una función importante en la formación de pilotos y tripulaciones del modelo. La base combina estas actividades con las operaciones de transporte de los C-130J Super Hercules de la 317.ª Ala de Transporte Aéreo.
Los B-1B conservan una capacidad considerable para transportar bombas guiadas y misiles de crucero, pero su supervivencia frente a defensas antiaéreas modernas depende de procedimientos diferentes de los previstos para el Raider. El B-1B puede lanzar misiles de largo alcance desde posiciones exteriores al espacio aéreo defendido. El B-21, por su parte, está concebido para penetrar en zonas vigiladas y utilizar armamento directamente contra objetivos protegidos. La sustitución modificará las tareas de planificación, los procedimientos de empleo y las necesidades de apoyo de los escuadrones de Dyess.
La preparación de los ataques del B-21 utilizará una arquitectura digital integrada
El B-21 incorpora una arquitectura informática abierta que permitirá actualizar sus sistemas de misión durante su vida operativa. Northrop Grumman desarrolló el avión para integrarse con medios de reconocimiento, vigilancia, guerra electrónica y comunicaciones. La información procedente de esas plataformas podrá contribuir a la preparación de las operaciones y a la coordinación de las aeronaves durante el vuelo. Esta integración tiene particular importancia cuando los bombarderos deben actuar sobre territorios extensos y mantener enlaces con fuerzas situadas a miles de kilómetros.
El Raider también está destinado a transportar armamento nuclear. Esta función exige procedimientos adicionales de seguridad, comunicaciones y preparación de las tripulaciones. La Fuerza Aérea lo incorporará al componente aéreo de la tríada nuclear estadounidense y lo utilizará junto con los B-52 modernizados. Las misiones convencionales, en cambio, podrán emplear bombas de precisión y otras municiones adaptadas al ataque de largo alcance. El diseño permite combinar armamento de lanzamiento a distancia con armas destinadas a utilizarse después de penetrar en un espacio aéreo defendido.
La nueva instalación deberá preparar a sus equipos para trabajar con ambos tipos de misión. Durante enero de 2026, especialistas del Mando de Ataque Global y del programa B-21 visitaron Dyess para examinar la infraestructura necesaria para las operaciones nucleares. Las actividades incluyeron una inspección de instalaciones y sistemas de seguridad. El trabajo complementó la preparación de la base para incorporar aeronaves con procedimientos diferentes de los utilizados por sus actuales B-1B, dedicados al ataque convencional.
La construcción del centro forma parte de una modernización que comprende más de veinticuatro proyectos durante la próxima década. Dyess necesita nuevos hangares, instalaciones para simuladores, depósitos de armamento y espacios especializados para mantenimiento. También ampliará su infraestructura de combustible y construirá instalaciones residenciales y de apoyo al personal. En diciembre de 2025 comenzaron los trabajos de un nuevo complejo de abastecimiento de combustible, valorado en $26 700 000, cuya finalización está prevista para octubre de 2027.
Ellsworth recibirá los primeros B-21 antes de su incorporación a Dyess
La Fuerza Aérea organizó el despliegue del Raider alrededor de tres bases principales. Ellsworth, en Dakota del Sur, recibirá las primeras unidades y asumirá la formación inicial de tripulaciones. Whiteman, en Misuri, donde actualmente operan los bombarderos furtivos B-2 Spirit, será la segunda base. Dyess ocupará la tercera posición y sustituirá progresivamente sus B-1B conforme avance la incorporación de los nuevos aviones.
La preparación de Ellsworth ofrece una referencia para el trabajo de las otras instalaciones. El 9 de septiembre de 2026, la Octava Fuerza Aérea activó allí el B-21 Integration Detachment 1, una unidad encargada de coordinar la llegada de los bombarderos. Su personal supervisa la preparación de instalaciones, la formación y los procedimientos operativos mientras la base continúa utilizando sus B-1B. La experiencia servirá para organizar posteriormente la transición de Whiteman y Dyess.
La campaña de pruebas del Raider continúa en Edwards, California. El primer prototipo voló en noviembre de 2023 y un segundo aparato llegó a esa base en septiembre de 2025, lo que permitió ampliar la evaluación de los sistemas de misión y del armamento. Durante febrero de 2026, la Fuerza Aérea y Northrop Grumman acordaron incrementar un 25 % la capacidad de producción anual del bombardero, utilizando $4 500 000 000 de financiación autorizada. La ampliación está destinada a acelerar las entregas de una flota cuya adquisición inicial comprende al menos cien aeronaves.
La primera llegada de bombarderos a Ellsworth está prevista para 2027. Mientras tanto, Dyess ha iniciado la construcción de su centro de planificación de $78 000 000, que incorporará espacios protegidos para inteligencia, preparación de misiones, comunicaciones y entrenamiento de tripulaciones. Los trabajos continuarán con las instalaciones de simulación, mantenimiento y apoyo necesarias para operar el Raider. La 7.ª Ala de Bombardeo mantendrá sus misiones con los B-1B hasta que la infraestructura y el personal permitan comenzar la transición al nuevo bombardero furtivo.









