Un portaaviones puede transportar decenas de aeronaves, pero su capacidad de combate depende también de cuántas misiones consigue sostener durante una operación. Cada despegue requiere espacio en cubierta, personal de mantenimiento, combustible y procedimientos de seguridad. Los cazas embarcados son necesarios para atacar objetivos defendidos y proteger una agrupación naval, aunque utilizarlos para transportar pequeñas cargas o efectuar determinadas misiones de vigilancia consume recursos que podrían destinarse a otras operaciones.
La introducción de aeronaves no tripuladas permite distribuir esas tareas entre plataformas de características diferentes. Un dron de vigilancia puede permanecer varias horas sobre una zona marítima y transmitir imágenes de posibles contactos. Otro, equipado con una carga de ataque, puede dirigirse hacia un objetivo y destruirlo sin necesidad de regresar al buque. La combinación ofrece nuevas posibilidades, pero también obliga a modificar la organización de las operaciones aéreas. Los drones deben compartir cubierta, comunicaciones y procedimientos con cazas F-35B, helicópteros y otros medios embarcados.
La Royal Navy está utilizando el HMS Queen Elizabeth para desarrollar esa integración. Durante octubre de 2026, el portaaviones recibió dos sistemas británicos y europeos con funciones distintas: el Tekever AR5, una aeronave bimotor de ala fija destinada a vigilancia y otras misiones reutilizables, y el Nyan, un pequeño dron de ataque unidireccional fabricado por Callen-Lenz, empresa integrada en BAE Systems. Ambos participaron en ejercicios que permitieron examinar operaciones desde una plataforma naval de 65.000 toneladas.
Las pruebas produjeron dos resultados diferentes. El 17 de octubre, el AR5 realizó aterrizajes y despegues sobre la cubierta del portaaviones durante Heavy Lift Challenge 3. Tres días después, durante Neptune Reach B, cuatro drones Nyan fueron lanzados desde el buque y alcanzaron los puntos de ataque asignados. La Royal Navy anunció los resultados el 5 de noviembre, dentro de su programa para desarrollar un grupo aéreo que combine aeronaves tripuladas y no tripuladas.
El Tekever AR5 demuestra que puede aterrizar y despegar de un portaaviones
La operación del AR5 comenzó en tierra, desde el centro de operaciones de Tekever en Atouguia da Baleia, Portugal. La aeronave despegó de esas instalaciones y voló durante aproximadamente noventa minutos hasta encontrarse con el HMS Queen Elizabeth. Después de aproximarse al buque, realizó dos aterrizajes y dos despegues desde su cubierta. Concluidos los ensayos, regresó a Portugal mediante otro vuelo de unas dos horas. Esta secuencia permitió comprobar tanto la recuperación como el lanzamiento de una aeronave autónoma desde una plataforma naval en movimiento.
El AR5 utiliza una configuración bimotor con dos hélices tractoras, alas rectas de gran alargamiento y un fuselaje central destinado a alojar sensores y equipos de misión. Su envergadura es de aproximadamente 7,3 metros y su velocidad de crucero ronda los 100 kilómetros por hora. Tekever desarrolla configuraciones capaces de permanecer hasta veinte horas en vuelo, con sistemas automáticos de despegue y aterrizaje. La Royal Navy atribuye a la variante utilizada en sus ensayos una capacidad de carga de hasta 80 kilogramos.
La vigilancia marítima constituye una de sus aplicaciones principales. La aeronave puede transportar cámaras diurnas e infrarrojas, radares de observación de superficie y receptores del Sistema de Identificación Automática, utilizado por numerosos buques para transmitir su posición y otros datos. También dispone de comunicaciones por satélite, que permiten mantener el enlace con los operadores más allá del alcance de una estación de radio convencional. En una agrupación naval, estos equipos pueden utilizarse para observar sectores alejados del portaaviones y seguir contactos durante periodos prolongados.
El AR5 también está adquiriendo funciones relacionadas con la guerra antisubmarina. Durante el ejercicio REPMUS 2026, Tekever y General Dynamics Mission Systems–Canada utilizaron la aeronave para desplegar sonoboyas y transmitir información acústica a los equipos de procesamiento. El sistema permitió detectar y seguir contactos submarinos durante los ensayos realizados frente a Portugal. Esta aplicación amplía el empleo del dron desde la vigilancia de superficie hacia la detección acústica, una actividad que tradicionalmente exige helicópteros y aeronaves especializadas.
El Nyan Strike utiliza una catapulta neumática para atacar desde el mar
El segundo sistema probado en el Queen Elizabeth responde a una función completamente diferente. El Nyan está concebido como una aeronave consumible que transporta una carga hasta un objetivo y termina su misión mediante el impacto. Su estructura compacta, con 2,9 metros de envergadura, permite instalarlo en una catapulta neumática situada sobre la cubierta. El lanzador acelera el aparato hasta alcanzar las condiciones necesarias para iniciar el vuelo, después de lo cual entra en funcionamiento su pequeño motor de turbina de gas.
La aeronave tiene un peso máximo de despegue superior a 75 kilogramos y dispone de una sección de carga modular que admite equipos de menos de 20 kilogramos. Su velocidad de crucero es de aproximadamente 220 kilómetros por hora y su alcance supera los 250 kilómetros, dependiendo del combustible y del perfil de misión. El sistema está diseñado para operar incluso cuando las señales de navegación por satélite sufren interferencias. La carga modular permite utilizarlo tanto para efectos cinéticos como para otras funciones militares.
La adaptación naval comenzó antes de las pruebas del portaaviones. Durante Neptune Reach A, realizado en junio de 2026, personal de la Royal Navy, el Ejército británico y la RAF instaló el sistema Nyan en el buque experimental XV Patrick Blackett. La aeronave recibió una trayectoria previamente programada y fue lanzada mientras el barco navegaba frente a la costa de Dorset. La actividad permitió examinar los efectos del cabeceo y balanceo del buque sobre el procedimiento de lanzamiento. El dron completó su recorrido y terminó deliberadamente en el mar.
El siguiente ensayo trasladó el sistema a la cubierta del HMS Queen Elizabeth. El 20 de octubre, los operadores efectuaron cuatro lanzamientos durante Neptune Reach B y las cuatro aeronaves alcanzaron sus puntos asignados. El trabajo comprendió la instalación de la catapulta en diferentes posiciones y la ejecución de lanzamientos desde un buque con una organización aérea considerablemente más compleja que la del Patrick Blackett. El Nyan también dispone de aplicaciones como señuelo para provocar emisiones de sistemas de defensa antiaérea adversarios y como blanco de entrenamiento para unidades antidrones.
La cubierta de los Queen Elizabeth comienza a admitir aeronaves sin catapultas convencionales
Los portaaviones británicos fueron construidos alrededor de las necesidades del F-35B Lightning II. Sus cubiertas de aproximadamente 280 metros incorporan una rampa de proa para facilitar los despegues cortos, pero carecen de las catapultas de vapor o electromagnéticas y los cables de detención que utilizan los grandes portaaviones estadounidenses. Esa configuración permite operar cazas de despegue corto y aterrizaje vertical, aunque condiciona los tipos de aeronaves convencionales que pueden incorporarse al grupo aéreo.
La Royal Navy comenzó a ampliar esas posibilidades en 2023. En septiembre de aquel año, el HMS Prince of Wales recibió una aeronave logística HCMC desarrollada por W Autonomous Systems. El dron despegó desde un aeródromo de Cornualles, aterrizó en el portaaviones, descargó una pequeña carga y regresó a tierra. Su capacidad de transportar hasta cien kilogramos a distancias de mil kilómetros permitió estudiar una alternativa al empleo de helicópteros para determinados transportes entre instalaciones terrestres y buques.
Dos meses después, el mismo portaaviones recibió el Mojave de General Atomics, una aeronave de mayor tamaño derivada de la familia Gray Eagle. El aparato, con una envergadura de unos 17 metros y un peso máximo superior a 1,5 toneladas, despegó y aterrizó desde la cubierta durante pruebas frente a la costa oriental de Estados Unidos. Sus alas de gran superficie, dispositivos hipersustentadores y tren de aterrizaje reforzado permitieron operar con una carrera relativamente corta, sin utilizar catapultas ni cables de detención.
El AR5 continúa esa línea experimental con una aeronave más pequeña y especializada en vigilancia, mientras el Nyan introduce una modalidad de ataque que utiliza un lanzador portátil. Ambos procedimientos permiten ampliar las funciones del portaaviones sin instalar necesariamente sistemas de lanzamiento y recuperación propios de un buque CATOBAR. La utilización de drones también exige coordinar movimientos en cubierta, zonas de estacionamiento, preparación de cargas y comunicaciones con el centro de control aéreo. Estas operaciones deben coexistir con las actividades de los F-35B y helicópteros embarcados.
La Royal Navy prepara un grupo aéreo que combine cazas, drones y sistemas de ataque consumibles
La transformación forma parte de la estrategia británica de aviación naval, que busca incorporar plataformas autónomas a las operaciones de los portaaviones. El programa Pantheon dispone de una inversión aproximada de £240 000 000 para desarrollar esa futura agrupación aérea. Dentro de ese esfuerzo, el proyecto Vanquish estudia aeronaves autónomas de propulsión a reacción capaces de despegar y aterrizar en distancias cortas y trabajar junto a los F-35B. El proyecto Vantage, por su parte, está dedicado a acelerar los ensayos de drones de ataque unidireccional.
La separación de funciones permite emplear aeronaves de características diferentes dentro de una misma agrupación naval. Un AR5 puede proporcionar vigilancia persistente y transmitir información sobre contactos marítimos. Los F-35B pueden realizar misiones de ataque, defensa antiaérea y reconocimiento en espacios defendidos. Los drones consumibles como el Nyan añaden otra posibilidad para atacar objetivos terrestres desde el mar, especialmente cuando una misión puede ejecutarse con una carga relativamente pequeña. La coordinación entre estos medios requerirá sistemas de mando capaces de distribuir tareas y controlar el espacio aéreo alrededor del buque.
La cantidad de drones que pueda transportar y preparar un portaaviones también influirá en su empleo. Los Nyan necesitan instalaciones para almacenar las aeronaves, preparar sus cargas y colocar los lanzadores. El AR5 requiere espacio para mantenimiento, repostaje, equipos de control y recuperación. Estas necesidades deben incorporarse a una cubierta que ya está organizada para mover cazas, helicópteros, vehículos de apoyo y personal. La viabilidad de operaciones sostenidas dependerá tanto de la disponibilidad de las aeronaves como del tiempo necesario para prepararlas y ponerlas nuevamente en servicio.
El programa británico contempla al menos £210 000 000 para desarrollar armas autónomas de ataque unidireccional de bajo coste y largo alcance destinadas a la Royal Navy, el Ejército y la RAF. Al mismo tiempo, la Royal Navy continúa estudiando drones de mayor tamaño capaces de ejecutar misiones junto a cazas tripulados. El trabajo del Queen Elizabeth durante octubre permitió ensayar dos componentes diferentes de esa futura organización: una plataforma reutilizable de vigilancia y apoyo, y un interceptor de objetivos terrestres consumible que puede lanzarse directamente desde el buque.
El HMS Queen Elizabeth regresó a Portsmouth el 5 de noviembre después de sus actividades en el Atlántico y sus escalas en Belfast y Gibraltar. El portaaviones continuará su entrenamiento para recuperar su función como unidad principal de ataque de alta disponibilidad de la Royal Navy durante 2027. Los resultados de Heavy Lift Challenge 3 y Neptune Reach B se incorporarán a los trabajos de integración de aeronaves autónomas, mientras Tekever desarrolla nuevas aplicaciones marítimas del AR5 y BAE Systems continúa la evolución del Nyan para operaciones de ataque desde plataformas terrestres y navales.









