La elección del próximo secretario general de Naciones Unidas ha abierto una disputa diplomática en la que Israel distingue entre los aspirantes con los que considera posible mantener una relación de trabajo y aquellos cuyas posiciones le generan objeciones. Entre los nombres valorados favorablemente en Jerusalén figuran Rebeca Grynspan, exvicepresidenta de Costa Rica, y Lana Nusseibeh, diplomática de Emiratos Árabes Unidos que acaba de incorporarse a la competencia.
El relevo de António Guterres está previsto para el 1 de enero de 2027. Ocho personas aspiran por ahora a convertirse en el décimo secretario general de la ONU, pero ninguna ha conseguido imponerse después de siete rondas de consultas secretas en el Consejo de Seguridad. Estas votaciones preliminares, conocidas como sondeos de tanteo, carecen de carácter vinculante y permiten a los miembros del Consejo manifestar su posición antes de la decisión definitiva. Las grandes potencias intentan impulsar a sus respectivos candidatos, y en la organización no descartan que surjan nuevas postulaciones.
Grynspan obtuvo 11 votos favorables y cuatro contrarios en la consulta más reciente, celebrada al término de la semana. Fue su mejor resultado hasta ahora y la situó entre las candidaturas más fuertes, aunque sigue sin saberse si uno de los votos negativos corresponde a un miembro permanente del Consejo de Seguridad, con capacidad de veto.
Si finalmente obtiene el cargo, Grynspan se convertiría en la primera persona judía al frente de Naciones Unidas. Sus padres llegaron a Costa Rica desde Europa para escapar del Holocausto después de que no lograran trasladarse a Israel. Otros familiares murieron durante el genocidio nazi, mientras que una de sus hermanas reside actualmente en Israel.
La otra candidata con la que Israel considera que podría desarrollar vínculos positivos es Nusseibeh, quien obtuvo siete votos a favor después de sumarse recientemente a la carrera. Ocupa un puesto de ministra de Estado en el Ministerio de Exteriores emiratí y, durante la guerra, intervino en las gestiones para asegurar la entrada de ayuda humanitaria a la Franja de Gaza.
Nusseibeh es de origen palestino, ha defendido la solución de dos Estados y cuenta con el respaldo de la representación palestina para su candidatura. Al mismo tiempo, su participación en la competencia está expuesta a críticas por el controvertido papel atribuido a Emiratos Árabes Unidos en el suministro de armamento a las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) de Sudán, una organización acusada de genocidio.
En contraste, Israel ha expresado preocupación por otras dos candidaturas. Carolyn Rodrigues-Birkett, diplomática de Guyana, sostuvo que Israel cometió genocidio en Gaza. También suscita reparos Feridun Sinirlioğlu, diplomático turco que anunció su postulación el sábado 31 de octubre y procede de un país cuyas relaciones con Israel son hostiles.
El embajador israelí ante la ONU, Danny Danon, ha criticado reiteradamente la gestión de Guterres y sostiene que su sucesor debe mostrar una orientación moral clara y actuar contra lo que califica de antisemitismo institucionalizado dentro del organismo. El Ministerio de Exteriores de Israel también ha acusado a Naciones Unidas de mantener una conducta hipócrita y parcializada durante los últimos años.
Cinco de los ocho aspirantes actuales proceden de América Latina. Dentro de la ONU existe la expectativa de que corresponda a esa región ocupar ahora la Secretaría general. Israel, que ha reforzado sus relaciones con países latinoamericanos durante los dos últimos años, no mantiene una oposición de principio a esa posibilidad.
Entre los demás contendientes aparece Rafael Grossi, diplomático argentino y director general del Organismo Internacional de Energía Atómica desde 2019. Rusia ha dejado claro que vetaría su candidatura. También se ha planteado el nombre de Viktor Orbán, exprimer ministro de Hungría, cuyo eventual impulso por parte de la administración de Donald Trump se enfrenta a la previsión de una fuerte resistencia de potencias europeas con derecho a veto.
La falta de acuerdo después de siete votaciones mantiene abierto el proceso y podría animar a más aspirantes a presentarse. Quien sustituya a Guterres asumirá la dirección administrativa y política del sistema de Naciones Unidas, un cargo de amplia influencia, pero con facultades ejecutivas limitadas. Entre sus desafíos estará el deterioro de la posición internacional del organismo y la ruptura de sus relaciones con Estados Unidos.










