Un radar enemigo puede continuar encendido y, aun así, perder la precisión necesaria para localizar un avión o dirigir un misil. Esa es una de las situaciones que el EA-18G Growler de la Marina estadounidense busca provocar mediante guerra electrónica. Sus equipos reciben señales de radiofrecuencia, ayudan a identificar los sistemas que las producen y pueden emitir interferencias contra radares y comunicaciones militares. Si la misión requiere destruir una instalación, la aeronave también dispone de misiles antirradiación.
El Growler no actúa con un único dispositivo. Integra receptores AN/ALQ-218, sistemas de interferencia AN/ALQ-99, contramedidas de comunicaciones AN/ALQ-227 y armamento AGM-88. A ese conjunto se ha sumado el AN/ALQ-249 Next Generation Jammer Mid-Band, cuya entrada en servicio operativo se produjo en diciembre de 2024. Esta modernización proporciona nuevas posibilidades para actuar contra varios emisores y para emplear técnicas digitales frente a radares contemporáneos.
Su importancia reside en la organización de las defensas antiaéreas. Una red de vigilancia y combate necesita descubrir aeronaves, transmitir información sobre sus movimientos, asignar objetivos y proporcionar datos de guiado a los sistemas de armas. La interferencia sobre alguna de esas funciones puede reducir la eficacia del conjunto, aunque no necesariamente inutilice todos sus radares ni interrumpa de inmediato el vuelo de un misil.
Por eso el EA-18G se utiliza tanto para proteger formaciones de ataque como para desarrollar misiones especializadas contra defensas antiaéreas. Puede operar desde portaaviones o bases terrestres y conserva capacidades de combate propias. Las mejoras introducidas durante 2024 y los programas que continuaban activos en 2026 amplían las opciones de la Marina ante redes militares dotadas de sensores y comunicaciones cada vez más complejos.

El primer objetivo es reconocer las emisiones de la defensa antiaérea
Antes de emplear sus transmisores de interferencia, el avión necesita información sobre la actividad electromagnética que existe en el área de operaciones. Para obtenerla utiliza el AN/ALQ-218(V)2, desarrollado por Northrop Grumman. Sus antenas se encuentran distribuidas en equipos instalados en los extremos de las alas y permiten captar radiofrecuencias procedentes de radares terrestres, navales o aerotransportados.
Este procedimiento no requiere que el receptor transmita un pulso de radar propio para descubrir la emisión ajena. El sistema examina señales que ya están presentes en el entorno y analiza elementos como la frecuencia, las características de los pulsos y la secuencia temporal con la que aparecen. El método corresponde a las medidas de apoyo electrónico, o ESM, que ofrecen información sobre posibles amenazas sin depender únicamente de un radar de búsqueda convencional.
Las señales recibidas pueden servir para clasificar un emisor y distinguir, cuando existen datos suficientes, los equipos destinados a vigilancia general de aquellos utilizados para seguimiento o control de tiro. La diferencia no es secundaria: un radar puede advertir de la presencia de una aeronave a gran distancia, mientras otro proporciona la información más precisa que necesita un sistema de armas.
El AN/ALQ-218 también contribuye a determinar desde dónde se origina una emisión y a preparar su designación como amenaza. Esa información puede llegar a la tripulación, a los equipos de ataque electrónico y a los sistemas empleados para seleccionar objetivos de misiles antirradiación. La documentación técnica de Janes atribuye a este receptor funciones de cobertura de banda ancha, identificación, localización y designación de radares.
Interferir no equivale a apagar un radar

El funcionamiento de un radar depende de que su receptor pueda reconocer los ecos de la energía electromagnética que el propio equipo ha transmitido. A partir de las señales recibidas, el sistema estima parámetros como posición, dirección y velocidad de los blancos. Si el receptor no logra separar con suficiente claridad los ecos útiles de otras emisiones, la calidad de esas mediciones disminuye.
Una forma de ataque electrónico consiste en introducir ruido electromagnético capaz de dificultar esa separación. Sus efectos posibles incluyen una reducción del alcance efectivo de detección, interrupciones del seguimiento y pérdida de precisión. La magnitud de cada resultado depende de las características del radar, de las señales perturbadoras y de la situación geométrica entre el emisor de interferencias y el sistema afectado.
Existe además la interferencia de engaño, que intenta alterar la interpretación de las señales recibidas. En determinadas condiciones, una señal artificial puede inducir indicaciones que no reflejen correctamente la posición o las propiedades de un objetivo real. No es lo mismo ocultar un eco entre ruido que intentar provocar una medición equivocada: los procedimientos y las respuestas posibles del radar son diferentes.
Las técnicas concretas que emplea el Growler contra cada sistema no son públicas en su totalidad. Tampoco existe una garantía universal de que sus interferencias borren los contactos de una pantalla. Un radar puede conservar parte de su capacidad de vigilancia, modificar sus parámetros de trabajo o recurrir a recursos de protección electrónica. La OTAN y el IEEE distinguen esas modalidades de ataque y protección dentro del ámbito de la guerra electromagnética.
Los contenedores AN/ALQ-99 proporcionan capacidad de ataque electrónico
Durante años, la principal herramienta de interferencia del Growler ha sido el AN/ALQ-99 Tactical Jamming System. Sus antecedentes se encuentran en los programas desarrollados para el EA-6B Prowler, anterior avión estadounidense especializado en guerra electrónica. Aunque el sistema ha recibido numerosas modificaciones, mantiene componentes y decisiones de diseño procedentes de generaciones anteriores.
El ALQ-99 se transporta en contenedores externos situados bajo las alas o el fuselaje. En cada uno se integran transmisores, antenas, dispositivos electrónicos y una fuente de energía accionada por una turbina de aire. Esta solución permite alimentar equipos de interferencia que necesitan potencia eléctrica adicional sin cargar toda esa demanda sobre los generadores principales del avión.
La Marina indica que un EA-18G puede transportar hasta cinco contenedores ALQ-99. En muchas misiones se ha empleado una distribución de tres unidades, aunque la cantidad depende de las bandas que sea necesario cubrir, de los depósitos de combustible previstos y del armamento que deba llevar la aeronave. No existe una configuración única apropiada para todos los objetivos.
Los contenedores pueden incorporar equipos preparados para diferentes porciones del espectro electromagnético. Su selección proporciona flexibilidad frente a amenazas que no transmiten en las mismas frecuencias ni utilizan técnicas idénticas. La necesidad de mantenimiento y la aparición de radares más avanzados contribuyeron, sin embargo, a impulsar un reemplazo gradual del sistema.
El empleo de equipos externos también condiciona la configuración general de la aeronave. Sus soportes deben distribuirse entre cargas de guerra electrónica, combustible y misiles, de modo que la misión determina qué combinación resulta disponible. Esta característica explica por qué algunas fotografías muestran al Growler con varios transmisores y otras con una carga de armamento antirradiación más numerosa.

El AN/ALQ-249 introduce interferencia digital contra varios objetivos
El sustituto más avanzado que ha comenzado a operar es el AN/ALQ-249 Next Generation Jammer Mid-Band, o NGJ-MB, desarrollado por Raytheon. Su arquitectura combina procesamiento digital de señales con antenas de barrido electrónico activo, conocidas como AESA. Estas antenas pueden orientar electrónicamente la energía transmitida, sin necesidad de desplazar mecánicamente toda la superficie emisora.
La tecnología AESA también está presente en radares modernos, pero el NGJ-MB la utiliza para tareas de ataque electrónico. La capacidad de administrar sus emisiones y dirigirlas hacia distintos sectores proporciona alternativas que resultan importantes cuando una red antiaérea dispone de varios radares coordinados. Raytheon destaca el mayor alcance de interferencia y la posibilidad de actuar contra múltiples objetivos de forma simultánea.
Eso no significa que el sistema pueda afectar sin restricciones a todos los emisores que encuentre. La potencia disponible, el campo de cobertura de las antenas, las frecuencias de trabajo y las características de cada señal limitan la capacidad de interferencia. Un sistema digital permite configurar mejor el empleo de los recursos, pero no elimina esas condiciones físicas y operativas.
El NGJ-MB alcanzó una etapa de producción y despliegue en 2021. Las primeras unidades de producción se entregaron en julio de 2023 y después avanzaron las pruebas de integración y las operaciones desde portaaviones. La Marina alcanzó su capacidad operativa inicial en diciembre de 2024, aunque el anuncio público de ese hito llegó el 6 de enero de 2025.
La incorporación se produjo mientras el ALQ-99 permanecía en servicio. Esta coexistencia responde a una transición progresiva: el nuevo equipo amplía las capacidades disponibles, pero las variantes existentes todavía proporcionan cobertura para determinadas necesidades de ataque electrónico.
La interferencia puede alterar varias etapas de una interceptación
Las defensas antiaéreas integradas requieren una sucesión de funciones para llegar desde la detección inicial hasta un posible impacto. Un radar de vigilancia descubre contactos, otros sensores pueden confirmar o precisar la información, las instalaciones de mando distribuyen órdenes y los equipos de armas preparan la interceptación. Si se pierde precisión en alguna etapa, el funcionamiento del sistema completo puede verse afectado.
No todos los misiles antiaéreos reciben las mismas instrucciones durante el vuelo. Algunos dependen de radares de seguimiento o iluminación en fases determinadas. Otros combinan navegación inercial, correcciones externas y un buscador propio para la parte final de la trayectoria. Por eso una perturbación contra un radar terrestre no produce necesariamente la pérdida inmediata de guiado de todos los misiles que estén en el aire.
Cuando los datos de seguimiento dejan de ser suficientemente fiables, puede resultar más difícil obtener una solución de disparo o conservarla después del lanzamiento. La pérdida de enlaces entre unidades también afecta la distribución de información. No obstante, las defensas modernas disponen de procesamiento digital, medidas de protección, procedimientos alternativos y, en ciertos casos, otras fuentes de datos.
La eficacia del Growler depende así de la integración entre receptores, transmisores, tripulación y otras aeronaves. El objetivo no se reduce a elevar la potencia de una señal perturbadora, sino a aplicar el recurso electrónico adecuado frente a las funciones que utiliza una defensa concreta.

El AN/ALQ-227 actúa sobre las comunicaciones militares
La actividad electromagnética de una defensa antiaérea no procede exclusivamente de sus radares. Sus unidades intercambian avisos, órdenes, información sobre blancos y datos de situación mediante enlaces de comunicaciones. La interrupción de esas transmisiones puede dificultar la coordinación aunque los sensores conserven capacidad para descubrir aeronaves.
Para actuar en ese ámbito, el EA-18G incorpora el AN/ALQ-227 Communications Countermeasures Set. Este sistema proporciona funciones de interceptación, localización e interferencia de comunicaciones. Sus tareas complementan las del AN/ALQ-218, orientado a identificar y localizar emisiones de radar, y amplían el tipo de señales sobre las que puede trabajar la aeronave.
La degradación de una comunicación no implica necesariamente la desconexión de toda la red. Su consecuencia depende de la arquitectura utilizada, de la información que deba transmitirse y de la existencia de canales alternativos. Un radar puede continuar en funcionamiento incluso cuando una parte de sus datos deja de llegar con normalidad a otros elementos de la defensa.
El Growler debe proteger también sus propios sistemas mientras emite interferencias. Una aeronave equipada con transmisores potentes necesita evitar que sus emisiones impidan el funcionamiento de receptores y comunicaciones propios. Los equipos de compatibilidad electromagnética permiten sostener determinadas funciones simultáneas durante la misión.
Los AGM-88 permiten pasar de la interferencia al ataque físico
Si la misión exige destruir o dañar un emisor, el Growler puede emplear misiles de la familia AGM-88. El HARM original, cuyo nombre corresponde a High-speed Anti-Radiation Missile, utiliza la energía electromagnética emitida por determinados radares como referencia para dirigir el ataque hacia ellos. Este armamento complementa los sistemas que buscan degradar temporalmente las funciones de un radar sin destruirlo.
La variante AGM-88E Advanced Anti-Radiation Guided Missile, denominada AARGM, amplió las posibilidades frente a amenazas móviles o radares que interrumpen sus emisiones. Combina búsqueda pasiva de radiofrecuencia, navegación inercial y satelital y un sensor terminal de ondas milimétricas. La utilización de distintas fuentes de información permite afrontar determinadas situaciones en las que el emisor deja de transmitir.
La documentación de NAVAIR atribuye al AGM-88E capacidad para actuar frente a tácticas de apagado de radares. El misil mide aproximadamente 4,17 metros, tiene una masa de 361 kilogramos y alcanza una velocidad superior a Mach 2. Está integrado en aeronaves F/A-18 y EA-18G de la Marina estadounidense.
Los efectos perseguidos mediante interferencias y mediante armamento deben distinguirse. La supresión de defensas antiaéreas busca impedir o dificultar su actuación durante el tiempo necesario para que se desarrolle una operación. La destrucción intenta eliminar físicamente uno o varios componentes de esas defensas. Un EA-18G puede contribuir a las dos actividades según su configuración y la tarea asignada.

La familia continúa su evolución con el AGM-88G AARGM-ER, concebido para mejorar el alcance y las prestaciones frente a amenazas modernas. El programa prevé su integración en el Growler y otras aeronaves. Sin embargo, la existencia de una variante en desarrollo no equivale a que todas las unidades operativas ya dispongan de ella.
El Growler apoya las misiones de supresión de defensas antiaéreas
La Marina utiliza el EA-18G en operaciones conocidas como SEAD, siglas inglesas de supresión de defensas antiaéreas enemigas. En ellas pueden participar aeronaves dedicadas a reconocer emisiones, aparatos de ataque, equipos de interferencia y armas diseñadas para neutralizar radares. El Growler proporciona capacidades especializadas dentro de ese conjunto, pero no sustituye las demás funciones de la formación.
Durante una misión, puede acompañar a los cazas que se aproximan a objetivos protegidos por defensas antiaéreas. También puede ocupar una posición diferente de la formación para aplicar interferencias desde otra distancia. La cobertura real de sus transmisores y la distribución de las amenazas condicionan la utilidad de cada modalidad.
La especialización permite que las aeronaves de ataque conserven una mayor parte de sus puntos de suspensión para el armamento asignado a sus propios blancos. Concentrar los sensores y transmisores más complejos en aviones dedicados evita imponer permanentemente a todos los cazas las mismas exigencias de peso, espacio y mantenimiento.
El EA-18G conserva, además, misiles AIM-120 AMRAAM para funciones de combate aire-aire. Su radar AN/APG-79, procedente del Super Hornet, puede utilizarse en misiones convencionales de detección y combate. La cantidad de contenedores, depósitos y armas de guerra electrónica que transporta reduce, sin embargo, la libertad de configuración respecto de un caza equipado principalmente para combate aéreo.
Una aeronave derivada del Super Hornet con dos tripulantes especializados
El EA-18G se desarrolló a partir del F/A-18F Super Hornet biplaza. Boeing conservó gran parte del fuselaje, los motores y los sistemas de vuelo, pero adaptó la estructura y la aviónica para instalar equipos de guerra electrónica. El propósito del programa era reemplazar al EA-6B Prowler, utilizado en misiones de interferencia desde principios de la década de 1970.
El primer Growler de desarrollo realizó su vuelo en agosto de 2006. La Marina declaró su capacidad operativa inicial en septiembre de 2009 y efectuó el primer despliegue de una unidad equipada con este modelo en noviembre de 2010. El cambio proporcionó una plataforma más rápida y una integración digital más amplia con los cazas que debía apoyar.

Su longitud es de 18,5 metros y su envergadura alcanza 13,68 metros. Dispone de dos motores General Electric F414-GE-400, con un empuje máximo aproximado de £22 000 cada uno. El techo operativo publicado es de 50.000 pies, unos 15.240 metros. La Marina también documenta un radio de combate superior a 850 millas náuticas para una configuración con transmisores de interferencia, combustible externo y misiles.
La división de tareas en cabina responde a las exigencias del combate electrónico. El piloto controla el vuelo y las funciones de combate asociadas, mientras el oficial de guerra electrónica se concentra en la información recibida, los equipos especializados y la coordinación de las acciones electromagnéticas. Ambos deben administrar una aeronave que combina instrumentos de caza con sistemas destinados a detectar y atacar emisiones.
La estructura heredada del Super Hornet también marca un límite. El Growler no es un caza furtivo como el F-35; además, sus contenedores externos modifican las características aerodinámicas y electromagnéticas de la aeronave. Su protección durante operaciones frente a defensas modernas depende, por tanto, de las tácticas de empleo y de la coordinación con otros recursos militares.
La experiencia de combate comenzó en Libia y continuó en Oriente Medio
El EA-18G participó por primera vez en combate durante la intervención internacional en Libia de 2011. Sus misiones apoyaron los esfuerzos para reducir la eficacia de las defensas antiaéreas libias y facilitar las operaciones de otros aviones contra objetivos militares. La campaña permitió utilizar en condiciones reales una plataforma que había alcanzado su capacidad operativa inicial poco tiempo antes.
En años posteriores, los Growler realizaron despliegues en Oriente Medio y otras regiones donde Estados Unidos necesitaba vigilancia electromagnética, interferencia y supresión de defensas antiaéreas. La guerra electrónica no fue su única función: la disponibilidad de misiles antirradiación también permitió emplearlos contra instalaciones físicas.
Durante el despliegue del portaaviones USS Dwight D. Eisenhower entre 2023 y 2024, los EA-18G del escuadrón VAQ-130 participaron en las operaciones estadounidenses contra los hutíes en Yemen y el mar Rojo. Las fuerzas hutíes utilizaban radares, misiles y aeronaves no tripuladas para amenazar buques en la región. En ese contexto, la Marina confirmó el empleo en combate de un AGM-88E AARGM desde un Growler.

La documentación pública posterior sobre los distintivos de objetivos atacados por algunos aparatos incluyó instalaciones de radar hutíes. Ese antecedente demuestra que el EA-18G puede participar en ataques físicos, además de producir interferencias. No permite conocer, sin embargo, la eficacia concreta de sus emisiones contra cada radar ni medir la reducción de alcance que pudo experimentar un sistema determinado.
En abril de 2025 se difundieron fotografías de un EA-18G del escuadrón VAQ-144 con cuatro misiles antirradiación durante operaciones desde el USS Harry S. Truman. La carga era menos habitual que las configuraciones con varios contenedores de interferencia, pues destinaba más soportes externos al armamento. El episodio muestra cómo la elección de equipos modifica las tareas que puede asumir la aeronave en una operación.
El VAQ-133 llevó los nuevos sistemas NGJ a operaciones desde un portaaviones
Uno de los acontecimientos principales de la transición tecnológica ocurrió durante el despliegue del escuadrón VAQ-133 a bordo del USS Abraham Lincoln en 2024. La unidad salió el 13 de julio y regresó a Whidbey Island el 14 de diciembre. Participaron siete EA-18G, dieciocho tripulantes de vuelo y 153 marinos de apoyo.
El VAQ-133 fue la primera unidad estadounidense en desplegar operacionalmente el Next Generation Jammer. Sus actividades incluyeron integración de equipos, empleo táctico y operaciones desde el portaaviones. La Marina confirmó después que el NGJ se había utilizado en combate y que el despliegue había contribuido a validar su incorporación a las unidades.
Los resultados técnicos detallados de esas acciones no se hicieron públicos. No se divulgaron las frecuencias utilizadas, las potencias transmitidas ni el efecto individual sobre los sistemas electrónicos adversarios. La confirmación del empleo en combate permite establecer que el sistema había pasado de la etapa de pruebas al uso operacional, pero no ofrece una medida numérica de su eficacia.

El despliegue precedió al anuncio público de enero de 2025 sobre la capacidad operativa inicial alcanzada en diciembre anterior. A partir de esa transición, el NGJ-MB pasó a formar parte de las capacidades que la Marina busca ampliar mediante nuevas configuraciones digitales y sucesivas actualizaciones de sus equipos.
Los radares modernos también tienen recursos para resistir las interferencias
El aumento de las capacidades de ataque electrónico ha ocurrido en paralelo con mejoras de protección de radares y comunicaciones. Los equipos contemporáneos pueden disponer de procesamiento digital, cambios de frecuencia y parámetros de emisión ajustables. Algunas antenas AESA permiten administrar electrónicamente sus haces y modificar determinadas condiciones de funcionamiento.
Estas tecnologías pueden reducir la eficacia de ciertas señales perturbadoras, pero sus resultados dependen de la capacidad concreta del sensor y del procedimiento empleado por la aeronave atacante. Por eso no es posible concluir que un transmisor del Growler neutralizará cualquier radar moderno, ni que la existencia de protección electrónica hará ineficaz toda interferencia.
Las emisiones del propio Growler también pueden proporcionar información a receptores enemigos. Un avión que transmite energía electromagnética para atacar sensores no opera necesariamente de manera discreta. Las posibilidades de localizar ese origen dependen de los equipos de detección disponibles y de las características de las señales transmitidas.
Además, una defensa puede reunir radares, equipos electroópticos, observación infrarroja y datos procedentes de estaciones externas. La degradación de uno de esos sensores no garantiza la pérdida de todos los demás. La Marina combina por esa razón la guerra electrónica con reconocimiento, medidas de autoprotección, maniobras y ataques físicos cuando la operación lo exige.

El programa NGJ-LB busca ampliar la cobertura a frecuencias inferiores
La modernización no se limita a las bandas cubiertas por el NGJ-MB. Estados Unidos desarrolla también el Next Generation Jammer Low Band, o NGJ-LB, para reforzar las capacidades de interferencia en regiones inferiores del espectro electromagnético. La separación entre ambos programas responde a la diversidad de frecuencias que utilizan los radares de vigilancia, control y seguimiento.
L3Harris Technologies dirige el desarrollo del NGJ-LB dentro de un programa vinculado a las necesidades de Estados Unidos y Australia. El 19 de octubre de 2026, la empresa anunció una modificación contractual estadounidense de $876 440 942 para continuar actividades de ingeniería y fabricación. El acuerdo comprende equipos de prueba, software, seguridad de sistemas y apoyo a evaluaciones.
La empresa prevé una arquitectura modular y mayor capacidad de procesamiento para actuar contra radares y comunicaciones que trabajan en esas bandas. El propósito es complementar, no sustituir de forma automática, todas las funciones que ya ofrece el NGJ-MB.
El contrato anunciado en octubre de 2026 corresponde a un programa de desarrollo y fabricación. No acredita que el NGJ-LB haya alcanzado la misma disponibilidad operacional que el sistema de banda media. Mientras avance la transición, el ALQ-99 seguirá destinado a cubrir parte de las necesidades para las que fue instalado.
Growler Block II incorpora nuevas posibilidades de integración electrónica
Otra línea de modernización busca instalar más capacidades dentro de la propia aeronave. El programa Growler Block II contempla computadoras de misión renovadas, mejoras de comunicaciones, nuevas interfaces de tripulación y sistemas de guerra electrónica. Comparte algunos desarrollos con el F/A-18E/F Super Hornet Block III, pero mantiene equipos específicos para las funciones del EA-18G.

Entre los trabajos identificados durante 2026 figura el ALQ-264 del programa Beowulf. Su planteamiento utiliza una antena digital multifunción de barrido electrónico activo integrada en una superficie móvil del borde de ataque del ala. La instalación presenta exigencias distintas de las que supone añadir un contenedor bajo un soporte exterior.
El prototipo de este equipo realizó su primer vuelo en 2025. Los trabajos de integración debieron resolver problemas derivados de instalar sensores electrónicos en una pieza que también cumple funciones aerodinámicas y soporta cargas durante el vuelo. El 9 de septiembre de 2026, NAVAIR comunicó que el equipo responsable había recibido un reconocimiento por ese desarrollo.
El ALQ-264 demuestra una alternativa tecnológica a la dependencia exclusiva de contenedores externos. Sus prestaciones definitivas y las fechas para su incorporación general a las unidades no han sido divulgadas por completo. Forma parte del esfuerzo para mantener al Growler en servicio durante las próximas décadas frente a sistemas de defensa antiaérea más avanzados.
La eficacia del EA-18G depende de cómo se combinen sus equipos
El Growler puede actuar sobre diferentes elementos de una red antiaérea sin recurrir siempre a su destrucción física. El AN/ALQ-218 proporciona datos sobre emisiones y amenazas; los ALQ-99 y ALQ-249 permiten desarrollar interferencias; el AN/ALQ-227 se concentra en comunicaciones; y los AGM-88 ofrecen capacidad de ataque contra determinadas instalaciones emisoras.

Los resultados posibles abarcan desde una reducción de la precisión de seguimiento hasta perturbaciones en las comunicaciones o daños directos sobre un radar. No todas esas consecuencias son equivalentes, ni pueden darse por demostradas para un sistema enemigo concreto sin información sobre el enfrentamiento.
La entrada en servicio del NGJ-MB, el desarrollo del NGJ-LB y las modificaciones del Growler Block II representan diferentes etapas de una misma evolución tecnológica. Estados Unidos busca mejorar la gestión digital de las emisiones, ampliar las frecuencias que puede cubrir y disponer de nuevas antenas y sensores. El ALQ-99 sigue presente durante ese proceso.
La función militar del EA-18G consiste en proporcionar a las formaciones estadounidenses opciones para detectar, interferir o atacar los sistemas electrónicos de las defensas antiaéreas. Su rendimiento real depende de los radares adversarios, de las condiciones de cada misión y de la coordinación con las demás aeronaves, no de una capacidad universal para desactivar cualquier sensor enemigo.









