“La secta de la muerte acudió hoy a las urnas para decidir quién lucirá mejor cubierto de sangre”. La Embajada de Irán en Ghana publicó esa frase el 27 de octubre, durante las elecciones israelíes, desde su cuenta oficial en X. El mensaje figura entre los ejemplos de incitación recopilados por la Liga Antidifamación (ADL) en un examen preliminar de la reacción internacional a los comicios.
El análisis abarca publicaciones de medios de Oriente Medio, cuentas de organizaciones antisionistas y figuras políticas de distintas corrientes. La ADL detectó ataques contra Israel que, en algunos casos, se extendieron a los israelíes en conjunto y a los judíos. Se trató de las primeras elecciones del país desde el ataque de Hamás del 7 de octubre. La respuesta en redes y medios incluyó deshumanización, acusaciones colectivas y mensajes que reclamaban la desaparición de Israel.

Entre los mensajes procedentes de la prensa árabe, la ADL identificó un artículo del columnista Hazem Hussein en el periódico egipcio Youm7. El autor describió a la sociedad israelí como protagonista de un “paso consciente de la humanidad a la animalidad al estilo nazi” y calificó a Israel de “monstruo que espera completar su nacimiento en las urnas”. Sus expresiones atribuían una corrupción moral colectiva a la población que participó en las elecciones.
El diario catarí Al-Sharq, propiedad de un integrante destacado de la familia gobernante de Qatar, publicó una columna de Jassem al-Shammari que vinculaba directamente el voto israelí con las víctimas palestinas. El autor afirmó que las urnas sionistas estaban hechas con cráneos de muertos palestinos y que la tinta depositada en los dedos de los votantes contenía sangre de muertos y heridos. También atribuyó a la totalidad del electorado apoyo a los asesinatos y al desplazamiento forzoso.
La ADL también registró una reacción distinta dentro de los medios árabes. La cadena saudí Al-Arabiya centró su cobertura en los resultados electorales y en las posibles coaliciones, sin adoptar las expresiones de demonización presentes en los ejemplos anteriores.

En Irán, la agencia Tasnim, vinculada a la Guardia Revolucionaria, presentó la votación como una “competencia de crueldad y genocidio en las elecciones del régimen sionista”. Desde Líbano, el periódico Al-Akhbar, partidario de Hezbolá, difundió una ilustración de una calavera cubierta de sangre que servía como urna electoral. La composición asociaba mediante un juego de palabras árabe la democracia con la sangre y mostraba tachada la palabra “sionismo”. Grupos antisionistas de Estados Unidos compartieron posteriormente la imagen.
En Ankara, la Unión de la Juventud de Turquía (TGB), una organización de extrema izquierda, organizó una protesta frente a la residencia del embajador de Israel. Los participantes exhibieron una imagen del primer ministro Benjamin Netanyahu como blanco de tiro. Otro cartel anunció de antemano un resultado político de las elecciones: “Ganadores: Turquía, Palestina, Irán, Yemen. Perdedores: Estados Unidos, Israel”.
Los mensajes en turco también incluyeron ataques y amenazas. Mehmet Fatih Serdar, antiguo vicepresidente de la organización del partido gobernante en Estambul, escribió que “la mente sionista” solo conoce el robo de tierras palestinas y el derramamiento de sangre musulmana. Advirtió además que los israelíes no podrían escapar de la “ira de Dios”. Otra cuenta verificada, favorable al régimen iraní y a los hutíes, exigió que Israel fuera borrado de la faz de la Tierra y sostuvo que la humanidad no tendría paz hasta entonces.

En Estados Unidos, el Centro de Investigación sobre el Extremismo de la ADL examinó los mensajes en inglés publicados en X entre el 20 y el 28 de octubre. Encontró acusaciones de doble lealtad, insinuaciones sobre un supuesto control judío o sionista de los acontecimientos y teorías conspirativas sobre operaciones de “falsa bandera”. Las elecciones israelíes aparecieron así en discursos antisemitas de sectores estadounidenses .
Nick Fuentes, influyente figura y defensor de la supremacía blanca, aseguró en su programa America First que Netanyahu protegía su propia posición a expensas de Estados Unidos y presentó a los “judíos sionistas” del país como traidores y cómplices. En el programa de Stew Peters, otro propagador de mensajes antisemitas, Sam Parker planteó que Netanyahu o judíos sionistas podrían organizar ataques de “falsa bandera” para provocar una guerra entre Washington y Teherán que mantuviera al mandatario israelí en el poder.
La ADL relacionó esas acusaciones con antiguas teorías conspirativas que atribuyen a los judíos una intervención clandestina en sucesos internacionales. El organismo incluyó ese tipo de narrativas entre los temas reiterados en las publicaciones examinadas.

El seguimiento alcanzó asimismo a organizaciones e influenciadores antisionistas vinculados con la izquierda estadounidense. Varias cuentas de Instagram, que en conjunto superan los cinco millones de seguidores, difundieron una publicación según la cual “las elecciones en Israel no cambian nada”. El texto presentó la contienda como una disputa entre “sionista contra sionista” y sostuvo que únicamente “la derrota del sionismo” terminaría con las políticas israelíes.
Jewish Voice for Peace (JVP) afirmó que, fuera quien fuera el vencedor, continuarían lo que denominó “apartheid israelí, limpieza étnica y genocidio de los palestinos”, porque considera que Israel se fundamenta en el colonialismo de asentamiento y el racismo. Por su parte, los Socialistas Democráticos de América (DSA) anunciaron una campaña a favor de un embargo de armas contra Israel, dentro de su actividad de apoyo a la causa palestina. El análisis de la ADL situó esas intervenciones dentro del discurso antisionista de los comicios, junto a los casos documentados de incitación antisemita. La crítica política a Israel o el respaldo a un embargo de armas no constituyen, por sí solos, pruebas de antisemitismo.
Las cifras de participación citadas en el análisis alcanzaron aproximadamente el 78 % del electorado total y el 80 % entre los ciudadanos árabes de Israel. Mientras algunos medios se concentraron en esos resultados y en las negociaciones políticas posteriores, otras reacciones atribuyeron a los votantes responsabilidades colectivas o difundieron amenazas contra Israel.
Los ejemplos reunidos por la ADL muestran que los ataques procedieron de espacios ideológicos diferentes: cuentas vinculadas con Irán, publicaciones de medios árabes, figuras en Occidente y agrupaciones antisionistas de izquierda. El estudio distingue entre el debate sobre la política israelí y las expresiones que deshumanizan a sus ciudadanos o recurren a estereotipos antisemitas.










