La inteligencia militar de Ucrania atribuye a una explosión durante el arranque de motores la destrucción de un caza ruso Su-57 en la base de Ajtúbinsk, en la región de Astracán. El incidente habría ocurrido el jueves 29 de octubre de 2026, aunque la Dirección Principal de Inteligencia del ministerio de Defensa ucraniano (GUR) no lo comunicó oficialmente hasta el lunes 2 de noviembre. Moscú no había reconocido públicamente la pérdida del avión ni presentado conclusiones técnicas sobre lo sucedido.
El GUR sitúa el valor de la aeronave en unos $150 000 000 e incluye la posibilidad de que el combustible empleado tuviera una calidad inadecuada. Esa hipótesis sigue sin demostrarse: no se han publicado análisis del queroseno, resultados de una inspección de motores ni documentos que permitan identificar el avión afectado. La información disponible tampoco permite establecer si hubo víctimas.
Antes del comunicado oficial, investigadores ucranianos de fuentes abiertas habían distribuido fotografías satelitales de un sector del aeródromo con huellas de combustión y materiales dispersos. La ubicación de la instalación puede comprobarse mediante imágenes cartográficas, pero las fotografías no bastan para identificar inequívocamente los restos como los de un Su-57. La incertidumbre sobre el modelo y la causa debe distinguirse de la denuncia formulada por la inteligencia ucraniana.

Qué muestran las fotografías satelitales de Ajtúbinsk
El 30 de octubre, un día después del supuesto accidente, el proyecto ucraniano de investigación abierta Absoliutno Nadiine Dzherelo, cuyo nombre puede traducirse como “Fuente absolutamente fiable”, afirmó haber encontrado indicios de la destrucción de un Su-57 en el aeródromo ruso. El grupo vinculó el incendio con una anomalía producida al poner en marcha los motores y difundió imágenes de la superficie donde habría permanecido el caza.
En el material se aprecia una zona ennegrecida y lo que parecen restos sobre una explanada de uso militar. Ajtúbinsk es una instalación donde Rusia desarrolla actividades de prueba y evaluación de aviones avanzados; por tanto, la localización señalada resulta compatible con la presencia de aeronaves de ese programa. Lo que no puede obtenerse directamente de la imagen es una matrícula, un historial de mantenimiento o una identificación concluyente de las piezas quemadas.
Kiev Post contrastó las referencias geográficas visibles con mapas y pudo establecer que el lugar mostrado corresponde a la base aérea de Ajtúbinsk. Ese cotejo, sin embargo, no permitió verificar de forma independiente la fecha de la fotografía más reciente ni demostrar que la estructura destruida fuera un Su-57. Defence24, publicación especializada de Polonia, llegó a una limitación semejante: observó rasgos en la sección posterior compatibles con el modelo, pero los daños del incendio impiden precisar de qué avión se trata.
La declaración del GUR del 2 de noviembre añade el respaldo de una institución oficial ucraniana a las primeras afirmaciones del grupo investigador. No constituye, por sí sola, una comprobación independiente. Hasta ahora deben mantenerse separados tres puntos: el lugar fotografiado, la identidad del aparato y la causa del incendio. Solo el primero cuenta con un contraste cartográfico descrito en las informaciones disponibles.
La explosión habría ocurrido durante el arranque de los motores
La aeronave presuntamente perdida pertenece al programa Sukhoi Su-57, un caza bimotor que emplea propulsores AL-41F1, también conocidos en Rusia como Izdeliye 117. Estos motores permiten al avión combinar aceleración, vuelo supersónico y maniobrabilidad mediante empuje vectorial. El episodio de Ajtúbinsk, tal como lo describe Ucrania, no sucedió durante una misión aérea: se produjo cuando el personal intentaba poner en marcha la planta motriz en tierra.
Un motor turbofán debe pasar por una secuencia de aceleración de sus componentes, alimentación de combustible y establecimiento de combustión estable antes de alcanzar el régimen de funcionamiento necesario. Una anomalía en ese proceso puede proceder de diversos sistemas. Entre las posibilidades generales figuran fallos de lubricación, daños mecánicos, problemas de alimentación de combustible o defectos de control durante el arranque.
Las averías de esta clase pueden desembocar en un incendio grave, pero ninguna de esas explicaciones puede atribuirse al caso concreto sin conocer las evidencias técnicas. El GUR apunta a la calidad del combustible; no ha mostrado, según el material disponible, la inspección del motor ni pruebas de laboratorio que permitan descartar otras causas. Tampoco está establecido qué depósito o lote de queroseno abasteció a la aeronave.

Por qué Ucrania relaciona la pérdida con combustible procedente de India
En su comunicación del 2 de noviembre, el GUR desarrolló una línea de investigación centrada en el abastecimiento ruso de combustible aeronáutico. La agencia sostiene que los ataques ucranianos contra instalaciones petroleras han reducido la producción de queroseno de aviación en Rusia y han impulsado la utilización de suministros del exterior. Como ejemplo presentó una ruta marítima de combustible caza A-1 que comenzó en la India.
El punto de origen señalado es la refinería de Vadinar, operada por Nayara Energy. La compañía rusa Rosneft participa en esa empresa con el 49,13 % del capital. De acuerdo con la reconstrucción ucraniana, el petrolero GRIF salió de Vadinar el 22 de agosto de 2026 con unas 40.000 toneladas de combustible para aviación. La embarcación se encuentra entre los buques afectados por sanciones internacionales.
A comienzos de septiembre se habría transferido la carga al petrolero HALCYON mediante un transbordo de buque a buque cerca de la costa oriental de Malasia, en las proximidades de la entrada oriental del estrecho de Singapur. El HALCYON llegó el 23 de septiembre al puerto ruso de Najodka con más de 37.000 toneladas del producto y descargó en una terminal vinculada a las operaciones de Rosneft en el extremo oriental ruso.
Estos movimientos y cantidades forman parte de los datos presentados por la inteligencia ucraniana. El mismo organismo menciona a RN-Aero, sociedad del grupo Rosneft, como proveedor de combustible de United Aircraft Corporation (UAC), conglomerado que fabrica aviones militares rusos, entre ellos el Su-57. Esa relación comercial permite establecer vínculos entre el abastecimiento de combustible y el sector aeronáutico, pero no demuestra el destino final de una partida determinada.
La investigación difundida no acredita que el combustible transportado por GRIF y HALCYON llegara hasta Ajtúbinsk, ni que se introdujera en el avión afectado. El caza A-1 es un combustible normalizado para motores de turbina; las autoridades ucranianas reconocen que puede utilizarse en aeronaves rusas como el Su-30SM, el Su-34, el Su-35S y el Su-57. Su procedencia extranjera no demuestra, por tanto, una deficiencia de calidad ni una incompatibilidad técnica.

Para asociar las importaciones con la explosión habría que documentar la distribución de ese cargamento, identificar el combustible que se utilizó durante el arranque y examinar sus propiedades. Ninguna de esas comprobaciones se encuentra establecida en la información facilitada. La ruta desde India es un dato de la investigación ucraniana, no una prueba de que la importación provocara el incendio.
La base rusa ya había registrado daños en un Su-57 en 2024
Ajtúbinsk alberga el 929.º Centro Estatal de Pruebas de Vuelo Valeri Chkálov, una instalación utilizada para evaluar aeronaves, equipos y armas antes de su incorporación o modernización en las Fuerzas Aeroespaciales. El Su-57 ha estado presente allí durante diferentes fases de pruebas y desarrollo. Este antecedente explica por qué los investigadores prestan atención al aeródromo cada vez que aparece una señal de daños en sus instalaciones.
El 8 de junio de 2024 Ucrania anunció un ataque con drones de largo alcance contra un Su-57 estacionado en esa base. En aquella ocasión, la inteligencia ucraniana presentó fotografías satelitales anteriores y posteriores a la operación, con señales de explosión y daños cerca del aparato. Fuentes rusas vinculadas a la aviación militar reconocieron que el caza había sufrido daños por fragmentos, aunque su posibilidad de reparación no quedó aclarada inicialmente.
La base se encontraba a unos 589 kilómetros de las posiciones ucranianas, conforme a la distancia difundida durante aquel episodio. El caso mostró la exposición de aviones avanzados mientras permanecen en tierra, incluso lejos de la zona inmediata de combate. No obstante, la comparación con octubre de 2026 tiene un límite fundamental: el suceso de 2024 se atribuyó a una operación deliberada con drones, mientras que la noticia actual se refiere a una emergencia en el encendido de los motores.
No hay pruebas en la información conocida de que un dron o un proyectil provocara el incendio comunicado el 29 de octubre. Confundir ambos episodios produciría una explicación incorrecta de lo ocurrido. Los dos comparten aeródromo y modelo de avión presuntamente afectado, pero no un mecanismo de daño demostrado.

Los otros incidentes de Su-57 que Ucrania sitúa en 2026
El proyecto ucraniano que identificó las señales de incendio sostiene que el episodio de Ajtúbinsk sería el cuarto caso conocido de daños o pérdida de un Su-57 durante 2026. La cuenta incluye dos aeronaves presuntamente alcanzadas en abril, un aparato accidentado en julio y el caza que habría ardido en octubre. Es una relación de incidentes de distinta naturaleza y con diferentes niveles de verificación, no una lista de cuatro Su-57 cuya destrucción esté demostrada.
El 25 de abril, el Estado Mayor ucraniano declaró que una operación con drones había alcanzado varios Su-57 y un Su-34 en la base rusa de Shagol, en la región de Cheliábinsk, a unos 1.700 kilómetros de la frontera de Ucrania. Las fotografías de satélite difundidas posteriormente mostraron indicios de actividad y alteraciones en las áreas de estacionamiento, pero no permitieron establecer el alcance exacto de los daños en cada caza.
El siguiente suceso ocurrió el 23 de julio, cuando un Su-57 se estrelló durante un vuelo de entrenamiento cerca de Lútsino, en la región de Moscú. Las autoridades rusas reconocieron la pérdida de ese aparato y la apertura de una investigación. La posibilidad de que hubiera intervenido fuego amigo apareció en distintas informaciones, pero no se ha respaldado con conclusiones técnicas públicas.
El incendio del 29 de octubre, por tanto, se añade a antecedentes que no deben presentarse como equivalentes. Rusia reconoció el accidente de julio; los daños de abril proceden de las declaraciones ucranianas y de imágenes que no fijan su magnitud; y el supuesto aparato destruido en Ajtúbinsk todavía carece de confirmación independiente. De ahí que no pueda calcularse el número de cazas definitivamente perdidos mediante la simple suma de esos casos.
La flota de Su-57 continúa reducida y las cifras son discutidas
Las consecuencias de una posible pérdida deben examinarse en relación con el tamaño de la flota. El Su-57 es el principal proyecto ruso de caza de quinta generación en servicio, destinado tanto a enfrentamientos aéreos como a operaciones de ataque mediante armamento guiado. Su diseño combina dos motores, compartimentos internos para armas, sensores integrados y superficies concebidas para reducir ciertas reflexiones radar.

El programa realizó su primer vuelo en enero de 2010, pero la producción y el despliegue evolucionaron durante años a un ritmo limitado. La cantidad de aviones en servicio sigue sujeto a estimaciones divergentes. En septiembre de 2026, Defense Express examinó cifras difundidas en Rusia que hablaban de 48 Su-57 fabricados hasta el final de 2025, incluidos catorce en ese último año. La publicación cuestionó esos números y recogió estimaciones occidentales más bajas.
La industria rusa anunció nuevas incorporaciones durante 2026 sin ofrecer, en todos los casos, datos completos de cantidades. El 9 de febrero, Rostec comunicó la entrega de una partida con modificaciones en los sistemas de armamento. El 24 de septiembre, UAC anunció otra entrega de Su-57 modernizados, pero no detalló públicamente cuántos aviones integraban el lote.
Esas discrepancias impiden precisar el inventario disponible para misiones de combate. También existe una diferencia entre aeronaves fabricadas, unidades asignadas a evaluación y aparatos realmente listos para operar. La ausencia de una matrícula del avión de Ajtúbinsk añade otra incógnita: no se sabe si pertenecía a una unidad operativa, si estaba destinado a pruebas o si participaba en un programa de actualización.
En una flota de producción limitada, la destrucción de una sola aeronave puede afectar los recursos disponibles para misiones, entrenamiento o desarrollo. Su sustitución depende de la fabricación de una unidad nueva y de la disponibilidad de sistemas y personal técnico. El GUR calcula en unos $150 000 000 el valor del avión presuntamente destruido; esa estimación no equivale a un precio de adquisición verificado para el ejemplar concreto ni al coste total del incidente.
El Su-57 también participa en ataques con misiles de crucero
La importancia militar del modelo no se limita al combate contra otros aviones. Rusia ha utilizado Su-57 en operaciones de ataque contra Ucrania desde zonas alejadas de las defensas antiaéreas ucranianas. El caza es compatible con armamento guiado, incluidos los misiles de crucero Kh-59 y Kh-69, destinados a atacar objetivos terrestres.
El Kh-69 se desarrolló para aeronaves tácticas y puede adaptarse a los compartimentos internos de armamento del Su-57. Durante mayo de 2026, los servicios ucranianos de observación aérea registraron más de diez episodios de lanzamiento de misiles de crucero atribuidos a este tipo de caza. Las zonas mencionadas comprendían sectores próximos a Kursk, Crimea y el mar de Azov, desde donde los aviones habrían disparado sin entrar directamente en las posiciones de defensa antiaérea de Ucrania.
Estos registros muestran que el Su-57 tiene una función de combate, además de las pruebas y las actividades de desarrollo que continúan con el programa. Sin embargo, no se conoce la participación individual del aparato que Ucrania afirma haber perdido en Ajtúbinsk. Tampoco puede establecerse cuántas misiones dejarían de ejecutarse si su destrucción quedara confirmada.

La causa del incendio y la identidad del avión siguen sin confirmarse
El núcleo de la noticia permanece en la afirmación del GUR: el 29 de octubre habría explotado un Su-57 durante el arranque de motores en Ajtúbinsk. La inteligencia ucraniana añade una estimación económica y plantea una posible relación con problemas de calidad del combustible. Los investigadores de fuentes abiertas, por su parte, han mostrado imágenes de un área incendiada en la instalación.
La documentación no permite cerrar todas esas cuestiones en una sola conclusión. La localización de la zona afectada puede contrastarse; la identificación del modelo y el estado final del aparato no cuentan todavía con una verificación independiente concluyente. La hipótesis del combustible tampoco dispone de análisis técnicos divulgados ni de una cadena de suministro demostrada hasta el avión.
El episodio coincide con los esfuerzos rusos por aumentar y modernizar la producción del Su-57 y con la actividad ucraniana contra instalaciones petroleras y militares dentro de Rusia. Si se confirma la destrucción, supondrá otra pérdida para una flota de dimensiones limitadas. Hasta el 2 de noviembre de 2026, sin embargo, la versión de la explosión procede de Ucrania y sigue pendiente de una confirmación rusa o de pruebas técnicas adicionales.









