La defensa antiaérea de un portaaviones comienza mucho antes de que una aeronave desconocida alcance las proximidades de la formación naval. Los radares de los buques vigilan el espacio aéreo, los centros de mando identifican los contactos y los cazas embarcados permanecen preparados para despegar cuando aparece un aparato que necesita ser interceptado. En el Atlántico Norte, donde las aeronaves militares rusas realizan vuelos de largo alcance, esta vigilancia resulta necesaria para proteger las agrupaciones navales que operan lejos de sus bases.
Los portaaviones británicos de la clase Queen Elizabeth incorporan cazas F-35B Lightning II para ejecutar esas misiones sin depender de una cobertura aérea permanente desde tierra. Los aviones pueden despegar utilizando la rampa de proa del buque, aproximarse a un contacto y acompañarlo mientras permanece cerca de la fuerza naval. Su radar, sensores infrarrojos y enlaces de datos permiten identificar aeronaves y transmitir información a los controladores responsables de coordinar la defensa.
La Royal Navy volvió a utilizar esta capacidad durante Neptune Strike 26-4, un ejercicio de la OTAN desarrollado entre octubre y noviembre de 2026. El portaaviones HMS Prince of Wales encabezaba una agrupación aliada en aguas próximas a Noruega cuando apareció una aeronave militar rusa de la familia Tupolev Bear, identificada en distintas publicaciones como un Tu-95. Los cazas británicos despegaron desde el buque para interceptarla durante las maniobras de vigilancia y defensa antiaérea.
El encuentro formó parte de la segunda fase de la operación Firecrest, mediante la cual el Reino Unido trasladó su principal agrupación aeronaval al Alto Norte. El ejercicio Neptune Strike reunió a diecisiete países, veinte buques de guerra y cuarenta aeronaves, distribuidos entre tres agrupaciones navales que operaron desde el Mediterráneo hasta el mar de Noruega. La actividad terminó el 5 de noviembre y, al día siguiente, la Royal Navy anunció la interceptación rusa mientras preparaba la llegada del Prince of Wales a Oslo.
El Prince of Wales puede lanzar sus cazas sin utilizar catapultas
El HMS Prince of Wales desplaza aproximadamente 65.000 toneladas y dispone de una cubierta de vuelo de 280 metros. A diferencia de los portaaviones estadounidenses, carece de catapultas y cables de detención. Sus F-35B utilizan el motor Pratt & Whitney F135, una tobera posterior orientable y un ventilador de sustentación para realizar despegues cortos y aterrizajes verticales. Esta configuración permite mantener cazas de combate preparados para misiones de interceptación sin instalar los grandes sistemas mecánicos que necesitan las aeronaves embarcadas convencionales.
Durante Neptune Strike, el grupo aéreo embarcado incluía cazas F-35B del 617 Squadron, conocido como The Dambusters. Esta unidad conjunta de la Royal Air Force y la Royal Navy tiene su base permanente en RAF Marham. Los aviones emplean el radar AN/APG-81 de barrido electrónico activo, sensores infrarrojos distribuidos y enlaces de datos seguros para reunir información sobre contactos aéreos. El sistema de misión combina esos datos y los presenta al piloto, que puede compartirlos con los controladores navales y otras aeronaves.
La interceptación de una aeronave militar requiere localizarla, establecer su trayectoria y aproximarse para reconocerla y vigilar sus movimientos. Los cazas pueden acompañar al contacto mientras permanece cerca de la agrupación naval, sin necesidad de utilizar armamento. Las comunicaciones entre los pilotos, el portaaviones y los buques escolta permiten mantener una imagen común de la situación aérea. Durante el encuentro de noviembre, los F-35B británicos fueron enviados para interceptar al Bear ruso mientras la agrupación desarrollaba sus operaciones aliadas.
La Royal Navy ya había realizado una operación semejante el 2 de julio de 2026. En aquella ocasión, dos F-35B del 809 Naval Air Squadron interceptaron un Tupolev Tu-142, una variante de patrulla marítima y guerra antisubmarina derivada de la familia Bear. El aparato ruso, identificado como Yuri Malinin, efectuó varias aproximaciones a baja altitud cerca del Prince of Wales y lanzó sonoboyas en el mar de Noruega. Los cazas británicos lo acompañaron hasta que abandonó la zona. A diferencia del encuentro de noviembre, aquella operación estuvo relacionada directamente con actividades rusas de vigilancia antisubmarina.
El Tupolev Bear conserva su función en las operaciones aéreas rusas de largo alcance
La familia Tupolev Tu-95 nació durante la década de 1950, cuando la Unión Soviética necesitaba bombarderos capaces de alcanzar objetivos intercontinentales. Su característica más reconocible es la utilización de cuatro motores turbohélice Kuznetsov NK-12, equipados con hélices contrarrotativas. Esta combinación permite desarrollar una potencia considerable con un consumo apropiado para vuelos prolongados. Las alas en flecha y el fuselaje de grandes dimensiones responden a las exigencias de una aeronave diseñada para transportar armamento pesado a grandes distancias.
Las versiones estratégicas Tu-95MS incorporaron misiles de crucero que permiten atacar objetivos sin aproximarse directamente a sus defensas. Las modernizaciones posteriores ampliaron la integración de armamento y actualizaron los equipos de navegación y comunicaciones. El empleo de misiles Kh-101 y otras armas de largo alcance permite mantener al bombardero fuera de numerosos sectores antiaéreos durante una misión de ataque.
El alcance del Tu-95 también permite efectuar vuelos de presencia militar sobre el Ártico y el Atlántico Norte. Estas misiones pueden aproximarse a sectores vigilados por Noruega y otros países de la OTAN, donde las fuerzas aliadas mantienen sistemas de alerta aérea. La identificación de aeronaves rusas forma parte de las actividades habituales de defensa del espacio aéreo septentrional. Los cazas permiten reconocer visualmente los contactos y vigilar sus movimientos, mientras los radares terrestres y navales mantienen el seguimiento.
La región tiene una importancia particular para ambas fuerzas. La península de Kola alberga importantes bases de la Flota del Norte rusa, incluidos submarinos nucleares y unidades de superficie. Desde allí, las fuerzas navales pueden operar hacia el mar de Barents y el Atlántico. Para la OTAN, las aguas comprendidas entre Groenlandia, Islandia y el Reino Unido constituyen un corredor de vigilancia que conecta el Ártico con las principales rutas marítimas del Atlántico Norte. La presencia de portaaviones y aviones de patrulla permite ampliar la observación de esas rutas.
Neptune Strike reunió tres agrupaciones navales en el norte y el sur de Europa
Neptune Strike 26-4 comenzó a mediados de octubre y reunió fuerzas navales y aéreas de diecisiete países aliados. Las operaciones se distribuyeron entre el Atlántico Norte, el Báltico y el Mediterráneo. Italia participó con el portaaviones Cavour, Turquía con el buque anfibio TCG Anadolu y el Reino Unido con el HMS Prince of Wales. La organización permitió coordinar unas cincuenta actividades militares mediante fuerzas que operaban en diferentes regiones, bajo los mecanismos de mando establecidos por la OTAN.
La agrupación británica contó con la protección del destructor HMS Dauntless, equipado con el sistema de defensa antiaérea Sea Viper, y de las fragatas HMS St Albans y KNM Fridtjof Nansen. También participaron una fragata francesa y el buque logístico noruego HNoMS Maud. Los helicópteros Merlin Mk2 proporcionaron capacidades antisubmarinas, mientras los cazas F-35B asumieron misiones de combate aéreo y ataque. Cada plataforma desempeñaba una función dentro de la defensa y las operaciones de la agrupación.
Los F-35B también participaron en ejercicios de ataque terrestre. Durante Neptune Strike, los pilotos prepararon y lanzaron bombas guiadas Paveway IV contra objetivos situados en Noruega, con apoyo de unidades del Ejército noruego. Esta munición de la categoría de £500 utiliza navegación inercial asistida por satélite y guiado láser. Su empleo permitió practicar procedimientos de ataque desde un portaaviones contra objetivos terrestres designados por personal aliado. Las operaciones de bombardeo se realizaron como parte del ejercicio, separadas de la interceptación del avión ruso.
La actividad aérea británica había incluido otra misión con bombarderos estratégicos durante octubre. Los F-35B del Prince of Wales volaron junto a F-35A de la Fuerza Aérea noruega para escoltar un B-52 estadounidense durante Global Thunder. El ejercicio permitió coordinar cazas embarcados y terrestres con una aeronave de largo alcance de la Fuerza Aérea estadounidense. En noviembre, la interceptación del Bear ruso puso a los cazas del portaaviones ante una misión real de vigilancia aérea mientras continuaban las actividades programadas de Neptune Strike.
Noruega permitió reabastecer de municiones al portaaviones británico
La operación Firecrest incluyó una actividad logística importante antes de la fase final de Neptune Strike. El HMS Prince of Wales entró en Hammernesodden, cerca de Namsos, para recibir municiones desde una instalación militar noruega. Fue la primera vez que un portaaviones británico de la clase Queen Elizabeth reabasteció su armamento en un puerto extranjero. El procedimiento permitió trasladar municiones desde depósitos terrestres hacia el buque sin depender exclusivamente de un transporte auxiliar de apoyo.
Las fuerzas noruegas protegieron la operación mediante embarcaciones de vigilancia y posiciones terrestres de seguridad. Durante la permanencia del portaaviones en aguas próximas a la costa, la fragata KNM Fridtjof Nansen participó en su escolta y unidades noruegas de la clase Skjold realizaron ejercicios con la agrupación. La maniobra permitió comprobar los procedimientos de abastecimiento y protección necesarios para sostener operaciones aéreas desde instalaciones de un país aliado.
La capacidad de reabastecer municiones también influye en el número de misiones que puede sostener un portaaviones. Cada salida de ataque consume armamento que debe trasladarse desde los depósitos interiores hasta la cubierta y cargarse en las aeronaves. Los equipos técnicos necesitan comprobar los mecanismos de suspensión, las conexiones eléctricas y los sistemas de guiado antes de autorizar un vuelo. Durante Neptune Strike, esos procedimientos se practicaron con bombas Paveway IV, mientras los F-35B mantenían su disponibilidad para responder a contactos aéreos en las proximidades de la fuerza naval.
La agrupación británica concluyó las operaciones de Neptune Strike el 5 de noviembre y se dirigió a Oslo después de dos semanas de actividades alrededor de Noruega. El Prince of Wales preparó su participación en el Atlantic Future Forum y la International Sea Power Conference, previstos para la semana siguiente. Sus cazas del 617 Squadron habían realizado misiones de ataque terrestre, participado en ejercicios con aeronaves aliadas e interceptado a un Tupolev Bear ruso durante la fase final del despliegue. El portaaviones permaneció como principal unidad británica de combate embarcado, mientras el HMS Queen Elizabeth continuaba su preparación para recuperar plenamente sus funciones operativas.









